La seguridad, una responsabilidad de todos

En el momento en que un ser humano llega al mundo, empieza la necesidad de contar con un complicado aparato de seguridad, primero al no poderse valer por si mismo el recién nacido, requiere que se le alimente, bajo una dieta especial, esto le permitirá desarrollarse sanamente y crecer, posteriormente empiezan los cuidados de protección, evitando que pudiera caer de algún mueble, que se acerque a una estufa cuando se esta usando, que no juegue en escaleras o lugares altos, y en general cualquier cosa que pueda representar un peligro para su seguridad, esta función es propia de sus padres, quienes contraen la responsabilidad en el momento en que nace ese ser que ellos provocaron llegara al mundo.
Posteriormente la seguridad que se le otorga será dependiente de su edad, incluyéndose la educación, comportamiento en la vía pública y enseñándosele a enfrentar todos los peligros que dentro de su medio ambiente encontrará, aún cuando se considera que llega el momento en que adquiere su propia autonomía, la protección que otorgan los padres nunca cesa, estro hace que siempre se les considere indefensos y requirientes de protección, no es una regla lo anterior, pero si una práctica que se generaliza en la mayoría de las familias.
El proveer de seguridad dentro del seno familiar, no esta limitado al cuidado de los hijos, siempre se están instrumentando diversos mecanismos que generen una protección a la integridad de los moradores y al patrimonio familiar, incluyendo la contratación de personas externas que en un momento dado se requiere que se introduzcan en el domicilio, como es el caso del personal doméstico, donde principalmente la señora de la casa, realiza una investigación minuciosa sobre la identidad de la doméstica que contrata, que ya quisieran los grandes departamentos de recursos humanos de las grandes empresas.
Esto ha permitido que el robo por participación de la servidumbre, en la actualidad represente una incidencia muy baja, este logro es resultado del sistema de contratación que adquirieron más por necesidad, que por cualquier otro motivo y que provino de la necesidad de instrumentar un mecanismo de seguridad para proteger el patrimonio familiar y los valores personales de los moradores de un domicilio, además de dotar el hogar de sistemas de cerradura alta calidad, rejas de protección, alarmas contra intrusiones, protectores térmicos en la instalación eléctrica, entre otros dispositivos y accesorios de protección.
En todo este complicado conjunto de normas, sistemas y dispositivos de seguridad no existió la presencia de una orden o mandato oficial, lo que quiere decir que es resultado de una necesidad lógica y razonada por parte de quienes requerían de instrumentar los mecanismos de protección necesarios, para el salvaguardo de sus personas y valores, pero todo esto se nos olvida cuando requerimos de implantar seguridad en un comercio, empresa o dentro de nuestras actividades cotidianas, en ese momento solo pensamos que ya no es nuestra responsabilidad y se la endosamos automáticamente al gobierno.
Este sistema de endoso de otorgamiento de seguridad, nos incrementa el riesgo constantemente, sin que lo podamos apreciar y cambiamos todas nuestras experiencias y éxitos del hogar en lamentaciones, donde ya no sabemos que hacer y nos resignamos a sufrir las consecuencias, lamentándonos e inculpando a las malas acciones del gobierno imputándole una responsabilidad que nosotros mismos le otorgamos, pero por otra parte no menos grave la situación, el propio gobierno ya acepto que es su responsabilidad, enfrentándose a un problema que lejos de poder resolver se le incrementan constantemente y lo resuelve con mentira reflejadas en estadísticas manipuladas, que no cumplen con un cometido pero le permiten enfrentar el problema en forma decorosa.
La importancia que reviste el que toda la ciudadanía participe en la solución integral del problema de la seguridad, es básica para la obtención delos resultados, realmente el hecho que el gobierno haya asumido una responsabilidad que no le compete, no es un pretexto para no hacer lo correcto, es necesario crear una concientización de nuestros deberes y obligaciones, considerando que dentro de la implantación de la seguridad existen diferentes ámbitos de competencia, dependiendo siempre de que se va a proteger, que tipo de seguridad se requiere y principalmente quien se considera que tiene la obligación de tomar las medidas necesarias para proteger lo que se encuentra sujeto a riesgo.
