La escena del siniestro (24 al 31 de diciembre 2004)

En un tema semanal que publicamos en el mes de abril (Epidemia al volante) nos referimos a los resultados de un estudio de la Organización Mundial de la Salud sobre el impacto de los accidentes de tránsito en los índices de mortalidad y el escaso apego a las normas como un factor de riesgo en las vías públicas.
La época navideña es propicia para retomar el tema, entre otras razones porque la cifra de accidentes fatales tiende a elevarse. Las autoridades ponen en práctica operaciones especiales para prevenir las manifestaciones de lo que según la OMS constituye una epidemia, que ha cobrado más de 40 millones de vidas en 108 años.
La gran mayoría de las personas ha tenido conocimiento de un accidente de tránsito, ya sea porque se ha visto involucrada directamente en él o porque se ha topado con uno mientras circula por las calles o carreteras. No obstante, pocas tienen una noción sobre los procedimientos a seguir en estos casos.
El primer factor a tomar en cuenta es el grado de participación en el suceso. Si el individuo está involucrado en una colisión o arrollamiento, debe detenerse cuanto antes y comunicarse con los funcionarios competentes. No hacerlo puede acarrear sanciones civiles, administrativas y penales. Luego, debe evitar la tentación de resolver el asunto directamente con el (los) otro (s) participante (s). El hecho debe ser levantado y documentado por las autoridades.
El lugar del accidente debe ser preservado en lo posible tal y como quedó para el momento en que ocurrió. Este aspecto es muy importante. El punto donde quedaron los vehículos y sus tripulantes debe ser concebido como un “sitio de suceso” del tipo abierto. Como tal, está sujeto a mayores riesgos de cambio por factores humanos y naturales que uno cerrado. Este ingrediente puede impedir a las autoridades formarse una noción de quiénes fueron los responsables.
En ocasiones, los transeúntes se ven impelidos a prestar auxilio a las personas afectadas por el hecho, y con su accionar modifican irresponsablemente la escena del siniestro. En España, la organización SOS aconseja a los terceros estacionarse por lo menos a 25 metros del lugar del siniestro, y si es posible acercarse a él junto a otra persona cuyo testimonio desinteresado sirva para corroborar los datos aportados a la policía de tránsito.
La primera colaboración, luego de revisar si hay víctimas graves o fatales, es instalar señales para alertar a otros transeúntes de la vía. Las luces o triángulos de seguridad demarcarán un perímetro que servirá para preservar en lo posible el sitio del siniestro.
Al llamar a las autoridades hay que hacer un reporte detallado de lo sucedido en cuanto a lugar, hora y datos de los protagonistas y sus vehículos. Los involucrados directamente en el hecho deben cuidarse de no admitir responsabilidad alguna pues podrían incriminarse. Las llamadas a los números de emergencia suelen ser grabadas y, de hecho, son usadas como evidencia durante los procesos civiles y penales.
Aunque la norma general es preservar el sitio del siniestro, los colaboradores deben procurar que el hecho no se agrave. Por lo tanto, es recomendable apagar los vehículos involucrados y tomar precauciones para que las sustancias combustibles no se incendien. La primera es no fumar en las proximidades del accidente.
Los lesionados por el hecho no deben ser movilizados, a menos que sus vidas corran un riesgo inminente. Por ejemplo, cuando se sospeche que el vehículo puede estallar. De resto, lo más recomendable es dejar a las autoridades la tarea de auxilio. Algunas lesiones empeoran cuando son atendidas por manos inexpertas.
En algunos países, es obligatorio prestar auxilio a las personas afectadas por un accidente de tránsito. No hacerlo puede configurar un delito por omisión. Sin embargo, hay lugares y condiciones en las que un transeúnte no debe detenerse, pues pondría en riesgo su propia vida. Hay que hacer una evaluación rápída del entorno, y decidir. Si la opción escogida es continuar el camino, hay formas de colaborar. Una puede ser trasladarse lo antes posible al puesto de policía de circulación más cercano y transmitir la información sobre el hecho. Posteriormente, y de ser necesario, el “buen samaritano” puede acompañar a los agentes hasta el lugar el siniestro. Ellos sabrán tomar las riendas del asunto.

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