Seguridad ciudadana: experiencias y desafíos (18 al 24 de agosto de 2008)

Seguridad ciudadana: experiencias y desafíos
En las últimas décadas, hemos asistido a un creciente protagonismo de las preocupaciones relativas a la criminalidad y la violencia e inseguridad urbanas, tanto en la agenda pública como en la preocupación ciudadana y la literatura urbanística en América Latina.
Bajo la denominación genérica de «seguridad ciudadana», estas preocupaciones ponen en el centro del debate cuestiones relativas no sólo a los costos crecientes del aumento de la violencia, la segregación urbana o la estigmatización de grupos y poblaciones completas, sino a los procesos mismos de consolidación democrática que se encuentra viviendo actualmente la región, toda vez que en ellas se articulan determinantes económicos, políticos, sociales y culturales.
Este volumen, editado por Lucía Dammert, hace parte de esta discusión a partir de una serie de trabajos preparados por especialistas provenientes de las esferas de la gestión pública y de la academia, y se articula en torno al tema de la seguridad ciudadana a nivel local, considerando tanto una discusión conceptual como las diferentes posturas sobre las políticas públicas y experiencias temáticas y territoriales desarrolladas en el último tiempo en la región.
El texto se compone de siete trabajos, organizados en tres partes: «Marco conceptual»; «Experiencias temáticas» y «Experiencias territoriales». En la primera se pretende establecer un marco para el análisis y elaboración de políticas más allá de las nociones acotadas a las instituciones policiales y de justicia únicamente, buscando abordar la seguridad ciudadana como una problemática propiamente urbana. Tres artículos integran esta sección: «Espacio público y espacio político», de Jordi Borja; «La calle, la cárcel y otras rutinas de los ladrones», de Alejandro Isla; y «Seguridad urbana y tácticas de prevención del delito», de Máximo Sozzo.
Borja aborda el problema de la seguridad ciudadana apuntando la necesidad de construir ciudades con espacios públicos que permitan el establecimiento de lazos de confianza y expresión y la formación de colectividades, proponiendo al mismo tiempo considerar ámbitos específicos como la escuela y la calle, así como las vivencias de jóvenes, mujeres y niños.
El texto de Isla apuesta por escuchar la voz de quienes cometen delitos, permitiendo que aquellos signados muchas veces como victimarios comparezcan en tanto víctimas de un sistema estigmatizador, excluyente e intolerante. Sozzo analiza detalladamente las políticas de prevención de la criminalidad, la manera en que son implementadas, sus fundamentos teóricos y sus efectos y consecuencias, evidenciando la significativa importación de estas políticas en la región –aun aquellas cuya efectividad no ha sido probada en otros contextos.
En la sección «Experiencias temáticas» se discuten comparativamente cuatro materias: jóvenes y pandillas, participación comunitaria, policía comunitaria y realidad penitenciaria. Testimonios de una precariedad importante a nivel institucional en relación con estos tópicos, forman parte de esta sección los trabajos «El que la debe la paga. Pandillas y violencias en Colombia», de Carlos Perea; «Participación comunitaria en prevención del delito en América Latina. ¿De qué participación hablamos?», de Lucía Dammert; «Policía comunitaria y reforma policial en América Latina», de Hugo Frühling; y «El sistema penitenciario mexicano», de Elena Azaola y Marcelo Bergman.
Perea aborda la situación de los jóvenes que son estigmatizados por la mayor parte de la población, planteando problemáticas de urgente consideración al momento de analizar y enfrentar la violencia juvenil. Dammert apunta la necesidad de proponer marcos de acción específicos para la participación de la población en la prevención del crimen, con la finalidad de contrarrestar los procesos de segregación y estigmatización, cuidando de no sobre-responsabilizar a la comunidad en relación con un tema que supera sus reales posibilidades de acción.
Frühling expone una interesante perspectiva relativa a la búsqueda de una mejora de los servicios policiales en la prevención y el control del delito, pero que lamentablemente ha tenido sólo un efecto focalizado en determinados ámbitos. Azaola y Perea abordan uno de los principales problemas relativos a la seguridad ciudadana, como es el sistema carcelario, resaltando las coincidencias que el caso analizado (México) presenta con otros contextos nacionales.
