Convergencia como respuesta a la inseguridad

En estos tiempos de amenazas globales la respuesta estratégica de la seguridad se llama convergencia.

Hoy en la seguridad todo tiende a converger, la tecnología, los métodos de respuesta y lo público con lo privado.

Es un gran rompecabezas, que luego de quince años desde los hechos de septiembre de 2001, comienza a tener piezas que encajan para formar una imagen muy clara del futuro y de lo que nos espera para los próximos años en la gestión de riesgos.

Una muestra representativa de convergencia es la sinergia de fuerzas civiles de orden público y organizaciones privadas de seguridad en la protección de infraestructuras críticas.

Cada vez más países de nuestra región incorporan a cuerpos privados de seguridad en la custodia de edificios públicos, infraestructura de servicios, aeropuertos y monumentos porque resulta más efectivo y económico, con el beneficio adicional que supone liberar a las fuerzas policiales de estas funciones y activarlas a la orden de la seguridad ciudadana.

En México, por ejemplo, la policía federal cuenta con una unidad especializada en seguridad bancaria que oferta sus servicios de custodia y auditoría de seguridad a las entidades financieras, compitiendo inclusive con empresas privadas, en un experimento exitoso de convergencia cruzada de lo público a lo privado.

Otro efecto convergente se está dando en los modelos de atención a emergencias.

En ellos, las plataformas y recursos públicos de las ciudades como bomberos, ambulancias y centros de atención médica se integran en una sola y poderosa red en casos de calamidades mayores como sismos, incendios de gran magnitud o accidentes de tránsito en vías principales.

En Venezuela, sin embargo, este fenómeno convergente ni siquiera se dibuja y, al contrario de la tendencia mundial, pareciera que no nos movemos bajo los ejes integradores que significan converger.

En nuestro país resulta cada vez más evidente el divorcio de lo público con lo privado. Ya no solo el gobierno estigmatiza a la iniciativa particular por razones ideológicas, llega al absurdo de negar la colaboración de otras naciones en aspectos como la delincuencia organizada y el tráfico de drogas, generando suspicacias creíbles en la participación de las fuerzas de defensa y orden público en tales actividades.

Actualmente, la convergencia de cuerpos de inteligencia entre países americanos y europeos (entre los cuales no se encuentra Venezuela), ha facilitado la desarticulación de grupos criminales dedicados a la droga, prostitución, pedofilia y tráfico de armas.

Para nadie es un secreto que la seguridad es costosa y demanda recursos e inversión si pretende estar a la altura de las amenazas que les enfrentar.

¿Cómo podemos esperar que se patrullen las calles de nuestras ciudades, cuando no se tiene presupuesto ni para comprar los cauchos o batería de una motocicleta?

La seguridad ciudadana demanda una estrategia colaborativa que aúne esfuerzos e integre a los que más saben y a los que más tienen para darle solución al más importante problema que tiene el país que es el estado general de violencia en el que estamos hundido. Pretender que la seguridad es sólo un asunto policial aislado de los ciudadanos, sus organizaciones y desconectado del mundo que nos rodea, es seguir viendo el futuro por el espejo retrovisor de la historia.

La convergencia publico privada ha demostrado con contundencia en la última década que es posible contener a las amenazas y establecer límites a quienes optan por el delito.

Así como la delincuencia organizada y el terrorismo traspasaron las fronteras nacionales y actúan en alianzas para lograr sus objetivos, la seguridad ha desarrollado esta estrategia global de convergencia para dar respuesta a nuevas y complejas realidades. No entenderlo así, es seguir negándole al ciudadano de nuestra tierra la tranquilidad y la paz que se merece.

@seguritips