Los cuartos del miedo (5 al 13 de agosto 2005)

La prensa mexicana divulgó una noticia que dice mucho sobre el sentimiento de inseguridad que embarga a ciertas capas de la población en ese país: en las casas están construyendo o reformando habitaciones para refugiarse ante situaciones de extremo peligro, como podría ser un intento de robo o de secuestro adentro del propio inmueble.
Los llaman “cuartos de pánico” (panic rooms, en inglés) o habitaciones de emergencia. El reporte publicado por El Universal de México los definió, citando a un vocero de la empresa consultora VIP, como “una recámara adaptada con material balístico, comunicación celular, comida, agua y ventilación artificial”. Pero este enunciado no dice exactamente para qué sirven.
Los cuartos de pánico son construidos para proteger a una o a un grupo de personas de un peligro próximo. El asesor de seguridad Chris McGoey explicó que uno de puede figurar cómo son estas instalaciones al asociarlas con una caja en la que todas las paredes están fortificadas, así como la única abertura, que en este caso sería la puerta.
Una película protagonizada por Jodie Foster (2002) contribuyó a fijar la noción general sobre la naturaleza y características de este tipo de habitaciones. El problema en ese film es que los protagonistas quedan aislados del exterior cuando son atacados por un grupo de delincuentes, y se ven obligados a salir de esa recámara. En la vida real, indica McGoey, “la mayoría de los cuartos seguros solamente están fortificados lo suficiente como para retrasar al intruso y así la alarma pueda ser activada o la llamada hecha para poner al tanto a la policía o a los empleados de seguridad”.
El aislamiento total, por lo tanto, no es una alternativa. Estos espacios son preparados para afrontar situaciones de crisis, las cuales son esencialmente pasajeras. Si se tratara de un sótano con las paredes forradas de plomo, vituallas para meses de subsistencia, sistemas autónomos para la generación de oxígeno y otros artificios, estaríamos hablando de una especie de gran caja fuerte para sobrevivir a un holocausto nuclear, pero no de un cuarto de miedo.
Los elementos esenciales de una de estas habitaciones son: fortificación, alarma y tecnologías de comunicación, especialmente destinadas para informar cuanto antes a las autoridades sobre una contingencia. No necesariamente debe ser un espacio amplio, pero sí suficiente para acoger a todos los posibles usuarios con cierta comodidad. Los expertos recomiendan que el aspecto externo del local no llame la atención, es decir, que se “funda” o mimetice con el resto del inmueble.
Los cuartos del miedo no son nuevos, pero se están popularizando en países como México debido al surgimiento de una clase pudiente y a una oleada de crimen organizado que ha colocado a ese país como el líder mundial en casos de secuestros reportados. La gente, por lo tanto, percibe que está en riesgo hasta cuando se encuentra en sus propias viviendas. Lo curioso es que, como lo indican las estadísticas, los secuestros son ejecutados mayoritariamente cuando la persona es más vulnerable. Y esta situación se plantea no cuando el individuo está en su casa, sino cuando sale de ella y se expone.
Un cuarto del miedo puede costar hasta 100 mil dólares, según sea la cantidad de aditivos con los que sea equipado. Si se dispone del dinero suficiente para construirlo, hay que sacarle todo el provecho posible. Hay que figurarse cómo serían las situaciones en las que tendría utilidad, y hacer simulacros en los que participen todos los miembros del grupo familiar. También hay que pensar cuándo no sería aconsejable utilizar este espacio. Por ejemplo, en situaciones de terremotos o inundaciones. El cuarto del miedo, entonces, deberá acoplarse a un plan general de seguridad familiar. Siempre es buen tener uno.

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