Por un pelo (23 al 30 de julio 2004)

El análisis forense de los cabellos, también conocido como experticia tricológica, puede arrojar evidencias determinantes para la identificación de un criminal violento. También puede servir para arrojar luz sobre algunas incógnitas de la historia, o para corregir creencias equivocadas. Recientemente fueron divulgadas dos noticias que surgen precisamente de la revisión mediante las últimas tecnologías de los apéndices pilosos: 1) es posible que la cocaína no sea un invento moderno, sino tan antiguo como las momias; y 2) según el doctor Ben Weider, Napoleón Bonaparte fue asesinado mediante un envenenamiento progresivo.
Pero la revisión de cabellos o pelos tiene un sentido práctico muy actual, como es contribuir en la identificación de los criminales. La búsqueda en internet nos ha puesto ante un trabajo del afamado agente Douglas Deedrick, jefe de la Unidad de Búsqueda de Evidencias del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en Washington D.C., uno de los funcionarios llamados a declarar como experto en el caso que implicó al jugador de fútbol americano y actor O. J. Simpson.
El artículo, divulgado inicialmente en la publicación institucional Forensic Science Communication (Julio de 2000), indica cómo es conducido en la mayoría de las veces un examen de apéndice piloso: una muestra colectada en el sitio del suceso, cuyo origen se desconoce, es vista a través del “microscopio de comparación” en forma simultánea con otra cuya fuente está plenamente identificada. El experto buscará en primer lugar saber si la muestra proviene de una fuente humana o animal. Si es animal, intentará saber de qué especie proviene, y si es humana de qué parte del cuerpo salió (generalmente el pubis o la cabeza) así como su grado de crecimiento.
Las similitudes entre las muestras “dubitadas” y las de origen conocido permiten trazar silogismos que asocian a un sospechoso con la víctima, y a ambos con el sitio del suceso. Por eso Kirk y Thornton señalan que un cabello es “extremadamente importante como evidencia física”.
“Debe ser colectado en cada caso y ser sometido a un análisis exhaustivo. El investigador de laboratorio que lo hace debe tener un amplio conocimiento de la naturaleza general del cabello y una cantidad razonable de experiencia en su examen. Excepto de los simples análisis preliminares, es peligroso depender de un solo criterio para el estudio de un cabello hallado como evidencia”, indican los tratadistas.
Los apéndices pilosos analizados con microscopio pueden indicarle al ojo experto la raza y la edad aproximada de la persona de la que fue sustraído. Incluso, pueden revelar si una persona consumía drogas o si frecuentaba a grupos de consumidores, y cuándo fue la última vez que lo hizo.
Pero, como sucedió en el caso Simpson, una experticia tricológica puede resultar totalmente inútil si desde que las muestras son colectadas en el sitio del suceso no son respetadas las normas básicas sobre protección de la cadena de custodia. Este es el ABC del trabajo del investigador. Lo básico. Pero en esto hasta los más experimentados cometen errores.

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