Hablando de delitos mayores





HABLANDO DE LOS DELITOS MAYORES


HABLANDO DE LOS DELITOS MAYORES.

LAS AMENAZAS.

Hablar de Seguridad en general, es aceptar desde el primer momento la existencia de amenazas. De lo contrario la seguridad sería innecesaria. Y todo aquel que se ocupa de seguridad, debe conocer cuáles son las que se ciernen sobre la institución, la instalación o la persona a quien deba darle seguridad.

Al hablar de Seguridad Bancaria podemos hacer una larga lista de amenazas y luego clasificarlas en base a diversos criterios, como son: su probabilidad, su inminencia, su gravedad… etc. Y en materia de gravedad, analizar cuáles son dentro de todas las amenazas más graves, las que mayores daños nos pueden causar, tanto en el patrimonio mismo como en las posibilidades de recuperación.

Pero hay amenazas que teniendo poca incidencia relativa en el patrimonio, tienen un efecto muy dañino en la imagen de la institución. Este fenómeno es el que hace que generalmente el gobierno le atribuya mayor importancia, por ejemplo a los robos o atracos, que a las estafas. Los primeros, como delitos de orden público, deterioran la imagen del gobierno, en tanto que los segundos – las estafas – normalmente delitos de orden privado, pocas veces causan la conmoción de un atraco, se manejan más confidencialmente y de ese modo, las medidas en su contra se desarrollan dentro de un ambiente tan discreto como sea posible. Aunque los daños contra el patrimonio sean muy elevados, la imagen realmente sólo sufre cuando por alguna razón se divulga su impacto.

Hay un delito relativamente nuevo que ha aparecido junto a estos dos grandes, y ya nuestra legislación nos ha provisto de armas para detectarlo y neutralizarlo. Se trata de la llamada «legitimación de capitales» o «lavado de dinero».

A diferencia de la estafa y del atraco, en este tipo de delito, los delincuentes no tratan de despojar al banco de suma alguna. Lo paradójico es que su delito puede tener la apariencia de un beneficio al colocar grandes sumas cuyo depósito, normalmente transitorio, sólo busca filtrar dinero procedente del delito a través de transacciones bancarias que le comuniquen un falso origen legítimo.

Las sumas que se mueven en este género de dolos, son inmensas y el interés de sus promotores es tal que no escatiman montos significativos para allanar, a base de sobornos, las resistencias que se les opongan.

Como la guerra contra este delito tiene alcance internacional, las autoridades de diversos países toman interés en el seguimiento de los delincuentes, y pese al atractivo que para incautos o cómplices tengan sus depósitos, tarde o temprano se descubre la trama y es allí donde el daño a la imagen aparece como más importante que el que producen la estafa y el atraco.

COMO NOS AFECTAN ESTOS DELITOS.

Ante estos tres delitos que yo llamaría grandes, conviene tener claro la forma como ellos afectan por un lado el patrimonio y por el otro la imagen. Aunque no podría garantizarse que siempre sea así, podríamos decir que la amenaza mayor para el patrimonio es la de la estafa, siguiéndola en orden de importancia el lavado de dinero y finalmente el robo o atraco.

En cambio, en materia de daño a la imagen, el primero sería el del lavado de dinero, seguido en importancia por el atraco y finalmente la estafa.

A QUIEN CORRESPONDE OCUPARSE DE ELLOS.

Otra de las consideraciones que convendría hacer sobre estos tres tipos de delito es la de quienes deben ocuparse de la detección, neutralización y manejo de cada uno de ellos.

En el caso de la estafa, la detección es algo muy de los bancos y son ellos los que deben instrumentar procedimientos que permitan darse cuenta de cualquier manejo raro y de que su personal le dé cumplimiento a todo lo previsto en los manuales. Ya que normalmente éstos han sido concebidos para evitarla, a base de controles, verificaciones y procesos todos ellos destinados a que, de dárseles cumplimiento, permitan detectar cualquier irregularidad y al mismo tiempo dificultar su desarrollo.

Es raro que una estafa pueda consumarse, si se le ha dado estricto cumplimiento a los procedimientos establecidos. De allí que en orden creciente de gravedad en la responsabilidad de una estafa, aparecerá el descuido, la negligencia y la complicidad. Por esa razón el estricto cumplimiento de los procedimientos y normas de una empresa, tarea específica de los supervisores, será la mejor defensa contra la estafa. Para un buen investigador, eso de descuidos o negligencias, tendrán siempre la probabilidad de ocurrir por complicidad. O sea, que el negligente y el descuidado, estarán muy propensos a ser, al menos, indiciados.

