¿Qué diablos podemos esperar?

Salea la luz hoy, en las informaciones de la prensa[1],la solicitud de inhibición incoada por el general Efraín Vásquez Velasco contrael ya tristemente famoso Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, abogadoIván Rincón Urdaneta. Alegato expuesto: ante el vacío de poder derivado de larenuncia del tcnel retirado Hugo Rafael Chávez Frías la noche del 11A; habiendotratado de ubicar al vicepresidente y al presidente de la Asamblea Nacional–quienes se encontraban desaparecidos de la escena, uno ”enconchado”, el otrobuscando asilo–, para que asumieran el poder de acuerdo a los establecido porla Constitución, se comunicó con el Presidente del TSJ, último nivel en lalínea de sucesión ante la falta absoluta del presidente. Impuesto de lospormenores, Iván Rincón Urdaneta, habría aceptado.

¿Por qué sorprenderse?

¿Nofue Iván Rincón Urdaneta, aquel abogado graduado en la Universidad del Zuliaquien en 1985 fuera propuesto por lo más granado de la Industria de laIlegalidad zuliana y llamado por Jaime Lusinchi para integrarlo al PoderJudicial con la expresa misión de cerrar el caso de “Los Pozos de la Muerte”[2]?.¿No fue el mismo que, para cumplir con la orden presidencial, citó a lostestigos claves del caso, les preguntó y contra–preguntó para hacerlos caer encontradicciones y visto fracasado su empeño, eliminó del expediente lascomprometedoras declaraciones –para ministros, gobernadores y jefes policialesen funciones– y luego, en una acción, imposible de catalogar en un rangodistinto al de confabulación criminal –de la cual formaron parte tanto losfuncionarios responsables de la Fiscalía General, el gobernador en persona y lajefatura de la policía de investigación criminal regional y local– procedierona: 1) vaciar cemento en el aljibe o pozo de donde se habían sacado ya cuatrocadáveres y medio; 2) derrumbar con un tractor la pared donde ciudadanos eranfusilados por funcionarios de policía; 3) limpiar, mediante arrastre por lapala del tractor de todo posibilidad de videncia sobre el terreno circundanteal pozo y la pared?. ¿No fue ese un acto político? En nada jurisdiccional,puesto que el argumento que lo soportaba era la “Razón de Estado”[3].

¿Colusión Criminal?

Conesa acción política ejecutada por instrucciones precisas del presidente JaimeLusinchi, canalizadas por órgano del Ministro de Justicia José Manzo González,supervisadas in situ por elgobernador Omar Barbosa Gutierrez –quien declaró a los medios que esos eran“huesos de vaca”–, ejecutada sobre el terreno intelectual por el “juez” IvánRincón Urdaneta, el Fiscal del Ministerio Público y en lo material por losjefes policiales nacionales y locales –entre otros, Pedro Arturo Torres Agudo,Porfirio Valera, Yánez Pasarella, Eleazar Cuotto Rendón, Pedro José PadrinoGómez, Antonio Briceño, Pablo Guzmán, hoy vice ministro de Interior yJusticia–, personal de la policía de investigación criminal y con apoyo delcomando de la policía uniformada, no sólo se puso punto final a lasinvestigaciones sobre los Pozos de la Muerte –donde ni tan siquiera sacaron delpozo la mitad del quinto cadáver que aún quedaba en el fondo–, sino que segeneró trascendentes efectos sobre otros casos criminales –vinculados o no– quesiguieron por el mismo camino: el cómplice silencio de la jurisdicción[4].

Complicidad, co-autoría, colaboracióninmediata, negligencia, incompetencia ¿serían o no términos a aplicar? Que lorespondan los expertos. Allí están los hechos y allí sus gestores y ejecutores,falta la investigación, juicio, y condena, o quizás, la absolución.

¿Técnicamente,no forma parte una coordinada ejecución de ese tipo con lo que se expresa y comúnmente se denomina “CrimenOrganizado”, y que yo denomino: La Industria de la Ilegalidad?. O, ¿tiene otronombre?

¿Aquién benefició en aquel momento el crimen?; ¿a quién el crimen ha beneficiadoy beneficiará ahora?

¿De carrera? O, ¿A la carrera?

