Dinero falso (18 al 25 de febrero 2005)

La falsificación de papel-moneda es una actividad sutil y a la vez extremadamente grave, por las consecencias que puede tener para la economía en general. Tanto que en determinados momentos legislaciones como las de Estados Unidos y Venezuela han contemplado la pena de muerte para quienes incurran en este delito.
En Canadá, la Real Policía Montada lleva una estadística detallada sobre el comportamiento de este crimen. En 1999 fueron decomisadas por las distintas autoridades de ese país 94.529 unidades de papel moneda falso de variadas denominaciones, por un valor de 4,1 millones de dólares. En 2004 hallaron 443.228 unidades equivalentes a 12,6 millones de dólares. Esto podría constituir una demostración del incremento de la circulación de moneda falsificada, pero también una prueba de la mayor atención que los organismos policiales están poniendo en el tema.
Aunque no existe una cifra de alcance mundial relativa a la falsificación de papel-moneda, los entendidos han concordado en que el principal obtetivo de quienes se dedican a este delito es el dólar. Esto sucede por diversas razones. Una de las más importantes tiene que ver con la capacidad de la divisa estadounidense para servir como medio de pago no sólo en su territorio de origen sino en casi todo el mundo, aún por encima de las monedas locales. Otra razón es que los billetes en dólares se han mantenido con leves cambios desde su primera emisión, en 1861, debido al interés del Estado norteamericano en transmitir una sensación de estabilidad preservando el aspecto de su divisa. La importancia que EE.UU. le daba al control de las falsificaciones queda de manifiesto con la creación del Servicio Secreto en 1865. Aunque hoy sus agentes son generalmente asociados al trabajo de custodiar al Presidente de ese país, su primera misión en realidad fue “suprimir la falsificación”.
Con el paso de los años –y el aprendizaje derivado de la investigación a los falsificadores- el dólar y los demás billetes han sofisticado los métodos para su confección. Los bancos centrales se preocupan por difundir lo más posible las características que tiene cada edición de estos documentos, al parecer con la finalidad de disuadir a quienes hayan pensado en reproducirlos con fines criminales. Según el Banco de la República “la seguridad en un billete resulta de la combinación de tres factores: el papel, las tintas y los procesos de impresión, cada uno de los cuales aporta elementos que junto con el diseño buscan proteger” la integridad del papel moneda.
De esta mezcla de elementos surgen tres niveles de seguridad. El más difundido se refiere a las propiedades que pueden ser reconocidas por el público aguzando un poco los sentidos y teniendo la información adecuada. Por ejemplo, la sensación táctil del papel, su capacidad para estirarse de forma espontánea cuando es arrugado con la mano, la visualización de marcas de agua, hilos de seguridad y marcas coincidentes o “fantasmas”.
El nivel intermedio viene dado por aquellas propiedades del papel-moneda que sólo son detectables mediante los artefactos de uso corriente en las agencias bancarias (lupa, luz ultravioleta, marcadores fluorescentes, etc.). El tercer nivel de seguridad viene dado por las propiedades detectables por los bancos centrales y órganos de investigación policial (hilos magnéticos y fosforescencias de tintas, por ejemplo). Una de las más importantes características viene dada por el llamado “intaglio”, es decir, pequeños bajorrelieves que son impresos en diversas partes del billete a través de planchas de acero en posesión de los bancos centrales o casas de moneda. El papel del billete es sometido a presiones tales que la tinta se incrusta en él, dando una sensación al tacto y un acabado que según los entendidos “otras técnicas de impresión no pueden duplicar”.
No existe, por lo tanto, una descripción uniforme de los billetes. Estos varían en su aspecto y niveles de seguridad de país a país, así como también con cada nueva emisión. De hecho, en las investigaciones policiales siempre es necesario realizar una comparación con un billete reconocido como auténtico. Cuando sospeche que cayó en sus manos un papel-moneda de mentiras, no lo acepte sin antes cerciorarse de su autenticidad con la ayuda de un banco.
Nota del editor: este artículo corresponde a la semana comprendida entre los viernes 18 y 25 de febrero. La semana anterior no fue posible incluir nuestro acostumbrado tema debido a severos contratiempos sufridos en la empresa servidora de Internet a raíz de un ataque informático. Parte de la data recabada en este portal para el momento aún no ha sido recuperada. Pedimos excusas a nuestros lectores.

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