La vieja pregunta (26 de noviembre al 3 de diciembre 2004)

El 29 de marzo de 1993, un avión de la Marina estadounidense en misión de interdicción al tráfico de drogas detectó a una embarcación ligera en aguas internacionales cercanas a República Dominicana. Los tripulantes de la nave avistaron a la unidad militar y comenzaron a lanzar paquetes por la borda, al tiempo que dispararon al aire algunas rondas de munición.
La embarcación posteriormente fue abordada por efectivos del USS Taylor, una fragata misilística. Pero ya no había en cubierta o en los depósitos de la lancha ningún rastro visible de la supuesta droga. Entonces, los militares hicieron una prueba con una aplicación portátil del cromatógrafo de gases/espectrómetro de masas conocida como Sentor o “sabueso de drogas”. La muestra fue tomada a través de un aparato con forma de reflector de mano, tanto en el aire de la cabina de la lancha como en los cuerpos de sus tripulantes. En medio minuto se pudo confirmar que tanto la lancha como sus tripulantes tenían moléculas de cocaína, indicativas de que recientemente habían manipulado la droga. Quedaron detenidos.
El cromatógrafo de gases es una de las tecnologías que mayor utilidad ha tenido para la práctica de las ciencias forenses. Pero en realidad no es nada nueva. El Instituto Finlandés para la Verificación de la Convención sobre Armas Químicas (Verifin) se atribuyó el crédito de haber desarrollado el primer cromatógrafo de gases, como parte de un proyecto iniciado en 1973 para el análisis de agentes químicos. Para 1977, indica un resumen histórico divulgado por la propia institución, fue elaborado el prototipo de un instrumento de medición precisa. “Un cromatógrafo de gases fue construido, y el aparato fue posteriormente comercializado por la industria finesa”.
No obstante, la técnica de la cromatografía fue atribuida al científico ruso Mikhail Semenovich Tswett, aunque no fue reconocida mundialmente debido a que solamente publicó sus trabajos en su idioma madre. Otros avances fueron realizados por los países occidentales durante la década 1940-1950, impulsados por la Segunda Guerra Mundial.
La prueba del cromatógrafo de gases/espectrómetro de masas arroja resultados de certeza en cuanto a la detección de determinadas sustancias en una muestra. Esto le confiere un enorme valor en el mundo policial. El cromatógrafo está compuesto por seis partes esenciales: un contenedor de gas inerte, una columna de separación, una pieza para la admisión de la muestra, un horno, un detector y un sistema de procesamiento de datos. El espectrómetro tiene 4 partes: un ionizador, una región magnética, un detector y la unidad de lectura.
La muestra es generalmente inyectada mediante una jeringa al cromatógrafo de gases. Allí es sometida a calor en un estado gaseoso, y sus componentes se movilizan dentro del sistema de forma diferente. Este comportamiento hace posible determinar a qué grupo pertenece cada sustancia. El vapor arrojado por el cromatógrafo es luego analizado por el espectrómetro, donde la muestra se ioniza y se fragmenta. La lectura de las moléculas permite precisar de qué estaba compuesta la muestra inyectada.
Esta tecnología ha encontrado numerosas aplicaciones en el mundo de hoy. Desde hace 20 años, la cromatografía determina la existencia de drogas ilícitas, actual o reciente, en un lugar, objeto o persona. Pero también ha servido para el análisis de explosivos. En el aeropuerto de Los Angeles, por ejemplo, se aplica un sistema de revisión no intrusiva para la detección de ambas sustancias. Los agentes del Servicio de Aduanas, con las manos enguantadas, toman con pinzas una pieza redonda de algodón por el paquete o equipaje que desean inspeccionar. Luego lo introducen en una lectora y en cuestión de segundos pueden saber si estuvo en contacto o posee alguna sustancia ilícita.
Este aparato también está siendo utilizado en el ámbito de la restauración de obras de arte, pues está en capacidad de precisar hasta los componentes más raros de elementos pictóricos y sus soportes. También es usado en la protección de patentes, pues el análisis de los productos permite reconocer cuándo se está ante un original o ante una imitación. La industria chocolatera europea así lo ha corroborado.
Los problemas con el cromatógrafo de gases/espectrómetro de masas pueden resumirse en dos categorías: humanos y materiales. Los primeros derivan del uso equivocado de la tecnología, de la impericia en su manejo o en la interpretación de los datos. Esto se ha reducido gracias al desarrollo de programas informáticos que reducen al mínimo los riesgos de una lectura equivocada, así como también por la elaboración de partes más resistentes y difíciles de fracturar durante su manipulación.
Los problemas materiales están asociados a la fatiga por el uso de los tubos y de las partes internas del aparato. Por regla general se recomienda seguir al pie de la letra los manuales del fabricante, pero las restricciones presupuestarias muchas veces dificultan esta meta.

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