¿Nofue Iván Rincón Urdaneta aquel abogado que fue designado a dedo para el cargo yluego para la presidencia del TSJ sin estar en posesión de ninguno de losméritos académicos, profesionales y ciudadanos exigidos en forma taxativa porla Constitución de 1999 para optar y asumir el cargo, y soportado en un argumentofalaz: “… Pero a mi no me hace falta porque la Constitución establece quequien necesita el doctorado para venir aquí es el que aspira desde el ejerciciode la profesión; pero yo soy de carrera judicial…”[5]?

¿Yqué carrera?. Una que comenzó como él mismo lo reconoce a Sebastian De la Nuez,en 1985 con la específica misión de cubrirle la espalda a bandas organizadas,entre ellos, los asesinos de los Pozos de la Muerte.

Algunosméritos, en la Venezuela dicha revolucionaria, son importantes

Comosiempre he afirmado, hay funcionarios jerárquicos de carrera, pero también hayotros muy comunes y abundantes, cuyas jerarquías no pueden ser denominadas deotra forma que “a la carrera”. Esos que se levantan en un golpe de suerte,apalancados, y escalan posiciones en su “carrera” mediante la adulancia, elrastra-cuerismo, o jalabolismo. Eso lo hacen, arrodillados, lamiendo pisos ycomplaciendo con creces los deseos del jefe de turno –independiente de que seadel ayer o del hoy, civil o militar–; dentro del más depurado estilo de lasiempre peligrosa, sargentada.

¿Nofue Iván Rincón Urdaneta, ya como Magistrado del TSJ, el ponente de las másfamosas sentencias –tele-dirigidas desde Miraflores– que se hayan conocido enlos anales del Foro en Venezuela: la supra-constitucionalidad, latransitoriedad; la “ñapa” en el lapso del período presidencial; la sentencia1.013; el caso Montesinos?.

¿Puedeun “Magistrado” de tan excelso “currículum” –muestra de tales característicasmorales y éticas–, tener una reacción distinta? ¿Y qué de particular tieneentonces? que, ante tan apetitoso manjar que le estaba poniendo en su mesa elgeneral Efraín Vásquez Velásco –asumir la presidencia de la República–, surespuesta fuera afirmativa. Hasta adelantó su renuncia al TSJ, ya, exitado, enéxtasis, se veía en el acto protocolar, con la banda cruzada al pecho, enpomposa ceremonia y luego presidiendo el desfile militar en honor a su“sacrificio”.

¿Noes ese el summun del éxito, eseinesperado “mérito” para su “bril
lante carrera”?. ¿Puede pedírsele a un serhumano administrador de una parodia de justicia, de tan particular currículum–no se si prontuario, como el que les es propio a connotados miembros de la“revolución”–, despreciar tal oportunidad?. La suerte llamó a su puerta.

Éxitogarantizado

Cuando la Industria de la Ilegalidaduna vez más en la historia venezolana, tenga otro dúctil y eficiente miembrodel “Tercer Nivel” de nuevo en posiciones de poder, esta vez en el centro delpoder, Miraflores, en materia de Seguridad Ciudadana, Política Criminal,Política Militar y Policial y en la Administración de Justicia, la sociedadvenezolana en su conjunto y cada uno de los ciudadanos que la integramos,tendremos “más de lo mismo, pero peor”:

Entonces: ¿Qué diablos podemos esperar?.¿Algo distinto a lo sucedido a todo lo largo de estos últimos 37 años?. Ynótese que la fecha es especialmente precisa, a los efectos de otros notablesy/o notorios hombres del mundo político, policial y judicial que hoy, en mediode una severa crisis institucional, de nuevo pretenden copar la escenapolítica.

(*) Comisario General


[1] Alejandra M Hernández F.; El Universal jueves 06/05/02, página 1-6.

[2] “… Comenzó hace 16 años en el poder judicial…, de la mano de AD… Se inauguró como juezcon los pozos de la muerte, en 1985…”. Sebastian De la Nuez; Tal Cual viernes29/06/2001, pág.7.

[3] La sin razón en derecho

[4] Véase a este tenor y sólo para referirnos al estado Zulia: secuestro ymuerte del menor Rafael Antonio “Macho” González; desaparición y muerte deMario José Urdaneta Perché “El Mocho”; asesinato de Marta Lucía Charry,torturas y desaparición forzada de ciudadanos; además de importantes casoscriminales tanto de robos, hurtos y contrabando de leche en la expresión ligth como de asesinatos por encargo,tráfico y comercialización de drogas, en su expresión heavy.

[5] Sebastian De la Nuez, citado

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