Coca versus cocaína en Bolivia

Para abordar un tema como este tenemos que remontarnos a la época de la colonia que es cuando tenemos las primeras noticias de la existencia de la coca, aquella hoja milagrosa a la que los Quechuas y Aimaras veneran y utilizan tanto en sus ritos religiosos como en el trabajo cotidiano, esa hoja estuvo presente en la historia de los pueblos andinos acompañando a las gentes que habitaban esos territorios.
Con el correr del tiempo se desvirtúa el uso de la hoja de coca. En la época de los años 50, en Bolivia recién se conoce el proceso de transformación del alcaloide de la hoja en lo que conocemos hoy como cocaína y empieza su elaboración en escala para comercializarla como estupefaciente.
En Bolivia los perímetros de los cultivos de coca no son custodiados por el narcotráfico, sino más bien por movimientos subversivos ligados a los dirigentes cocaleros que hacen una labor solapada de protección al narcotráfico a título de reinvidicaciones productivas y de orden ideológico.
El narcotráfico en Bolivia está radicado en el área rural, aledaño a las tierras cultivadas con coca, dedicado a la elaboración de la pasta base para su exportación a Colombia en donde se la refina y se la comercializa. En ese país ha generado Carteles con la secuela de calamidades como son los sicariatos; violencia que en Bolivia no existe.
Esto hace suponer que hay una relación intrínseca entre subversión, movimientos sindicales cocaleros y narcotráfico. Entre estos movimientos subversivos se encuentran el Grupo Obrero Socialista y el Grupo Tupaj Katari, de corriente indigenista. Estos grupos irregulares bolivianos realizar gran parte de sus operaciones en áreas aledañas a las cultivadas con hoja de coca y su panfletería es relativa a la salvaguarda de la “hoja milenaria” y de la producción de la misma.
Por otro lado, y paralelo a este proceso ilegal, nace una vertiente diferente la cual es comúnmente usada y expendida de manera libre y legal a extremo de manufacturarse y exportarse a muchos países del mundo, citando como ejemplo la pasta de dientes, chicles, vinos, jugos dietéticos, té de distintos sabores y combinaciones con otros ingredientes naturales, de los cuales Bolivia es un excelente exportador, donde un interesante porcentaje de ingreso de divisas es a través de esta vía. Es de hacer notar que estos productos en ningún caso son alucinógenos o similares, ya que sus compuestos son naturales y su elaboración es supervisada por personal calificado. Todos estos procesos, tanto el de la elaboración de derivados naturales como el de la comercialización de la hoja (centros de acopio, mercados legales, etc.), están reglamentados por leyes bolivianas.
Pareciera pues que las interpretaciones a nivel mundial han querido ser deformadas queriendo mostrar que todos los derivados de la hoja son o deben ser nocivos para la salud el hombre. A modo de acápite se hace notar que no existe un turista o miembros de las comunidades de la lucha contra el narcotráfico a nivel mundial que haya llegado a Bolivia y no sea invitado a saborear un té de coca, u otro derivado de la hoja de coca, no como alucinógeno, sino como un regulador del metabolismo frente a la altura que existe en la ciudad de La Paz. El uso del té es parte de la cultura boliviana, del mismo modo que aquí en Venezuela se utilizaría un café guayoyo.
Desde este punto de vista, pareciera entendible que muchas organizaciones bolivianas hayan planteado la legalización de la hoja de coca para derivarla a la industrialización. De ese modo lograrían una efectiva lucha en contra del narcotráfico debido a que los campesinos cultivadores se verían más atraídos en la venta, hacia los mercados legales que al narcotráfico.
Bolivia va experimentando un repunte en su economía convirtiéndose esto en un modelo para Sudamérica, ha conseguido salida al mar a través de Perú por el puerto de Ilo con la cual sus exportaciones se verán ampliamente beneficiadas, entonces, en esta época en que Latinoamérica camina rumbo hacia la globalización de sus economías e internacionalización de sus nacionalidades, es difícil querer ver con una visión de túnel el problema de la hoja de coca y no poderla separar del problema de la cocaína, porque de ese modo se está afectando la economía nacional de ese país. Una cosa es combatir la elaboración y uso de la cocaína y otra cosa es querer combatir el cultivo de la hoja de coca.
Bolivia puso su parte al reducir la cantidad de hectáreas cultivables para producir coca de consumo interno e industrial, el resto del continente debería abrir sus fronteras a estos productos naturales derivados de la hoja, como una forma de solidaridad y de buena intención para ayudar a ese país hermano a consolidar su economía.
Publicado por primera vez en la revista El Mundo de la Seguridad. Edición marzo de 1992.

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