La raíz de la violencia: el pandillaje juvenil

La raíz de la violencia: el pandillaje juvenil
La violencia social hoy se ve expresada en el aumento de la criminalidad, la delincuencia común, así como la delincuencia organizada; es por esto que debemos tomar en cuenta que estos procesos de criminalidad son moneda corriente en muchos países de Latinoamérica.
Estos flagelos están directamente vinculados a la victimización, a la cual los ciudadanos son expuestos a diario. La victimización es el acto por el cual una persona es objeto del uso de la fuerza provocada por la violencia y que produce daños físicos o psicológicos, sumado a lo ya descrito en los últimos años ha surgido un nuevo miedo urbano: el “PANDILLAJE JUVENIL” fenómeno que demuestra que un importante número de jóvenes y adolescentes tienen de aliados al desvarío y la violencia. Estos jóvenes por lo general viven en zonas marginales o muy pobres, ubicadas geográficamente alrededor de las grandes ciudades y donde las carencias y necesidades son más que evidentes.
Los jóvenes que son parte de esta realidad se unen a modo de protesta para generar caos y desorden aquí y allá, desbordando en sus actos violentos el perímetro de sus propias zonas y controlando muchos espacios públicos. El pandillaje juvenil no es un fenómeno nuevo, se inicio a mediados de los años 80 y ya en los 90 se convirtió en un problema muy grave en algunos de nuestros países. Específicamente en este fenómeno creo que todos debemos hacer “UN MEA CULPA”, y es que como sociedad se hizo muy poco o nada, y se mostró una gran indiferencia incluso por los propios familiares de los pandilleros. Los Estados, por las últimas estadísticas registradas, no han sido capaces de manejar el fenómeno del pandillaje sobre todos en sus causas.
Si nos preguntáramos que factores suman para que prolifere este fenómeno es indudable que la violencia intrafamiliar ocupa un lugar destacado en los hogares de estos jóvenes. A esto se debe agregar que viven en una evidente exclusión social, carecen de falta de oportunidades tanto laborales como educativas o deportivas. Una de sus principales características está en el desmedido consumo de alcohol y drogas, no hay dudas que la combinación de uno o varios de estos factores dan como resultado una frustración masiva y sin soluciones a la vista. Ellos equivocadamente quieren dejarse sentir emergiendo en grupos de violencia que se multiplican a gran velocidad.
RESULTADO: UN ESPECTACULO REALMENTE PERVERSO OBSERVAR A LOS JÓVENES ENTREGADOS CON UNA VIOLENCIA TAL, QUE RASPA CON LA MUERTE. Con el rostro cubierto o pintarrajeados, portando consigo incluso armas letales, se entregan a un alto grado de violencia, ya sea entre las propias pandillas o contra inocentes personas que estuvieron en el lugar o momento equivocado. Es sin duda una violencia que estremece por la intensidad de su accionar, mostrando incluso un absurdo desprecio por la vida; estos jóvenes están fuera de cualquier tipo de orden, mostrando un marcado desapego a las normas y leyes así como a su prójimo. Para ellos pertenecer a una pandilla es una opción de vida estructurada en una extrema violencia y donde son concientes que el peligro está merodeando su accionar.
Si pudiera descifrar el porqué esa juventud eligió tal camino solo cabría decir que es una respuesta errada a la exclusión e injusticia social en que viven. A que el Estado no haya sabido llegar en forma oportuna y adecuada con propuestas laborales, de estudios o deporte; lo que si queda claro es que las pandillas juveniles han sido son y serán, si no se sabe enfrentar la problemática, UNA PIEDRA EN EL ZAPATO PARA CUALQUIER GOBIERNO.

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