Fuerza de tarea hospitalaria (9 al 16 de julio 2004)

En la ciudad de Los Angeles, las epidemias de gripe llenan los hospitales de tal forma que los pacientes no reciben la atención requerida. Estos episodios, indica el informe elaborado en diciembre de 2002 por un comité de ese condado, “han extenuado a un personal limitado, los equipos y los recursos y han generado una amplia escasez de servicios críticos de medicina”.
Si esto sucede así tan sólo por el ataque de un virus gripal, ¿qué sucederá en los hospitales si la población es atacada con bombas o con armas de destrucción masiva de origen químico o biológico? ¿Podrán los centros de salud financiados por el Estado atender por sí solos toda la demanda de servicios que se plantea en esos momentos críticos?
Luego de una evaluación de esta situación, el condado de esa región al oeste de Estados Unidos decidió crear una “fuerza de tarea” que involucra también a los hospitales privados, con la finalidad de coordinar la prestación de servicios en las fases más agudas de una emergencia.
La posibilidad de un nuevo ataque terrorista al estilo del 11 de septiembre de 2001 ha obligado a esas regiones a establecer una coordinación entre los sectores público y privado, en el entendido de que muchas personas mueren porque no reciben la atención adecuada en el momento necesario. Esta es una noción que debería ser asimilada en otras partes del mundo, donde la amenaza de una arremetida por grupos extremistas quizá no tenga las magnitudes que tiene en EE.UU., pero donde los riesgos de terremotos o inundaciones se concretan a menudo y generan grandes tragedias.
Los hospitales privados son, de hecho, complejas empresas de servicio. En ellos convergen gran cantidad de actividades, desde la investigación científica y la generación de tecnologías hasta el desarrollo de centros culturales ligados a las familias de los médicos. La vida de estos centros depende de la producción de ganancias. Sin embargo, en una emergencia como la planteada en Nueva York en 2001 o en Madrid en marzo de 2004 los centros de salud privados no se pueden quedar al margen. De allí que la incorporación de sus representantes en estas fuerzas de tarea permita establecer pautas de acción ante estas situaciones, que nadie desea pero que de hecho se presentan.
En el caso de un ataque con armas químicas o biológicas, la demanda de servicios hospitalarios sería realmente apabullante. De hecho, se necesitaría disponer de la mayor cantidad de personal profesional y voluntario en los propios lugares donde se registra la crisis, pues es allí donde se hace la atención primaria de los casos más urgentes y su posterior remisión a los lugares especializados. Pero ante un ataque de tal naturaleza es posible que estas acciones ni siquiera sean de utilidad, debido al efecto expansivo que tienen algunos de los agentes utilizados en ese tipo de armas, especialmente las de tipo biológico.

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