Monitoreando la seguridad ciudadana en Latinoamérica

Monitoreando la seguridad ciudadana en Latinoamérica
El Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad de los ciudadanos y que este tema no sea politizado. Está claro que no debemos entrar en una cultura de la paranoia, pero tampoco debemos ignorar los riesgos ciudadanos a los que estamos sujetos a diario. El reclamo ciudadano se hace cada vez más fuerte cuando de inseguridad se trata.
Estando en el primer trimestre de este 2008, observo un escaso resultado de algunos Gobiernos en Latinoamérica para hacer frente al fenómeno delictivo y de violencia. Sin duda, las cifras hablan por sí solas: el número y la frecuencia de delitos sigue en aumento sostenido, lo que es una clara señal de que las estrategias y diseños para enfrentar la delincuencia no han sido las adecuadas.
Por ejemplo, las muertes ligadas al narcotráfico en las principales ciudades de Perú y México es preocupante. En Argentina hay una batalla por ganar la venta de drogas en las calles; Venezuela, Brasil, Guatemala y Panamá, siguen combatiendo un abanico de delitos en sus calles. Es importante señalar que, salvo en México, Brasil y Argentina, donde los Estados Federales tienen responsabilidad directa en materia de seguridad ciudadana, el resto es clara tarea del Ejecutivo.
El arte de manejar el silencio de las cifras de delitos es muy peligroso, ya que si los Gobiernos no reconocen sus altas tasas delictivas, producirán en la población el fenómeno de “la falsa sensación de inseguridad”. En ese panorama, los ciudadanos bajarán la guardia, favoreciendo el accionar delictivo.
No sólo es percepción, ya que cuando las grandes noticias o titulares de los medios de comunicación de un país se ocupan de acontecimientos delictivos, sin duda estamos frente a un grave problema. El aumento delictivo es multifactorial, pero mientras solo trabajemos los efectos y no las causas los delitos seguirán creciendo.
Esto es inobjetable, más aún en el abordaje de aspectos conflictivos que inciden en la inseguridad ciudadana. ¿Acaso no es cierto que aumentó el consumo de bebidas alcohólicas y de drogas en nuestra juventud? Estadísticamente la delincuencia juvenil ha crecido en los últimos años. Hay una mayor exclusión en nuestras sociedades. En las actuales condiciones no veo en el horizonte una posible solución a corto o mediano plazo, más aún cuando muchas de las instituciones de seguridad pública, de justicia y sistemas penitenciarios, están atravesando por difíciles momentos por falta de presupuesto, de capacitación de sus funcionarios y corrupción.
Esto es una realidad en muchos de nuestros países y son factores que definitivamente incrementarán los riesgos ciudadanos y apuntan a una mayor tendencia delictiva. La lectura de los fenómenos delictivos por parte de los Gobiernos es muy «sui generis», ya que con problemas tan profundos en las instituciones de seguridad pública, será muy difícil en esas condiciones reducir las tasas delictivas.
Cualquier solución pasa porque exista una voluntad política y que ésta vaya de la mano con una mayor inversión pública, para instituciones como la policía, sector justicia y sistemas penitenciarios, además, se deben tener metas claras de políticas de seguridad pública y convivencia pacifica, con diseños integrales donde se articulen las diversas instituciones de seguridad pública, y la ciudadanía.
Según mi visión, se deben reforzar temas de prevención y disuasión pero con una coerción que ejerza justicia. Debemos saber ejercer la fuerza legítima, sin caer en excesos, respetando los derechos humanos. Es una tarea difícil pero viable. Hay una ciudad importante que ha podido reducir sus tasas delictivas a pesar de vivir un conflicto armado interno, me refiero a la ciudad de Bogotá en Colombia.
Sin duda, lo lograron por el rol protagónico de su municipio, expertos en seguridad civiles y la propia ciudadanía. Hoy en nuestras ciudades no sólo tenemos problemas de delincuencia, factores como el desorden urbano, la diversidad cultural, el tránsito, la indigencia, los locales públicos inseguros, el no respeto a las normas de urbanidad, entre otros, son también temas de seguridad ciudadana.
Mientras ello se analiza y ante un panorama de riesgo para la ciudadanía en general, ésta tendrá que asumir una actitud y un comportamiento preventivo, en diversos ámbitos de la ciudad, quedando claro que lo que debemos hacer es evitar y no enfrentar los delitos.
La ciudadanía en general y el empresariado, los comerciantes y ejecutivos que son los que tienen el mayor riesgo de sufrir los embates de la delincuencia, deberían implementar herramientas como el D.I.S, que les permitirá manejar los tres principales tiempos de la seguridad: el antes(prevención), el durante (manejo de crisis), el después(la investigación). Si bien este último es un manejo policial/judicial, es importante conocer sus etapas y avances.
Finalmente, no debemos bajar la guardia, solo así evitaremos ser la próxima victima.

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