El uso del polígrafo en el preempleo

La mayoría de las veces empleamos a personas sobre las cuales contamos con escasa información. Generalmente, nos basamos en una planilla llenada por el propio solicitante, cuyos datos mayormente verificamos por vía telefónica y, además, solemos dar por cierta la documentación aportada por él. Una verificación más profunda suele ser muy laboriosa, costosa y, a veces, imposible. A esto habría que añadir la información deliberadamente omitida o falseada por el aspirante. En conclusión, nos es muy difícil lograr una evaluación global y confiable de nuestro potencial empleado.

Al contratar a una persona, nos gustaría saber si ésta participa en algún grupo delictivo, consume o trafica con estupefacientes, ha cometido algún delito, conocido o no por las autoridades, ha sido despedida por causa deshonesta, y peor aún, solicita el empleo para perjudicar a su fututo empleador en su vida, libertad o patrimonio. Cualquiera de estas circunstancias descartaría al solicitante. La aprobación del candidato dependerá igualmente de la veracidad de sus datos personales, historial educativo, laboral y médico, deudas, consumo de bebidas alcohólicas y hábitos en juegos de envite y asar.

Estas informaciones, muy difíciles de averiguar por otros medios, se pueden obtener a través de la aplicación de un examen de polígrafo, precedido por una entrevista minuciosa de preempleo. Un examen suele contener preguntas tales como: ¿Tiene Vd. algún propósito oculto y perjudicial para solicitar este empleo?, ¿Ha cometido Vd. algún delito que no se haya detectado” o ¿Tiene Vd. participación activa en algún grupo delictivo? Para citar un caso, recientemente, un alto ejecutivo estuvo a punto de contratar los servicios de un conductor, quien se encontraba en connivencia con el medio delictivo. Al aspirante se le formuló la pregunta precedente, durante un examen y su respuesta negativa generó una reacción fisiológica que indicó claramente la presencia de una mentira. Gracias al examen se pudo evitar que el posible contratante asumiera un riesgo incalculable.

La principal ventaja del polígrafo consiste en que se requiere de una sola fuente de información, por cuanto tan sólo el aspirante posee conocimiento pleno sobre su pasado e intenciones futuras. De esta manera, se puede obtener información acerca de hechos sólo conocidos por el examinando y no disponibles para el contratando o cualquier institución oficial. Ahora bien, al recurrir el empleador tanto a los mecanismos tradicionales de investigación como al polígrafo, habrá agotado todos los medios disponibles para conocer el pasado y las intenciones de su candidato.

El campo de aplicación del polígrafo, si bien ilimitado, se ha vuelto necesario y hasta insustituible en los ramos de vigilancia y seguridad privada, transporte de valores y documentos, manejo de casilleros postales, personal bancario y asesores financieros, empleados de seguridad aeroportuaria, líneas aéreas y personal de confianza, en general.

Las empresas transportadoras de valores buscan evitar, en lo posible, la complicidad interna en la planificación y ejecución de asaltos a sus vehículos, hurtos del dinero almacenado o transportado y la fuga de información confidencial sobre sus operaciones. En el caso del manejo de documentos y casilleros, interesa impedir la sustracción de tarjetas de crédito, medios de pago y de títulos valores, amén de otros efectos de valor, mientras que en el ámbito bancario y financiero se trata de evitar hurtos, robos y la legitimación de capitales mediante complicidad interna.

En el campo del transporte aéreo, los delitos más frecuentes se relacionan con en el tráfico de drogas y de personas. El examen de polígrafo logra impedir el ingreso de aspirantes propensos a esta actividad, por cuanto permite determinar la intencionalidad de un sujeto.

El polígrafo, adecuadamente empleado, ha demostrado ser una herramienta eficaz, celera, e insustituible en la prevención y control de riesgos.

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