Tomando como ejemplo un caso que se registra diariamente, como es el robo de mercancías, que se registra en los desplazamientos a centros de distribución o a diversos clientes, podemos apreciar claramente el error que se comete constantemente, los propietarios de las mercancías se concretan a contratar un transporte de carga, entregarle la carga que deberá de trasladar de un lugar a otro y se mantiene expectante a lo que pase, ponderando que es una obligación de las autoridades el otorgarle la seguridad requerida.
La posibilidad de que esa mercancía se encuentre susceptible a ser robada, se inició en el momento de la contratación del transporte, en el manejo de la información del embarque y en la confiabilidad hacia el exterior del envío, la metodología de seguimiento del vehículo y las reglas de seguridad a que se debe d someter el transportista, todo esto corresponde al propio remitente, donde la autoridad no pudo participar y se va a enfrentar a un estado de desventaja en el momento en que se suscite un robo.
En el llamado “robo hormiga”, que podríamos compararlo con el robo de las trabajadoras domésticas, la mecánica de contratación de personal, es sumamente deficiente, en un afán de reducir costos en la contratación, se incrementa el riesgo durante la operación, y pese a que se conoce el problema no se hace nada para evitarlo, pero encontramos una diferencia entre estos dos ejemplos, en el primero del robo de mercancías en tránsito, se genera una severa crítica a la autoridades y en el segundo se mantiene oculto el daño y se evita que se difunda la información de la afectación sufrida.
En los dos casos la participación del ciudadano es requerida sin embargo en uno se inculpa al gobierno y en el otro se oculta el daño, pero en los dos casos se pudo evitar la pérdida si existiera la voluntad y razonamiento de la necesidad de participar en la implantación de la seguridad adecuada, los delitos a través de las redes de informática, son los que generan el mayor impacto económico en las organizaciones, pero al igual que el “robo hormiga”, como no son imputables a terceros se mantienen ocultos, como si no se registraran.
La obligación del gobierno es muy grande, el compromiso con la sociedad es enorme, pero su fuerza de respuesta se ha visto mermada ante tantos ataques por parte de la ciudadanía, buscando más protegerse de la censura constante, que otorgando resultados, creando aparatos de presencia más, incrementando el número de elementos policíacos en las calles, que mal pagados, mal preparados, sin mística, ni ética y se llega hasta piensa que pueden llegar resolver el problema, pero a la vez no se les capacita, ni incentiva y se les exige que cumplan con dos funciones, la de la negligencia de la población civil y la de la imagen gubernamental.
La negligencia del ciudadano llega al extremo, que se llega a escuchar expresiones como la siguiente: “me han entrado a robar a domicilio en cinco ocasiones y la policía no ha hecho nada, hasta donde vamos a llegar”, si a quien se lo refiere le contesta y tu porque no haces algo, manifiesta, “esa es obligación del gobierno, que mal estamos”, esto parece un comentario chusco o irreal, pero la pregunta es ¿qué hacemos como ciudadanos para enfrentar la delincuencia y si hacemos algo, porque seguimos siendo víctimas.
Mientras no queramos reconocer que tenemos una obligación para establecer los mecanismos de seguridad, de acuerdo a nuestras necesidades y requerimientos, seguiremos siendo un país lleno de lamentaciones y mucho riesgo y por otra parte si el propio gobierno no crea las modificaciones a las leyes que impongan la obligación al propio ciudadano de contar con programas de seguridad que coadyuven a restringir la oportunidad y facilidad de que gozan los delincuentes para cumplir con sus ilícitos, seguiremos siendo un país de muchos lamentos y pocos resultados.
Se tiene que llegar a aceptar que las autoridades tienen la obligación de dotar de seguridad a la población, pero que la propia población también tiene una obligación en la implantación de la seguridad, el incriminar, censurar, responsabilizar y establecer una lucha de justificaciones marcada de fracasos, lo único que ha provocado es que seamos un país mas vulnerado por la delincuencia.

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