Noviembre francés (11 al 18 de noviembre 2005)

Luego de dos semanas, la ola de manifestaciones que conmovió a París y a las otras principales ciudades francesas pareciera llegar a un punto muerto. Las protestas tuvieron un carácter especialmente destructivo contra los vehículos automotores: más de 7 mil han sido quemados durante los últimos 14 días en todo el país europeo. Pero en la jornada anterior solamente ardieron 400. De allí que los miembros del gobierno de Jacques Chirac poco a poco respiran con más calma.
Las causas de esta situación aún no están claras, ni son el punto central de este artículo. No obstante, voces autorizadas como la del corresponsal de Time en París, Bruce Crumley, han descartado de plano las especulaciones sobre una “intifada francesa” o resistencia islámica en territorio europeo: “Las fuerzas que mueven esto son la injusticia socioeconómica y la segregación racial, no la sed de sangre infiel en la marcha hacia el califato global”.
Hay, sin embargo, varios aspectos que deben ser destacados y analizados, con las reservas que imponen la distancia y el hecho evidente de que todavía las llamas no han sido aplacadas. El primero se refiere a la acción timorata de las fuerzas del orden durante las etapas iniciales de esta protesta. Pasaron prácticamente diez días de sitio a París cuando por fin el gobierno central comenzó a señalar la necesidad de retomar la calma como algo prioritario. En ese momento, el “efecto dominó” había extendido los motines callejeros a 300 municipios del país galo, y ya estaba teniendo réplicas en ciudades de Alemania y Bélgica. En España, donde apenas salían de la crisis generada por las oleadas de inmigrantes marroquíes en los enclaves de Ceuta y Melilla, giraron instrucciones a todas las comisarías para reportar y atacar de inmediato cualquier brote de violencia callejera, y hasta el momento nada ha ocurrido.
El uso tardío de la fuerza refleja cuando menos un error en la evaluación inicial de la magnitud y el empuje que traían los disturbios. Curiosamente, los franceses han “dictado cátedra” en cuanto al adiestramiento sobre técnicas de control del orden público a los funcionarios de seguridad de los países latinoamericanos. En esa teoría se establece que las protestas tienen una curva de ascenso, una meseta más o menos prolongada y luego una caída. El trabajo de los gendarmes en estos casos consiste en impedir que la violencia se extienda (contención) y desgastar lo más posible a los factores en conflicto para que retorne la calma por agotamiento. Todo esto siempre atenidos a los límites que imponen los derechos humanos.
Eso no sucedió en París sino luego de semana y media. Para ese momento, los manifestantes habían adquirido cierto grado de organización. CNN reportó que las protestas eran convocadas no mediante panfletos o acción callejera sino a través de blogs y mensajes de texto transmitidos por telefonía celular. Se generó una peligrosísima rutina en la que los comercios de la periferia parisina eran saqueados y hasta mil 400 vehículos incendiados en un solo día. Las pérdidas ocasionadas por esta omisión todavía no han sido cuantificadas.
Luego del miércoles 8, Chirac comenzó a hablar de lo necesario que era restablecer el orden, y solicitó a los prefectos aplicar medidas drásticas que pasaban por registros domiciliarios, incautación de todos los medios o herramientas usadas para subvertir el orden público, y la amenaza de deportación a los extranjeros tomados in fraganti al momento en que arremeten contra los bienes del entorno, públicos o privados. La expulsión del país sería en forma sumaria e independientemente de si el inmigrante posee o no carta de residencia en Francia.
La crudeza de los disturbios hacía pensar que se cometerían algunos excesos policiales, especialmente cuando se trata de imponer la calma en unas calles anarquizadas. El jueves 10, el alto gobierno francés anunció que suspendería a 8 policías porque dos de ellos habían golpeado a uno de los supuestos manifestantes en un suburbio parisino, mientras otros 6 miraban lo que sucedía. El mensaje a la policía fue claro: luego de 10 días de contención, viendo cómo las hordas enfurecidas saquean y destruyen la ciudad, salgan a la calle, pero sin golpear a los zagaletones. ¿Cuál será, entonces, el mensaje para los protagonistas de este alzamiento callejero?

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