Abusos en las líneas de emergencia (20 al 26 de agosto de 2007)

Freno a los abusadores del 123
Lorna Jeanne Dudash, una mujer de 45 años que vive en un suburbio de Portland (Oregon), fue noticia hace pocos meses por abusar del 911, teléfono de emergencia en Estados Unidos: su deseo de comunicarse con un policía con fines personales y sin emergencia de por medio, a través de esa línea, la llevó a enfrentar la no despreciable sanción de 3.700 dólares de multa y un año de cárcel.
El hecho viene al caso a propósito de la alarmante situación que se está presentando en Bogotá con el recién inaugurado 123 o Número Único de Seguridad y Emergencias, congestionado con llamadas de gente que solo busca hacer bromas o lanzar insultos.
Las estadísticas recogidas por la Alcaldía Distrital desde el 17 de junio, cuando empezó a operar el 123, son impresionantes: de un promedio de 105 mil llamadas diarias, 99 mil, o sea 94 por ciento, son para hacer chistes o decir groserías. Esto ha llevado a las autoridades distritales a impulsar un proyecto de ley que contemplará severas sanciones contra los abusadores y a emprender una campaña pedagógica sobre el uso correcto de la línea.
Medidas ambas necesarias, pues se puede echar a perder el gran esfuerzo que ha hecho la ciudad para dotarse de un eficiente sistema de seguridad y emergencias. Pero como la aprobación de la ley tomará tiempo, la prioridad inmediata es despertar conciencia entre los habitantes de Bogotá sobre la necesidad de no abusar del sistema y utilizarlo como es debido: solo para informar sobre hechos de inseguridad, violencia, incendios, accidentes y otras emergencias, que pongan en peligro la seguridad ciudadana. Cada bromista irresponsable que llama al 123 debe saber que está evitando que alguien en problemas pueda pedir ayuda.
Por algo existen las líneas de emergencia en todas partes, y en muchos países -como lo ilustra el caso mencionado arriba- su uso indebido acarrea castigos muy severos. Es inadmisible que se abra camino la práctica antisocial de quienes vienen abusando, hasta ahora impunemente, de un sistema instaurado para el bienestar de todos.
Redactor de EL TIEMPO.

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