Mercado en auge (13 al 20 de enero 2006)

La empresa Homeland Security Research señaló en un informe divulgado recientemente que el gasto mundial en materia de defensa se elevará en 100 por ciento entre el año que comienza y 2015.
El cálculo indica que para este año los gobiernos del mundo destinarán aproximadamente 231 millardos de dólares en todos los conceptos relacionados con la defensa y la preparación contra el terrorismo. Esta cifra se elevaría a 518 millardos de dólares en el último año de la serie.
La empresa con sede en Washington se dedica a la investigación de los mercados de seguridad con la finalidad de asesorar a los inversionistas. En el informe se indica que el gasto en lo relacionado con la “seguridad interior” (homeland security) representa actualmente el 12 por ciento de todos los presupuestos de defensa, mientras que para 2015 será del 25 por ciento.
En el caso de Estados Unidos, los porcentajes de aumento son mucho más elevados que le promedio mundial. Para 2015, indica el informe divulgado por la firma, ese país habrá incrementado en 100 por ciento su presupuesto de defensa. Un aspecto paradójico en lo referente a estos números es que para 2006 el 81 por ciento de los gastos previstos correrán por partidas que no maneja el departamento de Seguridad Interior.
1,6 millardos de dólares serán destinados este año a la llamada “comunidad de inteligencia”, mientras que 3,6 millardos de dólares irán a los programas de organización y respuesta ante “riesgos de catástrofes”. Como se ve, Washington está respondiendo con la asignación de mayores recursos a las deficiencias detectadas ante el paso de varios huracanes en los estados del sur durante 2005. Habrá que ver si estas asignaciones sirven para un desempeño más eficiente de agencias como la FEMA, tan criticada durante la crisis ocasionada por el huracán Katrina.
Según Homeland Security Research, entre los años 2006 y 2010 Estados Unidos desarrollará 62 programas de bio defensa por 2,8 millardos de dólares; 35 para responder ante ataques químicos (285 millones de dólares); 32 para responder ante la amenaza del “agroterrorismo” (840 millones de dólares) y 24 para la defensa ante ataques nucleares o radiológicos (un millardo de dólares).
Este colosal gasto pareciera contrastar con el anuncio formulado en 2005 por el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, sobre el cierre de 150 campos militares en territorio de EE.UU. y en el resto del mundo, a partir de 2006. Según el funcionario, con esta medida se pretende ahorrar hasta 50 millardos de dólares, en línea con lo establecido en un plan de reestructuración del complejo industrial-militar de ese país a ser desarrollado en los próximos 20 años.
A la luz de las cifras divulgadas por la firma de investigación, pareciera que el verdadero objetivo del gobierno estadounidense no es el ahorro de recursos sino una reconducción de los que ya están disponibles, así como el refuerzo de las asignaciones en otras áreas que anteriormente no eran tomadas en cuenta o que estaban en el segundo plano, debido a las prioridades impuestas por la Guerra Fría.
La llamada Estrategia de Seguridad Nacional, divulgada luego de los ataques de 2001, así como las declaraciones formuladas por el secretario de Defensa son claras en cuanto a que se promoverá el desarrollo de nuevos tipos de armas y tecnologías de vigilancia y protección pasiva. Las armas procurarán el incremento de la movilidad de los ejércitos para poder afrontar, tal y como el propio Rumsfeld lo ha dicho, dos grandes conflictos bélicos en forma simultánea. Los dispositivos de vigilancia y protección pasiva reforzarán la capacidad de generar alertas tempranas ante cualquier amenaza al territorio interior o a los intereses estadounidenses.
Esta tendencia será seguida, aunque con las variantes impuestas por la situación local, por los países desarrollados y por aquellos que, como China, ejercen cada día una mayor influencia sobre los asuntos mundiales. Una pregunta importante es si los países estarán en capacidad de ejercer en los años por venir un control sobre las armas y tecnologías lanzadas a un mercado cada vez más abierto o si, como sucedió con el arsenal nuclear de la extinta Unión Soviética, esos “inventarios de la muerte” serán la semilla de los riesgos del mañana.

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