Finalmente, en la tercera parte la seguridad ciudadana es considerada desde un enfoque territorial, a través de los artículos «La inseguridad ciudadana en la comunidad andina», de Fernando Carrión; «Ciudadanía social y violencias en las ciudades centroamericanas», de Mario Lungo y Roxana Martel; «El gobierno de la seguridad en Chile, 1973-2003», de Lucía Dammert; «Nuevo enfoque para la seguridad ciudadana post-Fujimori: desafíos, realizaciones y tareas pendientes», de Gino Costa; «La caída del crimen en Bogotá: una década de políticas de seguridad ciudadana», de María Victoria Llorente y Ángela Rivas; «O poder local e a segurança pública no Brasil: quadro geral e experiêcias», de Elói Pietá; y «Políticas públicas de seguridad ciudadana: el caso de Quito», de Daniel Pontón.
Carrión refiere una región andina en crisis por el aumento de la violencia, la criminalidad y la inseguridad en casi todos sus países, dando cuenta de una «violencia moderna» caracterizada por una utilización específica en relación con la comisión de actos delictivos.
Lungo y Martel reflexionan sobre la situación de los países centroamericanos, que en las últimas décadas han vivido profundos cambios estructurales: guerras civiles, destrucción del aparato del Estado, reformas de las instituciones policiales, entre otros, ejemplificando para el caso de El Salvador cómo estos procesos históricos desempeñan un papel de relevancia en relación con la violencia en la actualidad.
Dammert pasa revista a las políticas de seguridad ciudadana implementadas en Chile en las últimas dos décadas, señalando la manera en que progresivamente se ha ido avanzando hacia una definición de política con una creciente participación de la ciudadanía, correlativa a una mayor –aunque insuficiente- subordinación de las instituciones policiales. Costa observa las iniciativas desarrolladas en Perú con posterioridad a la «era Fujimori», señalando cómo por diversos motivos éstas son sucesivamente adoptadas y luego descartadas.
Llorente y Rivas se refieren a las políticas municipales de seguridad que han sido implementadas en Bogotá en los últimos 12 años, y analizan el impacto que han tenido en la disminución de la violencia y la criminalidad, enfatizando la importancia de la innovación y la creatividad en relación con la sostenibilidad de estas iniciativas políticas en el nivel local.
Pietá expone los fundamentos de la política de seguridad implemen-tada en Brasil, a partir de una perspectiva que integra las instituciones policiales en la prevención y el control local de la seguridad. Finalmente, Pontón revisa las iniciativas llevadas adelante por el Municipio de Quito, que manifiestan las posibilidades que pueden tener las acciones locales centradas en las necesidades focalizadas de la población, a través de una adecuada inversión en prevención situacional y control policíaco.
A pesar de la diversidad temática y metodológica de los trabajos incluidos en este volumen, expresión de las aproximaciones interdisciplinarias propias del ámbito de estudio, resaltan algunas preocupaciones comunes a todos los trabajos presentados: el temor como elemento unificador de la experiencia urbana cotidiana, que afecta las interacciones sociales y el desarrollo mismo de las ciudades; las diferentes sub-culturas que expresan estos conflictos con puntos de vista y códigos propios (los jóvenes, las pandillas, la policía, los presos, etc.); la violencia como fenómeno multi-causal y multi-dimensional, que demanda la consideración de las particularidades locales en cada caso; y finalmente, la importancia de la ciudad como el escenario a partir del cual se despliegan estos discursos y acciones, dando forma a nuevas relaciones con el territorio.
En esta confluencia de intereses radica quizá el mayor interés de este libro, toda vez que permite identificar con claridad los tópicos más relevantes en la discusión sobre la seguridad ciudadana, así como los actores e instituciones involucrados en esta problemática, procurando sortear tanto una politización estéril de la discusión como una adopción acrítica de postulados y estrategias desarrollados en otras partes del mundo; en definitiva, buscando establecer un diálogo fructífero sobre el tema vinculando actores y experiencias desarrolladas en la región.
Diego Campos*
* Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales, P. Universidad Católica de Chile. E-mail: ddcampos@puc.cl.
FUENTE:
Revista eure (Vol. XXXI, N° 939; pp. 113-115, Santiago de Chile, agosto 2005
Valparaíso: I. Municipalidad de Valparaíso, Red 14, Programa URB-AL (2004).
Volumen editado por Lucía Dammert

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