Cuando una estafa se detecta, hay dos esfuerzos inmediatos que se producen. El destinado a detenerla y el que tiene por finalidad la recuperación. De allí que la detección temprana, es de suma importancia para el éxito de estas tareas. Las mismas se deberán caracterizar por su velocidad de reacción, búsqueda de información, y medidas preventivas sobre el movimiento de las cuentas envueltas, y otra serie de mecanismos de gran variedad, que para cada caso específico resultan imprescindibles. Pero el proceso se debe cumplir dentro de la mayor confidencialidad posible.

Terminada la investigación, es probable que el caso sea denunciado ante la PTJ, o directamente ante un tribunal; lo que no se hace de inmediato, en vista de la posibilidad de frustrar el intento, y de lograrse la total recuperación. A esto conduce el detalle legal de que entre nosotros el intento de estafa no sea delito.

En el caso del atraco, lo ideal es la permanente y profesional colaboración entre la seguridad de los bancos y la policía. Las tareas preventivas son las concentradas por parte de los bancos en dar cumplimiento a todas las normas de seguridad establecidas. Para lo cual la policía colabora con inspecciones a las oficinas bancarias, antes de autorizar su apertura, y de cuyo resultado, en caso favorable, expide un certificado. Pero además ese documento requiere renovación periódica lo que genera la reinspección que los bancos coordinan con la PTJ cuando deba producirse, pero además la PTJ puede realizar inspecciones cada vez que lo desee.

Los bancos se auto-inspeccionan de forma rutinaria, pues la verificación de, si se está cumpliendo o no con todas las medidas de seguridad establecidas, no es cuestión de quedar bien en las inspecciones de otras autoridades, sino de garantizar ante el banco mismo, ante la PTJ y ante las empresas de seguro, que se está preparado para poner en marcha las medidas que en caso de atraco deben entrar en funcionamiento.

LA PLANIFICACION DEL DELITO.

Como en todo proceso delictivo, su planificación se realiza en forma secreta. Ninguno de los tres tipos de delito a los que nos estamos refiriendo se improvisa. Los delincuentes saben que al apenas tener sospechas de su aparición, aun en la fase de planeamiento, se toman medidas para detectar con mayor precisión sus propósitos, y una reacción acertada por parte de los bancos, les puede destruir toda su maniobra.

Las estafas requieren normalmente un largo lapso de preparación. Es usual que se busquen cómplices dentro de las instituciones financieras para obtener cierta información básica, y a veces documentos, que permitan identificar cuentas, saldos, firmas que se necesitarán, y con ellos confeccionar el material. Es frecuente que se intente retirar chequeras de esas cuentas con falsas cartas de autorización y usar la intervención telefónica para hacer confirmaciones sobre la autenticidad de los documentos que ellos han falsificado.

Los atracos, que como se ha dicho, tampoco se improvisan, requieren la selección de una oficina adecuada. La más vulnerable. En ella pueden cumplirse o no todos los requisitos establecidos por las normas, pero su ubicación, sus fáciles vías de escape, sus vecindades, las condiciones de tránsito.. etc.. le ofrecen a los delincuentes mayor éxito.

Seleccionada la oficina, se la vigila, para determinar la hora más adecuada, el momento más propicio. Si es posible se buscan cómplices internos que den información sobre la llegada de remesas, sobre todo aquello que resulte útil para facilitar la fechoría. Y finalmente seleccionan la fecha, la hora y el procedimiento, obteniendo siempre un grado variable de sorpresa, que les da ventajas sobre la seguridad del banco que debe esperar en forma activa, que de un momento a otro se inicie un atraco en cualquiera de sus – a veces muy numerosas – oficinas. Mientras los atracadores concentran su atención en la oficina seleccionada por ellos, y deciden el día, la hora y los detalles del procedimiento, Seguridad ignorando estos detalles se mantiene alerta en todas las oficinas, y todos los días.

LA DETECCION Y LA REACCION.

Las posibilidades de una detección temprana, son las de que, contactado un presunto cómplice, éste actúe lealmente y lo notifique, o que la policía a través de confidentes, logre darnos alguna alerta. Ha habido casos en los que se envuelve la complicidad del vigilante de la garita, para que pulse la alarma sólo después de que hayan huido los delincuentes. Esos son los casos en los que las filmadoras sólo registran evidencias de la llegada de la policía. Es por eso que al vigilante que pulsa tardíamente las alarmas se lo presume como cómplice.

