Hawala (18 al 25 de agosto 2006)

Las averiguaciones sobre el secuestro y el posterior asesinato del periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl encontraron en España una importante evidencia: durante el allanamiento a un centro de comunicaciones ubicado en Barcelona, las autoridades encontraron recibos que comprobaban transferencias de dinero a Amjad Farooqi, aparentemente un paquistaní de 32 años de edad encargado por la jefatura de Operaciones de Al Qaeda de coordinar todas las acciones que desembocaron en la muerte del reportero.
El local donde se produjo el registro policial, revela un trabajo del periodista José María Irujo, era en realidad la fachada desde la cual operaba el “hawaladar” Mohammad Choudry. En otras palabras, era una oficina en la que se emitían órdenes de pago que se hacían efectivas en países asiáticos, según el esquema de transferencias informales conocido como “hawala”.
El comisario jubilado de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) de Venezuela, Ramón Rivero Blanco, explicó en un ensayo sobre el financiamiento del terrorismo que la “hawala” es un esquema “de remisión de dinero informal o alternativo basado en la confianza, en el cual no hay movimiento de moneda ni registro de las transacciones”.
Rivero ubica el origen de este sistema en India, donde lo denominan “hundi”, aunque otros autores como Patrick Jost (FinCen) indican que pudo surgir en China o países árabes. A pesar de esta historia incierta, la “hawala” se difundió en todos los territorios orientales como un método confiable para eludir las restricciones relativas al movimiento de moneda, e incrementar la seguridad de las operaciones comerciales, especialmente cuando se trata de transacciones a distancia.
En un trabajo divulgado por el Fondo Monetario Internacional, Mohammed el-Qorchi sintetizó esta situación, al señalar que los sistemas informales de transferencia de fondos “fueron creados debido a los peligros de viajar con oro y otras formas de pago en rutas infestadas de bandidos”.
Como el “hawala” no tiene tras de sí ninguna estructura bancaria, el factor confianza resulta vital. En términos sencillos, el interesado en hacer la transferencia desde un punto A hacia B se dirige al operador del sistema (“hawaladar”) y le solicita que libere los fondos en la moneda utilizada en la localidad de destino. El receptor de tales fondos deberá indicar al operador en el punto B algún código preestablecido. En todo el proceso, por lo tanto, es vital la honestidad de los individuos que participan, aún si los recursos transferidos son utilizados después para fines criminales.
El “hawala” es más expedito y económico que el sistema de transferencias bancarias. Tiene que ser así. Los operadores ofrecen un cargo que siempre es inferior al vigente en las entidades financieras, y sus transacciones se desarrollan a través del teléfono, el fax e incluso el correo electrónico. No están sujetos a los requisitos que debe seguir la banca para las transferencias internacionales, y que por regla general provocan una dilación en las transferencias de 48 horas a 72 horas.
El-Qorchi observó además que los “hawaladares” aplican un sistema diferencial de impuestos a los clientes. Si se trata de expatriados, las remisiones de efectivo pueden incluso ser gratuitas. Si se trata de personas que solamente desean eludir controles cambiarios, entonces el cargo es mayor.
Un atractivo de este sistema es el anonimato. Jost indicó que regularmente las operaciones de “hawala” no dejan los rastros de papel a los que sí están obligados los bancos. Los montos manejados por un operador pueden ser conservados en un cuaderno o en notas con códigos personales en la medida en que el negocio A maneje varios destinos, o tenga diversas razones comerciales, como sucedió con el centro de llamadas desde el que pagaron las acciones contra Daniel Pearl.
Como no hay registros, y el dinero de hecho no se mueve, las transacciones de “hawala” no generan obligaciones impositivas. Esto contribuye a reducir sus costos, y asegura que el remitente permanecerá bajo las sombras. En un esquema como este, por lo tanto, la norma de “conoce a tu cliente” no es aplicada en toda su dimensión, pues no permite ningún tipo de control externo a la organización.
Cifras de la Organización de Naciones Unidas indican que a través de la “hawala” se movilizan unos 200 millardos de dólares al año. Pero esta cifra no es comprobable, debido a las características particulares de este esquema informal para el movimiento de fondos, tan antiguo como oscuro y simple.
Indira Ghandi intentó en su momento eliminar la “hawala”. El presidente de Argelia, Abdelaziz Buteflika, advirtió que será imposible atacar el financiamiento del terrorismo yihadista sin poner en cintura a este sistema. Pero la “hawala” es útil, económica y anónima. Por lo tanto, tiene todos los ingredientes para garantizar su sobrevivencia.

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