Paz, con libros y a pie (17 al 23 de diciembre de 2007)

Paz, con libros y a pie
En una ceremonia por primera vez emitida en directo por televisión fuera de Bogotá, se entregó la novena edición del Premio Nacional de Paz a cuatro personas que simbolizan el optimismo, la perseverancia y la creatividad para hacer frente al conflicto armado en las condiciones más adversas, que son los valores que destaca este galardón desde su creación en 1999.
La ceremonia de entrega se hizo en el estudio de Telepacífico, en Cali, como homenaje a los secuestrados y a los diputados del Valle asesinados en cautiverio, y se retransmitió por los canales regionales. Dos de los galardonados son conocidos nacionalmente: el profesor Gustavo Moncayo y su hija Yuri, que este 21 de diciembre cumplirán 10 años clamando por la libertad de su hijo y hermano, el cabo segundo del Ejército Luis Emilio Moncayo, capturado por las Farc en el asalto al cerro de Patascoy.
Las otras dos premiadas son célebres en San Vicente del Caguán y en Puerto Leguízamo: la monja Reina Amparo Restrepo y la profesora Beatriz Loaiza, quienes, desde 1997, decidieron que la lectura podía evitar que los niños se fueran a la guerra en sus regiones y organizaron un círculo de lectores, en el que, una vez a la semana, reúnen a los niños a leer libros, dibujar y escribir. Su labor ha tocado a más de 10.000 niños.
Ambas experiencias son admirables. Llevan muchos años de persistencia y son la materialización diversa de la idea inscrita en la Carta de la Unesco: «La guerra empieza en la mente de los hombres, y es en la mente de los hombres donde se pueden empezar a construir los baluartes de la paz». Con libros, la hermana y la profesora. Y a pie, recorriendo Colombia y ahora en ruta hacia Venezuela, el profesor y su hija. Unos y otros les dicen a los colombianos que la violencia se puede enfrentar por medios no violentos.
Se entregaron dos menciones: al Programa de Atención a la Población Desvinculada de Bogotá, que atiende con éxito a 4.500 reinsertados de las autodefensas y la guerrilla en la capital, y a la Fundación Restrepo Barco, que entre sus muchas actividades se esmera por atender a la población en zonas de conflicto armado; fueron destacadas por el jurado como proyectos que aportan sustancialmente a la paz de Colombia.
Los ganadores del Premio (que otorga una alianza entre la fundación Fescol, el PNUD, El Colombiano, Semana, Caracol y EL TIEMPO) fueron escogidos entre 73 postulaciones, que incluyeron iniciativas educativas, culturales, de participación ciudadana y de apoyo a víctimas.
En años anteriores han sido premiadas organizaciones y personas tan diversas como las madres de la Candelaria, de Medellín, que son familiares de víctimas del conflicto; la Diócesis de Quibdó, que ha adelantado por años una labor ejemplar de denuncia contra las infracciones del derecho internacional humanitario y los derechos humanos en el Chocó; la Guardia Indígena del Cauca, símbolo de organización pacífica de una comunidad muy afectada por el conflicto; los campesinos asociados en Chocaguán, una fábrica de chocolate que es una alternativa de vida en medio de la coca que invade el sur del país; la Asamblea Constituyente con la que en Mogotes (Santander) la comunidad opuso una alternativa pacífica al chantaje armado de los violentos.
Muchos otros han sido galardonados y han recibido menciones. Muestra estimulante de un país que resiste, en silencio y trabajando con las uñas, a la degradación de un conflicto atroz.
Redactor de EL TIEMPO.
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