Delincuentes de alta mar (10 al 17 de febrero 2006)

Uno podría pensar que la piratería es cosa del pasado. Que al morir Morgan y Barbarroja se llevaron toda una larga tradición de delincuencia en alta mar. Pero nada está más lejos de la realidad.
Desde 1958, explicó el abogado Jorge Acuña en un ensayo sobre este particular (Fundación Venezuela Positiva, 2006), existe una definición internacionalmente aceptada sobre este delito. En aquella oportunidad fue recogida en el Convenio de las Naciones Unidas sobre Alta Mar. En 1982 fue ratificada a través de la Convenio de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, también conocido como Unclos.
Este acuerdo internacional, cuyo texto íntegro puede ser leído presionando el enlace correspondiente al final de este trabajo, señala tres supuestos por los que se puede calificar a un hecho de piratería:
1.-Un acto ilegal de violencia, detención o depredación cometido por individuos particulares (no funcionarios estatales), ya sean tripulación o pasajeros de una nave en alta mar, contra otra embarcación o aeronave.
2.-Cualquier acción voluntaria en un barco o aeronave piratas, con conocimiento de causa.
3.-La incitación o facilitación de los supuestos indicados en los dos párrafos anteriores.
Durante los últimos meses, los despachos internacionales han reportado actos de piratería en las costas de Somalia y en el océano Indico. Las principales víctimas han sido un crucero así como pesqueros tripulados por gallegos. La actividad de los piratas en esas aguas ha sido tan frenética que ha obligado a la actuación de buques militares estadounidenses y franceses. En el último caso relatado una patrullera gala, incorporada a la operación Libertad Duradera, frustró un intento de abordaje contra un carguero que se dirigía a Turquía.
Según Acuña, la piratería tiene por esencia un “beneficio personal”. De la definición quedan excluidos los actos motivados por fines políticos o religiosos. A simple vista, sin embargo, parece bastante difícil lograr una distinción sobre el móvil de los actos de piratería.
Según la Organización Marítima Internacional, durante 2005 hubo un leve descenso en los actos de piratería reportados en todo el mundo con respecto a los períodos precedentes. En 2003, por ejemplo, se tuvo conocimiento de 445 ataques con 92 marineros muertos o desaparecidos; en 2004 la cifra se elevó a 471 casos, mientras que el año pasado hubo 370. Las pérdidas correspondientes al año 2005, en cuanto a las naves y sus cargamentos, fueron calculadas por las aseguradoras en más de 16 millardos de dólares.
Las cifras resultan alarmantes, más aún si se toma en cuenta que muchos casos pudieron quedar en el plano de la “cifra negra”, ya sea porque se trate de embarcaciones menores o porque simplemente no convenía denunciarlo ante las autoridades (piratería contra otros piratas).
Un trabajo divulgado por la revista Marnews.com advierte que además de las costas africanas también hay riesgos para los navegantes del mar Arábigo, en aguas de Sri Lanka y en el Pacífico Ecuatorial hasta Panamá. Los blancos más frecuentes, indica el reporte, son los yates de turismo que van rumbo a Perú y Chile, especialmente en épocas de verano. En Venezuela, hace más de 10 años fue creada una organización no gubernamental de familiares de víctimas de la piratería en las costas del estado Falcón. Curiosamente, las rutas más peligrosas son frecuentadas por contrabandistas y transportistas de drogas.
¿Por qué las naves militares de Francia y EE.UU. han perseguido a supuestos piratas en casos en los que no peligra la vida de ningún ciudadano de tales países? Acuña nos da la respuesta: la piratería es un delito “de jurisdicción universal”. Perseguir a quienes incurran en ella es potestad de todas las naciones. En ello no interesa la bandera de la embarcación que tripulen los hampones.

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