¿Nos acostumbramos a convivir con la delincuencia?

¿Nos acostumbramos a convivir con la delincuencia?
En la mayoría de ciudades de Latinoamérica la respuesta sería afirmativa, si nos basáramos en las frías cifras, ya que muchos delitos se incrementan año tras año. Por ejemplo, el robo de accesorios de vehículos, robo de vehículos y hurtos son cosa de todos los días. Al ser el delito activo y dinámico va cambiando periódicamente su modus operandi, mostrando incluso nuevas modalidades delictivas que no nos dejan de sorprender, como por ejemplo, el de usar un pedazo de plancha de acrílico como escudo para anular algunos sistemas de alarmas, entre muchos otros.
Queda claro que la manera tradicional de enfrentar el fenómeno delictivo no ha dado los resultados esperados, menos aun si las instituciones que enfrentan como la policía, fiscalía, poder judicial o el sistema penitenciario están atravesando graves problemas de presupuestos y corrupción.
Es sabido que hay delincuentes que tienen el respaldo y los recursos para comprar a los que supuestamente están destinados a combatir su actuación, estos integran verdaderas bandas organizadas que se dedican al narcotráfico, secuestros, grandes asaltos, cuentan con abogados que se valen de mil triquiñuelas para defenderlos en forma legal.
No debemos aceptar que algunas autoridades de la seguridad pública actúen de una manera burocrática, rutinaria cuando no corrupta, son contundentes los resultados de ineficiencia de las diversas estrategias aplicadas para combatir el fenómeno delictivo.
Además, como resultado de una equivocada política de castigo, hoy tenemos a la mayoría de nuestras prisiones saturadas apunto de colapsar, y es que en los últimos años nuestros sistemas carcelarios no han crecido a la par que los delitos. Nuestras prisiones están hacinadas y donde la posibilidad de recuperación del interno es remota, las prisiones en Latinoamérica en su gran mayoría son verdaderos depósitos de nuestras miserias sociales, donde solo volteamos a ver cuando estalla una grave reyerta, huelga o toma de las prisiones que dejan innumerables muertos.
El combatir a la delincuencia requerirá en adelante combatir sus causas, tengamos presentes que las razones para delinquir en la mayoría de los casos tienen que ver con aspectos sociales como la exclusión social, la falta de oportunidades en nuestra juventud, la violencia intra familiar, la falta de control en el consumo de alcohol y drogas, el desempleo o el desenfreno consumista por citar algunos factores, hacen que algunas personas crucen la delgada línea entre el bien y el mal.
Lo que me queda claro es que en nuestros países la respuesta del Estado no puede limitarse a los aspectos penales, como es el caso por ejemplo de los EE.UU., donde 1 de cada 120 habitantes en promedio están en prisión. Claro, ellos cuentan con los presupuestos para construir cárceles seguras.
Bajo ese sistema de penalizar, no sólo los delitos sino las faltas también, se ha logrado reducir en muchos Estados sus tasas delictivas, ya que se recluyen durante largos años o de por vida a los delincuentes avezados o habituales, en los EE.UU.
Hay una frase dura pero cierta «a mas delincuentes en las cárceles, mas tranquilidad en las calles», dicho esto frente a nuestro panorama, los ciudadanos intentamos como podemos o dependiendo de nuestra economía usar un sin número de sistemas o servicios de seguridad privada, que siendo honesto en un importante numero solo servirá para incrementar el fenómeno de la falsa sensación de seguridad ya que lo habremos adquirido por recomendación de un vendedor o por que se nos ocurrió tal o cual sistema de protección.
Lo aconsejable es que el punto de partida de la seguridad sea un análisis de riesgos con el que se podrá determinar cuáles son nuestras vulnerabilidades, además, tener en cuenta que la seguridad debe ser integral en ese sentido. La actitud de las personas y familias es impresindible, el seguir una serie de normas y recomendaciones de acuerdo a nuestro riesgo es lo más aconsejable. Lo que no podemos es cerrar los ojos ante un problema que cada día está más cerca de tocarnos a nosotros mismos.

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