Juicio histórico (29 de enero al 4 de febrero)

El juicio contra el cantante Michael Jackson tiene todos los ingredientes para convertirse en un nuevo “real show” de los tribunales estadounidenses, superior en exposición pública al proceso seguido hace varios años contra el jugador de fútbol americano y actor O.J. Simpson.
En el caso Simpson y en éste los protagonistas han sido personajes de gran prominencia. En cuanto a Jackson se ha puesto en duda la honorabilidad del llamado “Rey del pop”, un artista cuyo poder de convocatoria a los conciertos en todo el mundo no ha tenido parangón desde hace más de 15 años. Sus discos se cuentan entre los más vendidos de toda la historia. Thriller, por ejemplo, fue adquirido por más de 45 millones de personas.
Esto hace de Jackson un ídolo caído. La fiscalía del distrito de Santa María, estado de California, le imputa 9 delitos. Los más graves se refieren al abuso sexual de un menor de edad, aunque también están los de falso encarcelamiento, extorsión y suministro de bebidas alcohólicas al niño, quien actualmente tiene 15 años.
Debido al tipo de delito que se le atribuye al acusado, los testimonios de la víctima así como las pruebas forenses practicadas tanto al menor como a Jackson juegan un papel primordial. CNN, sin embargo, reveló la existencia de numerosos datos obtenidos a partir del análisis forense de las computadoras y otros equipos electrónicos incautados desde noviembre de 2003 en Neverland, el inmueble perteneciente al cantante y señalado como el principal sitio de suceso en toda esta investigación.
La “evidencia digital”, indica el reporte, estaría constituida por la información almacenada en discos duros de las computadoras utilizadas por Jackson, en especial cuando se comunicaba con sus víctimas mediante correos electrónicos. Esta información puede ser sustraída de los equipos aún cuando haya sido borrada de los archivos en los que inicialmente estaba almacenada.
El proceso contra Jackson surgió en un momento en el que las libertades civiles están cediendo terreno frente a la necesidad de incrementar los niveles de seguridad general. En otros términos, la guerra contra el terrorismo ha obligado a replantear en Estados Unidos derechos tales como la inviolabilidad de la correspondencia, la privacidad de las comunicaciones y la libertad de expresión. Esto también ha incidido sobre las investigaciones relativas a delitos como la difusión de pornografía infantil, la prostitución (especialmente cuando involucra a menores de edad) y el abuso sexual de menores, en los que el uso de equipos electrónicos es un factor común.
En una situación como esa es muy difícil que las organizaciones de protección a los derechos civiles invoquen razones de orden moral a favor de un individuo como Michael Jackson, sobre el cual se ha creado una matriz de opinión negativa, basada no sólo en los reiterados señalamientos sobre la supuesta seducción y el abuso sexual de menores de edad, sino también en las excentricidades de un personaje acosado por una infancia turbulenta y una personalidad de cuestionable solidez. Hay que recordar además que ésta no fue la primera vez en que la reputación del cantante ha quedado en veremos. En 1993 el “Rey del pop” afrontó un problema similar, pero fue resuelto mediante un acuerdo económico con la víctima y sus padres.
El juicio contra Jackson debería comenzar a finales de enero. El panorama para él no es nada halagueño. Aún ganando, perderá. Como en el caso Simpson, aunque resulte “no culpable” por tecnicismos legales Jackson seguirá siendo mal visto por la sociedad. Pero ahora el proceso tendrá un nuevo ingrediente: las computadoras del artista “cantarán” su propia verdad. Y esto podría ser determinante para un proceso en el que la intención expresada por las partes determina la diferencia entre la libertad y un buen tiempo tras las rejas.

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