Al César lo que es del César

“ Vivimos tiempos de cambios extraordinarios que se han visto y se ven todos los días”.
Quizás esta frase haga recordar muchas cosas como discursos políticos, cosas que sucedieron en el trabajo y así de muchas maneras podríamos seguir enumerando lo que una frase representa para una persona.
Pero si esto lo lleva al plano directamente de la delincuencia verá de una manera alarmante que esta simple frase trae aparejado en un sinnumero de dificultades que tanto usted como yo debe sortear a diario. Y si entramos a hilar un poco más fino podemos decir que todo cambio genera de alguna manera conflictos, temores etc., ahora en el plano del delito, esto se convierte en un serio y grave problema para la mayoría de aquellos que vivimos en esta ciudad.
Así es ahora, cada día que pasa va cambiando y todos lo vemos, pero desgraciadamente son pocos los que lo aceptan, no sabemos o no queremos saber qué sigue después de un día agitado, nos encerramos en nuestro mundo de trabajo de problemas y nos olvidamos de la delincuencia, hasta que somos víctimas de algún delito.
Nuestros tiempos inician claramente el principio de una nueva época. De seguir con nuestra conducta puede ser el fin de todas; época en la cual quieren renacer a viva voz los gritos que piden seguridad, basta de corrupción, justicia y así podríamos seguir agregando más que gritos pedidos de auxilio, exigencias, etc. y a los cuales nuestros gobernantes pretende no escuchar, hacen oídos sordos. Esto es lo que queremos aquellos que tomamos a la seguridad como algo que llevamos dentro y que la sentimos como nuestra profesión; quitar la mordaza de la boca a la sociedad, y quitar la venda de los ojos al Gobierno.
Como hombre de seguridad veo que el delito, el crimen va en aumento, que muchas veces va delante de nuestras previsiones muchos pasos , y en lugar de apresurarnos a ganar, nos limitamos a observar cómo el esfuerzo aislado por un mundo mejor se queda en simple promesa. Y en discursos de campaña de políticos de turno como así de aquellos que ven a la seguridad como negocio y no como una verdadera profesión.
Creo que la seguridad es algo que debe interesarle a toda persona que habita nuestra querida ciudad, porque de esta manera podemos llegar a protegernos un poco mas, independientemente de quién sea o en qué parte del mundo viva. Hay diferentes cuestiones que para muchos son prioritarias, por ejemplo, para un abogado, tal vez sea importante ganar un juicio; para un psicólogo será ayudar a sanar a un paciente en tratamiento de un estado crítico mental, para un médico salvar una vida…pero si alguno de ellos se ve afectado íntimamente por un delito dentro de las instancias que fueren, entonces sus prioridades se ven menoscabadas y pasan a segundo plano…desean aclarar quién o quiénes les han interrumpido ese curso que tenían en la vida, desean que se haga “justicia”, para poder seguir con sus actividades normales, y aún así, quedan secuelas, porque empiezan a vivir temerosos de que otro acto semejante vuelva a pasar, por lo menos durante un año aproximadamente.
Esto me hace llegar a otra conclusión: el hombre de seguridad tanto privada como pública deberá trabajar siempre para cuidar el bienestar y seguridad de todos sus pares (ciudadanos, padres, madres, hijos hermanos), ayudando a prevenir, disuadir y a resolver incógnitas que para algunas personas que no tienen las posibilidades hoy le sean difíciles, y en el momento que éste sea interrumpido por una actividad delictiva, será un reto mayor a seguir, porque deseará encontrar quién fue, como, dónde, porqué. Y la misma situación le ayudará a avanzar en la materia. A otro profesional a ese que yo menciono como aquel que lucra con la profesión, al corrupto, no le pasará igual. Este se sentará a esperar cuando volverán a herir la vida, la propiedad, la familia, de alguien como usted y yo que hoy vemos que los cambios en la delincuencia se generaron hace mucho tiempo y nadie se atrevió a decirlo a gente como usted, como su vecino y hoy pagan la consecuencias. Por eso hoy mas que nunca el cambio que se originó en el mundo llego a la delincuencia, la cual hoy opera si aquellos viejos códigos que antes tenía.
Usted se preguntará que códigos puede tener un delincuente, lo invito a que se retrotraiga a algunas frases que hace mucho tiempo escuchábamos. ¿Se acuerda de: «La bolsa o la vida»? Pienso que sí, eso nos mostraba un código muy particular, quería decir que el delincuente respetaba antes que nada la vida, hoy por hoy en este tiempo la vida no se respeta. No se dice: «La bolsa o la vida». Hoy su vida, la mía no cuentan. Este es el cambio que decimos. Esta es la ruptura de códigos del delincuente. Antes un anciano era respetado, una mujer embarazada, un herido: Hoy no es así, la droga, el alcohol, la violencia, el cambio de códigos también llego al delito.
Créase o no el cambio llegó, muchos lo observamos, lo expresamos de mil maneras, lo dijimos, fueron muy pocos los que prestaron su tiempo, sus medios para hacerse eco de esto.
Ante esto solo me queda una reflexión: los que lo vimos, lo dijimos, no fuimos locos, aventureros o aprendices de futurólogos o pitonisos, somos hombres de seguridad que queremos nuestra profesión y por sobre todas las cosas seres humanos que al igual que todos sufrimos en carne propia esta avalancha de actos delictivos que muchos con el poder necesario para informar, corregir esta situación no supieron o no quisieron hacer o decir.
Aquel que le quepa el zapato que se lo calce.

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