Grecia olímpica, Grecia segura

Ahora, cuando quedan menos de diez semanas para el gran acontecimiento del deporte mundial que comenzará, según las autoridades griegas, con el debido orden y seguridad, voces claman en todos los sentidos por los retrasos. Desde los taxistas –en la base de cualquier consulta- que no apuestan un euro por que se termine a tiempo, hasta los múltiples especialistas que se manifiestan con furia por los contratiempos que imponen las prisas de lo demorado durante años, pasando por los políticos de turno y los nuevos funcionarios que echan la culpa por tanto tiempo perdido y por los mayores costes a los anteriores, para terminar en el ciudadano que opina que la situación favorece a los amigos del poder de turno que han aparecido en el frenesí desesperado de última hora. Pero el primer ministro, Costas Karamanlis, está convencido de que las cosas irán bien y ha dicho que el noventa por ciento de los compromisos asumidos por Grecia se han realizado y que el resto quedará cumplido antes de fines de junio. Y recientemente ha declarado: «Nos estamos preparando bien para brindar seguridad en los Juegos Olímpicos con el fin de evitar y prevenir cualquier potencial amenaza». Pero, sin duda, pesimistas y optimistas se unen en la certeza de que los Juegos Olímpicos constituyen para Grecia una oportunidad única a fin de exhibirse ante el mundo no sólo como cuna de la civilización occidental, sino también como país moderno, hacia una prosperidad potente, que ha sabido sacar provecho de los años que lleva integrado en la Unión Europea. Las instituciones públicas y políticas del país son estables; la economía crece a un ritmo sostenido del 4 por ciento anual y la seguridad de los habitantes constituye un modelo aceptable. Una Grecia donde visitar maravillosas playas como Corfú, o las del mar que tuvo por bautismo el acto trágico de Egeo; o Santorini, con su esplendorosa villa de Oia, o la virtuosa Patmos, con cuevas como la ermita en la que Juan el Evangelista se sintió iluminado por la fe; o Lindos, una joya de Rodas, por donde pasó San Pablo; lugares todos ellos excelentes como la isla de Mikonos, la pecadora, en la cima de las bellezas marítimas, a juicio de quien esto escribe, con bares para juerguistas de noche entera y playas ordenadas según categorías de sexualidad. Un país meridional, con alegría en el aire y en las comidas, un país con una predisposición a la desnudez en la primera época de los juegos olímpicos. Unos juegos que, como se sabe, comenzaron como parte de festividades paganas en 776 a.C. y se prolongaron hasta el siglo IV de nuestra era, en que la autoridad cristiana dispuso la suspensión. Entonces los atletas competían desnudos en carreras pedestres y a caballo, en lanzamiento de jabalina y disco, lucha y algún otro deporte más sin participación femenina en el espectáculo. Los planes para la celebración de los juegos modernos comenzaron en 1894 con la fundación del Comité Olímpico Internacional (COI) que recibió ayudas de organizaciones deportivas y de individuos de varios países, inicialmente sobre todo de los países europeos. El Comité redactó los principios competitivos y eligió Atenas (Grecia) como sede de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Los primeros juegos modernos, celebrados en abril de 1896, atrajeron atletas de 13 países y sólo hubo 42 pruebas y 9 deportes, en una nueva versión dentro de un estadio de mármol para 60.000 espectadores de un esplendor llamativo para cualquier ciudadano del mundo. LADILLO: SEGURIDAD PARA TODOS El lema es prevención, sí; terror, no. Grecia está empeñada en que esta convocatoria sea una gran fiesta pero, dispuesta a abatir, después del primer aviso, a cualquier avión que surque el cielo sin advertencia previa. Las medidas de seguridad serán excepcionales, como corresponde a estos tiempos de terror internacional. Se extenderá por tierra hasta 200 kilómetros de Atenas y sobre las aguas del puerto de El Pireo, donde anclarán durante los juegos yates de todo el mundo y algunos grandes buques, como el colosal Queen Mary II. Se habla de hasta 75.000 efectivos de seguridad, con la participación de unidades aéreas de la OTAN y de la Agencia Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas (IAEA). Junto con expertos norteamericanos, esta agencia se ocupará de detectar «bombas sucias», explosivos capaces de dispersar material radiactivo o contaminante. Igualmente, para la seguridad se cuenta con la cooperación internacional de siete países, destacando EEUU, Israel y España. Grecia está invirtiendo alrededor de 1.000 millones de euros (1.200 millones de dólares) para la seguridad, una cifra tres veces superior a la de los Juegos de Sydney del 2000. Por otro lado, el gobierno de Grecia ha confirmado que los atletas británicos, estadounidenses e israelíes que participarán en las Olimpíadas tendrán guardias especiales las 24 horas para protegerlos de posibles ataques terroristas. También ha informado que los deportistas de los países que hayan enviado tropas a Irak podrían recibir una protección similar. Un portavoz del Ministerio de Orden Público griego señaló que la vigilancia de los atletas se extenderá más allá de los límites de las villas deportivas e incluirá sus actividades recreativas, y serán seguidos mientras hacen compras o visitan lugares turísticos y los autobuses en que serán trasladados irán rodeados de vehículos blindados y helicópteros policiales. Los encargados de la seguridad durante los Juegos Olímpicos han dividido a las naciones participantes en tres niveles de riesgo y los países especialmente vulnerables serán vigilados día y noche por personal armado. En este sentido, después de que hasta la fecha se han efectuado ocho simulacros de seguridad las autoridades griegas se han expresado satisfechas con los resultados de los cuatro días últimos de maniobras que pusieron a prueba el dispositivo de seguridad para los Juegos Olímpicos de Atenas. Unas maniobras, denominadas «Guardián Olímpico II», en las que participaron más de 300 agentes de diversos estamentos de seguridad. Con posterioridad, el ministro del Interior, Giorgos Voulgarakis, declaró: «Creo que para el comienzo de los juegos estaremos completamente listos para ofrecer una seguridad total». El próximo mes se realizará un ejercicio a gran escala y en el que intervendrán militares, policías y la guardia costera. En cualquier caso, el Comité Olímpico Internacional ha firmado una póliza de seguros de 170 millones de dólares para el caso que se produzca un ataque o un terremoto durante los juegos. Se dice que no hay ningún otro país, ninguna otra organización en el mundo que esté haciendo tantos esfuerzos para garantizar la seguridad y la protección de la gente que acudirá a Grecia durante los Juegos pero, lo cierto es que las estimaciones de la prensa ateniense indican que apenas hay a estas alturas reservas hoteleras por el 55 por ciento de la capacidad existente, comparadas con el 70 u 80 por ciento que había para esta época en Sydney en los Juegos Olímpicos de 2000. No obstante, nada como el deporte moviliza tantas voluntades y sentimientos en el mundo; nada como el deporte abre puertas a la imaginación y acorta distancias de otra manera insalvables y todos contamos con que la seguridad de los atletas y de los visitantes será siempre la prioridad.

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