Lecciones de la guerra contra el terrorismo

Introducción

Se trata de algo infausto, pero el término terrorismo es ambiguo, a tal punto que Osama Bin Laden podría afirmar que está contra el terrorismo. Propongo que el término sea definido como "el uso deliberado de la violencia dirigida contra civiles para conseguir ventaja política." El terrorismo es una táctica ilegítima, aun para causas justas.

Los estados democráticos liberales se ven enfrentados a amenazas del terrorismo internacional que son diferentes a cualquier amenaza que se haya visto en el pasado. La amenaza emana de redes de grupos terroristas islámicos dispersos de un lado al otro del mundo.

Debe tenerse presente que el objetivo principal del terrorismo no es matar y destruir, sino elevar a un máximo la ansiedad y presionar a los gobiernos para obtener resultados políticos. Esto es igualmente cierto tanto para Bin Laden como para Hamas, el IRA u otras organizaciones.

Podemos ganar cada batalla, pero si un pueblo continúa teniendo miedo, entonces habremos perdido.

Yo distingo entre dos tipos de miedo: el miedo racional, que está ligado a la probabilidad real de ser dañado; y el miedo irracional, que está ligado a la posibilidad de ser amenazado. El segundo tipo es la variedad de miedo que lleva a efectuar concesiones. Por ejemplo, si en un año murieron trescientos israelíes por ataques terroristas, en el mismo período murieron seiscientos israelíes en accidentes de tránsito. Pero nadie ha pensado en no viajar a Israel

teniendo presente la amenaza de ser herido en un accidente de tránsito.

Orígenes de los yihadistas

Los orígenes de esta red residen en los mujihadin de Afganistán, que lucharon contra la Unión Soviética desde 1979 hasta una década después, cuando los soviéticos se retiraron del país. Luego de diez años de guerra, los mujihadin pudieron atribuirse una sorprendente victoria frente a la superpotencia que a poco dejaría de existir.

Los mujihadin llegaron a Afganistán desde casi todo el mundo musulmán; se dividían en tres grupos. Un grupo permaneció en Afganistán y formó el sector que finalmente dio como resultado a el-Qaida. El segundo grupo regresó a sus países de origen, Egipto, Pakistán, Jordania, Arabia Saudita, Argelia y países más lejanos, en los que comenzaron a trabajar con movimientos yihadistas locales o se sumaron a movimientos islámicos radicales más vastos. El tercer grupo quiso regresar a sus países de origen, pero buscó asilo en países occidentales o en países que no son árabes ni musulmanes.

Umar Abdel-Rahman (el jeque ciego) es un ejemplo de la tercera categoría, de alguien que no pudo regresar a su patria, Egipto, por lo que se radicó en los Estados Unidos. En 1993 fue el cerebro organizador de la colocación de bombas en el World Trade Center, que estaban destinadas a matar 50.000 personas al provocar la caída de una torre sobre la otra.

De modo que la amenaza es triple. Incluye la visión terrorista de una masacre ilimitada, llevada a cabo por hombres altamente entrenados en explosivos y armamentos, hombres dotados de una ideología a la que procuran difundir a costa de todos los demás, incluyendo a los musulmanes de la corriente predominante, a quienes consideran infieles.

Sin embargo, estos islamistas violentos se ven limitados por la escasez de elementos humanos, lo que hace que se tornen pacientes en sus intentos y opten por llevar a cabo gradualmente sus designios. En primer término, Osama bin Laden busca obtener el control de lugares donde se hallan la mayoría de sus seguidores, tales como el Asia Central y algunos países árabes. No aspira a conquistar Arabia Saudita, Jordania o Egipto, pero pretende que radicales de esos países los conquisten desde adentro.

