La seguridad ciudadana es un bien público

La seguridad ciudadana es un bien público
Sin duda, mucha tinta corre sobre el tema de seguridad ciudadana. La magnitud y complejidad del fenómeno nos indica, de acuerdo a los fracasos que han habido en los últimos años, que no existen atajos fáciles o recetas milagrosas para su solución. Durante la ultima década, este fenómeno está entre las tres principales preocupaciones en la mayoría de las sociedades en Latinoamérica.
En algunos países el aumento de tasas delictivas violentas ha sido impresionante. Podemos citar el caso de México. Es cierto que debemos aplicar a cada realidad soluciones especificas, pero podríamos tratar de diseñar un sistema de seguridad integral basado en los logros de la región. Es el caso de Colombia.
Para que existan mejorías se tiene que dar un sólido consenso político y el gran reto es una mejor capacidad de gestión. Existen además tres bases muy definidas: la profesionalización y mecanismos de control apropiados para los actuales sistemas policiales, fiscales, judiciales así como penitenciarios, que son los eslabones de la seguridad pública. Estos deben trabajar de manera integral y articulada.
No olvidemos que la seguridad ciudadana es un bien público. Además, estamos frente a un asunto de Estado que no debiera depender de cada Gobierno. La gran mayoría de nuestros países debería tener la política de seguridad ciudadana como uno de los temas principales en la agenda pública.
Otro factor de suma importancia es una firme participación de la comunidad organizada. Esto ha ocurrido en las ciudades donde se ha conseguido bajar las cifras delictivas. Ante la situación de inseguridad en que vivimos, no solo hay que ser más eficiente, sino también más transparente. Mejoraremos la seguridad ciudadana si:
1. Profesionalizamos a nuestras policías, habiéndolas limpiado antes de la corrupción.
2. Aumentamos los recursos humanos y de logística en los cuerpos policiales.
3. Incrementamos la efectividad en el aspecto fiscal y judicial.
4. Mejoramos nuestros sistemas carcelarios.
5. Trabajamos con la participación de los gobiernos regionales y locales.
6. Involucramos a la sociedad organizada.
Si algo les quita el sueño a un importante número de ciudadanos en nuestras sociedades, son precisamente los fenómenos de inseguridad ciudadana y violencia. Claro que no faltan las voces que señalan que la percepción de inseguridad es mayor que la realidad. Cierto. Estos fenómenos se están sobredimensionándose. Es probable que algunos medios de comunicación exacerban los hechos delictivos, sin duda. Pero lo que nadie puede negar es que el riesgo ciudadano de sufrir algún delito es actualmente una realidad.
Los delitos, sobre todo los violentos, existen y han aumentado en los últimos dos años en el país. Es cierto también que el Perú todavía se encuentra lejos de los índices de criminalidad con respecto a otros países de la región, pero no olvidemos el informe de William Bratton, en el año 2002, donde nos advertía lo que hoy nos está sucediendo: de seguir como estamos en pocos años podríamos estar con niveles muy altos en criminalidad.
¿Por dónde empezar? Sin duda debemos reconocer que ha existido debilidad por parte del Estado para implementar estrategias adecuadas y eficientes, como por ejemplo una profunda reforma policial y de justicia.
1. Capacidad limitada de organizar una respuesta multisectorial adecuada.
2. Escasa información científica de la problemática.
3. Actuación poco eficaz en la prevención y control de los delitos.
4. Una justicia lenta y no rigurosa en la aplicación de las leyes.
5. Precario sistema penitenciario.
Si bien es cierto que la represión penal es un factor de suma importancia en la lucha contra la delincuencia, por mi experiencia en los últimos años podría afirmar que sería más importante la prevención penal, como por ejemplo ejecutar políticas públicas de inversión o incorporar a los marginados.
La mejor política criminal es manejar una buena política social. ¿Quién podría dudar que mejorando los niveles de empleos, salud, educación, servicios básicos, se le da mayor oportunidad a nuestros jóvenes? Con ello estaremos contribuyendo a disminuir los conflictos sociales y, por ende, los índices delictivos. Finalmente, no olvidemos que sin seguridad no hay desarrollo posible.

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