Esa precisamente es la razón por la cual la garita es el único recinto que se protege anti-bala. Para que el vigilante actúe confiado en que no corre peligro al activar la alarmas, y tan importante paso dentro de nuestras reacciones defensivas, no debe sufrir retardo. Este es un punto tan vital en el desarrollo de nuestra defensas que omitirlo, es imperdonable.

Resulta, por lo tanto, necesario asegurarse de que el vigilante de la garita esté bien adiestrado, y conozca las consecuencias de su retardo en el cumplimiento de este detalle. Cualquier duda o inseguridad de la actitud que debe asumir, pone en peligro al sistema total, al demorar la partida de la señal a la policía y como consecuencia su oportuna presentación en el lugar de los hechos.

En los procesos de lavado de dinero, la persona más importante es el gerente de oficina, quien debiendo conocer sus clientes, está en condiciones de detectar en el ritmo de las operaciones y en sus montos, conductas irregulares que si no siempre significan manejos dolosos o complicidades, deben ser objeto de su especial atención.

 

El problema es delicado, pues un buen cliente realizando operaciones normales, pero fuera de su actividad usual, puede despertar temores de los cuáles éste jamás debe enterarse pero, como ya se comentó, las sumas de que disponen los lavadores de dinero, pueden entusiasmar a personas, hasta ese momento honestas. De allí que los bancos deben poseer un sistema de detección tal que ante cualquier transacción digna de sospechas, se proceda dentro de la mayor discreción a precisar su «origen y destino» y actuar de acuerdo a los resultados, para darle cumplimiento a lo prescrito en la ley.

Otro error factible por parte de un gerente, es el de entusiasmarse con depósitos apetecibles cuyos beneficios, por altos que sean, estarán siempre muy por debajo del daño que la institución sufrirá en su prestigio al aparecer envuelta en negociaciones de ese género.

La lucha contra este delito requiere prudencia, viveza, buenas fuentes de información, y rapidez en las decisiones, antes de embarcarse en negociaciones dudosas, o cuando éstas sean detectadas.

Aunque en los tres tipos de delito de que estamos tratando la actividad de las gerencias de oficina es importante, en este último resulta fundamental. Las deseables buenas relaciones con su clientela se convierten en terreno fecundo para caer en trampas que él, más que nadie, debe y puede detectar.

De acuerdo a la nueva Ley, al detectarse que un cliente nuestro está realizando transacciones sospechosas, debe procederse de inmediato a verificar si nuestros temores tienen un fundamento real, y de ser así, proceder como lo indica la Ley, sin que el cliente sepa que hay proceso de investigación alguno y sin prescindir del mismo como cliente.

Esto es importante, pues el hecho de dejarle saber al cliente que se lo investiga constituye una grave falta que puede calificarse de complicidad.

El banco usará otros medios de verificación y control, para el caso de que las informaciones recibidas de los gerentes de oficina, difieran de las que aquellos proporcionan.

 

RESUMIENDO.

Entre las amenazas que se ciernen contra los bancos, las más graves son la Estafa, el Robo (o atraco) y el Lavado de Dinero.

El daño a la imagen del banco lo acarrean en orden decreciente, el lavado de dinero, la estafa y el robo.

El daño al patrimonio lo causan normalmente, en orden decreciente, la Estafa, el robo y el lavado de dinero.

Aunque la sumatoria de los robos llega a cifras significativas, la Estafa normalmente lo supera.

El lavado de dinero, aparte de ser una gran amenaza contra la imagen, si el banco se ve envuelto en ese delito, los daños al patrimonio pueden ser igualmente significativos.

En todos los tres delitos a que nos referimos es presumible la participación de complicidad interna.

 

 

Las infidelidades en los casos de atraco o de estafa, son dañinas pues, ayudan a la delincuencia a hacer el daño que nos causan. Pero en el caso de lavado de dinero o «legitimación de capitales», como también se le llama, creo que el daño es o puede ser mucho mayor.

Si en el empeño de hacer creer que se trata de operaciones normales, nuestros gerentes se dejan engañar, o si caen en la tentación de sus atractivos sobornos, el daño puede revestir caracteres muy graves. Toda precaución está justificada.

 


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