Póngale el ojo a la inseguridad ciudadana

Póngale el ojo a la inseguridad ciudadana
Bastará con estar en el lugar y momento equivocado, para que cualquiera sea victima del abanico de delitos que se da en la ciudad. Debemos comprender que en las grandes urbes como Río de Janeiro, Distrito Federal de México, Caracas o Lima, donde ya somos más de ocho millones de habitantes, estamos predispuestos a sufrir determinados episodios de violencia o delitos.
Nuestra ciudad de Lima, con sus inocultables contrastes sociales y marcadas diferencias económicas, muestra en sus calles una clara exclusión social, falta de oportunidades en la juventud, un sostenido desempleo y subempleo, informalidad y pobreza. Conjuga de alguna manera los dramas de las grandes Metrópolis.
Si a ello le sumamos un importante incremento en el consumo de alcohol y drogas, que trae consigo la vigencia de la ley de la selva en muchos ámbitos y actividades, como por ejemplo el pandillaje juvenil, todo esos factores inciden en un aumento delictivo. Hoy no sólo son victimas los que más tienen, también el ciudadano promedio y hasta los más pobres.
En el tema de la inseguridad ciudadana no todos compartimos la misma visión, es como la metáfora «de la botella medio vacía o medio llena». Veremos que hay una gran diferencia de entender y sentir la problemática entre unos y otros. Generalmente, para los que tienen la responsabilidad pública, el suelo está parejo y no hay mayores problemas. Otros estamos más que preocupados, ya que el accionar delictivo viene creciendo de forma sostenida y cada vez más violenta.
Además, tenemos que reconocer los problemas de las instituciones de seguridad pública, de justicia y del colapsado sistema penitenciario. Algunos sostienen que más se trata de percepción y hasta cierto punto es cierto, pero ¿qué es la percepción de inseguridad? Es aquello que mide la sensación del ciudadano frente a las condiciones de inseguridad en su entorno de vida, por tanto, la percepción de inseguridad es un aspecto de la política pública, ya que afecta a la calidad de vida, al comportamiento de los ciudadanos.
Consecuentemente, la percepción de inseguridad genera un deterioro urbano, se da un aumento de mecanismos legales e ilegales, de autoprotección, y se da una ruptura de solidaridad. A propósito, un lector, ¿se siente seguro en la ciudad? Según los últimos reportes, que son muy difíciles de conseguirlos, el robo de autopartes, hurtos en las calles, tentativa de robo y robos de viviendas, estafas, robos sin violencia y amenazas son los principales problemas de la ciudad.
El accionar del pandillaje, los asesinatos de sicarios del narcotráfico en la ciudad, asaltos en las carreteras, secuestros al paso no denunciados, entre otros, completan el abanico de delitos y riesgos que tienen que enfrentar los ciudadanos. Las cifras hay que tomarlas con pinzas ya que más del 50% de las victimas no hacen la denuncia. El patrón de denuncia en cada delito es irregular, pareciera que muchos de los funcionarios de las instituciones de seguridad pública y de justicia tratan de hacer «lo justo y necesario». Hacen esfuerzos aislados y tratan de no cometer errores de función que pueda significar la pérdida de sus puestos de trabajo.
En esas condiciones y con esa actitud es muy difícil enfrentar la criminalidad, lo sabré yo, que por tratar de mejorar las condiciones de seguridad en las prisiones tengo hasta la fecha un juicio. Por ello, propongo que el Estado mejore los mecanismos que protejan la actuación de los funcionarios, así como también sancione con todo el peso de la ley cualquier inconducta o exceso.
Si bien la Ley orgánica de municipalidades confiere a éstas algunas funciones en materia de seguridad ciudadana, en la práctica son muy limitadas. Por ello el pronunciamiento de los 18 alcaldes de la ciudad, quienes manifiestan no tener apoyo para la seguridad ciudadana.
Quien tiene la competencia del orden interno y de la seguridad ciudadana es el Presidente de la República y el Poder Ejecutivo. Para ello existe el Ministerio del Interior. Además, nuestra Constitución es muy clara en señalar que la Policía Nacional tiene como finalidad garantizar y mantener el orden interno, prestar protección a las personas y comunidad, dar seguridad al patrimonio, prevenir, investigar y combatir la delincuencia.
Finalmente, ya es tiempo que tengamos una visión compartida, consensuada e integral de la seguridad ciudadana y que ello sirva para sentar las bases, como referente para desarrollar estrategias y diseños adecuados a corto, mediano y largo plazo. Debemos buscar un marco articulador, no sólo de las instituciones de seguridad pública y de justicia, también de la ciudadanía, ya que somos los principales afectados.

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