Alcabalas (7 al 14 de abril 2006)

“Alcabala” es una palabra de origen árabe. Según la Real Academia de la Lengua, su acepción inicial se refería a un impuesto que debía ser cancelado durante la época colonial en toda operación de compra, venta o permuta. La cantidad a pagar variaba según fuesen las necesidades del momento en cada uno de los reinos.
La alcabala también se aplicaba para todos aquellos géneros que los forasteros querían introducir o importar en alguna comarca. Si el dueño de estos bienes no hacía el pago, entonces no podía pasar el punto de control que generalmente era colocado en las cercanías de los puertos.
Por alguna circunstancia, en Latinoamérica el término pasó a denominar también al punto de control como tal. Con frecuencia escuchamos a alguien decir que los policías “instalaron una alcabala” en tal o cual vía. Entonces, nos figuramos que en ese lugar estarán las patrullas, los conos fosforescentes y los uniformados, verificando el paso de los transeúntes o conductores.
Las alcabalas son conocidas en inglés como “roadblocks” o “checkpoints”. En Estados Unidos, sirven mayoritariamente como mecanismo de control para quienes manejan en estado de ebriedad. Debido a ello, son colocadas en los lugares y en las horas en las que se supone transitan individuos bajo la influencia de bebidas alcohólicas. Y lo que es más sorprendente: son procedimientos anunciados a la ciudadanía. Esto con la finalidad de prevenir conductas peligrosas. Igualmente, son instaladas cuando se supone que un delincuente intenta trasponer los límites de un estado.
En Latinoamérica la práctica de las alcabalas fue instituida por policías de inspiración militar, que seguían el modelo de la Benemérita española o de los carabineros italianos. Tales organizaciones tuvieron o tienen también atribuciones de resguardo aduanero o fronterizo. En tales ambientes, los puntos de control son cosa cotidiana.
Una alcabala simboliza el control del territorio. Los funcionarios se colocan en el lugar y revisan a cuanta persona pasa por allí. En torno a ella se genera a menudo un embotellamiento que molesta a los transeúntes. Por eso es que estos procedimientos policiales o militares deben ser dosificados y deben tener un propósito muy bien definido, pues al ser practicados de manera indiscriminada terminan por exasperar a la población y colocarla en contra de la autoridad.
Al tener clara la finalidad de la alcabala se plantean también en forma lógica algunos aspectos procedimentales. Si, como en Estados Unidos, la idea es aminorar la presencia en las calles de conductores ebrios, la publicidad de la alcabala es muy importante. Su presencia se anuncia con horas o días de antelación, y en el momento de su ejecución se colocan luces y conos luminosos que pueden ser vistos a distancia. Pero a veces el propósito es pescar a un delincuente en una zona determinada. Entonces, la rapidez en la actuación de los funcionarios es muy importante. En este caso, no hay anuncio previo.
Lo que no puede hacer un funcionario de alcabala es ocultar o disimular lo que hace y el organismo al cual pertenece. La ciudadanía tiene en todo caso el derecho de saber quién está asomándose por la ventana de su automóvil o registrándolo. Aún así, la constitucionalidad de estos procedimientos es discutible, pues el automóvil es una propiedad privada, y para hacer un cateo en su interior debería necesitarse una orden tribunalicia emitida con antelación.
No obstante, es cuestionable la efectividad de las alcabalas, fijas o móviles. Su ejecución implica una utilización exhaustiva del personal policial o militar. Saquemos cuentas: si los agentes trabajan en turnos de 12 horas contínuas, con 24 horas de descanso, será necesario multiplicar por tres el tamaño del contingente. Una alcabala por regla general tiene 4 uniformados. Por lo tanto, para que tenga alguna permanencia será necesario disponer de 12.
¿Vale la pena utilizar así todo este recurso humano? Como se dijo más arriba, eso depende del propósito trazado por los jefes policiales. A veces, la idea es simplemente hacer un acto de presencia, para que la gente crea que cuenta con vigilancia de los organismos de seguridad. Pero si los funcionarios apostados en una alcabala no cuentan con medios de movilización ni tecnologías de comunicación, su efectividad disminuirá considerablemente. Hoy en día, la alcabala no debe ser concebida como un punto solitario en el camino, sino como parte de un sistema en el cual (como lo sugiere la idea) participan otras alcabalas o mecanismos de control. De esta forma, lo que a una se le escapa, la otra lo detecta.

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