Barbas en remojo (10 al 17 de enero 2003)

 

Losataques del 11 de septiembre del 2001 trajeron profundos cuestionamientos hacialas agencias de seguridad estadounidenses. El Buró Federal de Investigacionesno logró detectar a tiempo una operación de amplio alcance, que involucraba ala misma organización que años antes había atacado las embajadas de Washingtonen Kenia y Tanzania, y que casi destruye un barco de guerra de su país.  La Agencia Central de Inteligencia tampocoadvirtió lo que venía con suficiente antelación, y no cruzó los informesdisponibles con otros organismos de seguridad. El Servicio de Inmigración nisiquiera paralizó la gestión del visado de Mohammed Atta, uno de los líderes delas células que secuestraron los aviones, aún cuando ya todo el mundo estabaenterado de quiénes habían participado en esos actos terroristas.

 

Elservicio de aduanas no quiere que lo metan en el mismo saco de laincompetencia.  Una cosa es que lospuertos estadounidenses sean puerta franca para la salida de vehículos robadosen tierra firme y para la entrada de drogas, y otra es que los usen paraintroducir en pequeñas porciones los componentes de un arma de destrucciónmasiva, que luego sirva para devastar alguna gran ciudad de la primera potenciadel mundo.

 

Porqueese es el temor.  Tal parece que enEstados Unidos han llegado al convencimiento de que una bomba atómica, aunquesea de las llamadas “tácticas”, no podría ser confeccionada con elementos yaexistentes en ese país, sino que de alguna forma debería ser importada.

 

A partirdel mes de febrero, el Servicio de Aduanas de Estados Unidos comenzará aaplicar una norma que obligará a todos los comerciantes internacionales adeclarar ante esa autoridad cuáles son los bienes que llevan a los puertos yaeropuertos estadounidenses al menos 24 horas antes de que lleguen a tierrafirme.

 

Ladirectiva fue puesta en vigencia desde el 2 de diciembre pasado, pero laAdministración Bush dio 60 días de gracia a los importadores para que pusieranal día sus sistemas.  Pero desde el mesentrante será de obligatorio cumplimiento, pues según el comisionado de Aduanasestadounidense Robert Bonner “hay la urgencia de que esto ocurra sinposteriores retrasos significativos”.

 

Simultáneamentela policía aduanera estadounidense adelanta la llamada Alianza de Comerciantesy Aduanas contra el Terrorismo, un programa de adscripción voluntaria que segúnla publicación especializada World Trade exige que sus participantesexhiban a las autoridades cuáles son las medidas de seguridad que posee tantoél como sus asociados, “desarrollen un plan de seguridad si es necesario,fortalezcan su seguridad donde aparezcan debilidades (…) y vigilen y mejorenla seguridad de sus cadenas de distribución”. Este plan, al que ya se han incorporado medio millar de firmas, comportacostos pero también el beneficio de un trato preferencial por parte delServicio de Aduanas, que se traduce en la asignación de un oficial de enlacecon las autoridades.  La publicación señalaademás que con el pasar del tiempo las empresas que se mantengan al margen deesta coalición podrían ser excluidas de los negocios.

 

Losfabricantes de aplicaciones para la revisión no intrusiva de mercancías hanadaptado sus ofrecimientos a esa nueva era. Si antes las tecnologías de rayos x y gamma estaban diseñadas para ladetección de contrabandos de sustancias prohibidas, ahora según el vocero deRapiscan Sanjai Sabnani “existen para inspeccionar, rápido y sin intrusionescamiones y contenedores de mar para examinar los contenidos de explosivos oarmas de destrucción masiva basadas en materiales radioactivos”.

 

Ya estosdesarrollos tecnológicos existían.  Yael Servicio de Aduanas trabajaba en una coalición para contrarrestar elcontrabando, llamada BASC (Business Anti Smuggling Coalition), y sin embargo lafracción de la droga decomisada cuando entraba a territorio estadounidense nosobrepasaba el 15%.  ¿Qué nos hacepensar que en medio de este frenesí antiterrorista sí tendrán éxito?  Lo importante, para los efectos prácticos,es que más allá de su efectividad real esta norma y las que seguramente pondránen práctica durante los próximos meses producirán un efecto dominó en Europa ylas demás regiones del planeta que mantienen relaciones comerciales con EstadosUnidos, calculadas en unos 30 trillones de dólares anuales.  Es tiempo de tomar previsiones.

 

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