Si observamos los principales ataques terroristas desde el 11S, vemos que la mayoría han ocurrido en países musulmanes: Turquía, Marruecos, Arabia Saudita, Egipto, Indonesia y otros. Por lo general, los blancos de esos ataques han sido no musulmanes: turistas occidentales, judíos u otros no musulmanes locales. Esos actos tienen como meta alterar la estabilidad de países musulmanes cuyas economías se basan en buena parte en el turismo. Una vez que esos regímenes se convulsionen y se derrumben, la próxima fase será lanzar la batalla final contra el Occidente y los Estados Unidos.

El enemigo estratégico: los Estados Unidos

Los yihadistas consideran a los Estados Unidos como el mayor obstáculo, porque su influencia impide que los islamistas consigan cumplir la primera etapa de su plan. Los Estados Unidos apoyan a algunos de esos regímenes, es imposible ignorar su influencia económica y también poseen la fuerza para luchar en todo el mundo contra los yihadistas. Por esto Bin Laden emite videocasetes exigiendo fundamentalmente que los Estados Unidos hagan dos cosas: que retiren sus fuerzas del Medio Oriente y que dejen de apoyar a regímenes árabes.

Si Washington retirase su apoyo, la estabilidad cesaría y la región se vería convulsionada –que es lo que procura Bin Laden–. El ataque del 11S no estuvo dirigido a destruir a los Estados Unidos o a destruir su economía; su intención fue crear ansiedad pública que presionara al gobierno para que cambiase su política.

Bin Laden se ha apasionado con la utilización de los ataques suicidas, que son la última palabra en bombas inteligentes controladas y constituyen un instrumento que eleva al máximo las víctimas y los daños, incluyendo el daño psicológico. El número de los ataques suicidas, como parte de todos los actos terroristas, es en Israel menor al 0,5 por ciento. Sin embargo, más del 50 por ciento de las víctimas resultantes de ataques terroristas proviene de las bombas suicidas. Es éste un medio efectivo para matar y propagar miedo. Esto ha hecho que el terrorismo suicida sea el método favorito de el-Qaida. Sería realmente alarmante que dicho método fuese combinado con terrorismo no convencional, incluyendo ataques químicos, biológicos o aun nucleares.

Los usos del terrorismo

El terrorismo tiene una cualidad matemática; requiere motivación y capacidad operativa. El objetivo del contraterrorismo consiste en restringir ambos factores y eso requiere que sea tanto preventivo como persistente. Cuando años atrás, en una entrevista en la cadena ABC, se le preguntó a Bin Laden si alguna vez usaría armas no convencionales en sus ataques, Bin Laden repuso que consideraría un pecado el no utilizar cualquier medio a su disposición para –según su lenguaje—defender a los musulmanes de los infieles.

En los años recientes hemos visto evidencias de su disposición a utilizarlos. Fueron frustradas varias operaciones terroristas que seguían esa línea, tales como un ataque con gas tóxico al subterráneo de Londres y un suicida explosivo en el edificio de la inteligencia jordana en Amman, explosión que hubiese sido seguida por la liberación de cianuro.

Adviértase que clérigos islámicos han otorgado su aprobación religiosa para esos ataques, aun si conllevan víctimas musulmanas masivas, dado que esos medios no convencionales son considerados por esos clérigos como armamentos defensivos que en último caso salvarían las vidas de un mayor número de musulmanes.

Los islamistas no combaten tanto contra las tropas de los Estados Unidos, sino plantean combate contra Coca-Cola, McDonalds, la Internet y Microsoft.

Se sienten amenazados por esas expresiones de la cultura de los Estados Unidos.

Eso implica que el retiro de las tropas norteamericanas no resolvería nada. En general, las retiradas defensivas no resultan en menor agresión por parte de los terroristas.

La experiencia israelí confirma esta última aseveración. Hubo más ataques suicidas antes de la reocupación parcial de la Cisjordania, a comienzos de 2002, que después de esa reocupación. Las intentonas de ataques suicidas se incrementaron luego de aquella reocupación, pero el índice de atentados palestinos exitosos disminuyó drásticamente. La ofensiva continua y el no retirarse fueron importantes para reducir la efectividad del terrorismo palestino.

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