Triste fin de año (31 de diciembre de 2007 al 6 de enero de 2008)

Triste fin de año
En lugar de la feliz y esperada noticia de la liberación de Clara Rojas, su hijo Emmanuel y Consuelo González, los últimos cinco días del año se convirtieron en otra gran frustración para los colombianos. Una más por cuenta de la cruel intransigencia de las Farc, que decidieron suspender la entrega de tres secuestrados a sus familias, ante el desconcierto de los comisionados de seis gobiernos y de la prensa internacional, que fueron testigos de primera mano de las increíbles dificultades, aun para que se concrete un acuerdo humanitario mínimo como es esta liberación.
Entre el miércoles, cuando el presidente Hugo Chávez anunció en rueda de prensa la ‘Operación Emmanuel’, prometiendo que si el Gobierno colombiano accedía los tres rehenes estarían de vuelta en sus casas en menos de 48 horas, y el lunes por la tarde, cuando leyó el comunicado en que las Farc aplazaron la entrega, alegando falta de seguridad, Colombia y el mundo estuvieron en vilo. Los comisionados internacionales esperaron en vano las coordenadas para ir a buscar a los secuestrados. Y todo se saldó sin su entrega y con otra escalada en la tensión entre Colombia y Venezuela.
El presidente Álvaro Uribe aseguró que no ha habido combates en la zona donde se haría la entrega, ofreció un corredor de seguridad para realizarla y soltó una ‘hipótesis-bomba’: la demora obedece a que Emmanuel no estaría en poder de las Farc, sino que habría sido entregado en el 2005 al ICBF en el Guaviare. Chávez contestó que no creía en el Gobierno colombiano y sí en las Farc, y criticó la hipótesis como una «bomba de humo» y un intento de «dinamitar» la entrega.
Más allá de la tensión entre los dos gobiernos, el hecho es que las Farc, no contentas con el vasto despliegue internacional de propaganda que representa la ‘Operación Emmanuel’, volvieron por enésima vez a mamarle gallo a todo el mundo. Y lo hicieron con la pasmosa crueldad a que nos tienen acostumbrados. Hora tras hora, fueron aplazando la entrega de las coordenadas y convirtieron esos días casi vacíos de noticias en un show de suspenso que ocupó las primeras planas de los medios.
Como si esto no bastara, la hipótesis del Gobierno colombiano sobre Emmanuel dio un toque macabro a este triste fin de año. ¿Qué sentido tiene hacer semejante anuncio sin que se dispusiera de las pruebas de ADN o sin hablar primero con doña Clara de Rojas? Parece altamente improbable que un gobierno lance semejante hipótesis sin una sólida base. De ser cierto, el cinismo y la maldad de las Farc habrían rebasado todo límite.
¿Qué sentido, entonces, tiene esta tenebrosa farsa de las Farc de jugar con la suerte de un niño que dicen tener secuestrado pero que hace dos años supuestamente fue entregado al ICBF con evidentes señales de maltrato y desnutrición? Algo tan horrendo es difícilmente imaginable. Y, sin embargo, los colombianos, acostumbrados a toda suerte de horrores, acaban el año con semejante noticia, que añadiría un nuevo capítulo a esta interminable saga de degradación humanitaria que caracteriza a las Farc.
Preocupa, además, lo que viene. Los comisionados internacionales abandonaron el país y no se sabe cuándo volverán. ¿Habrá liberación? ¿Cuándo y en qué condiciones? No le queda bien a un jefe de Estado como Chávez continuar echando gasolina a su enfrentamiento con Uribe para bajarle el tono al engaño de que ha sido objeto por parte de las Farc. Tampoco le conviene avalar las versiones de este grupo armado ni cuestionar las garantías que con tanta insistencia ha ofrecido el Gobierno colombiano para que la operación humanitaria culminara con éxito.
Lo único cierto es que a las Farc parecen importarles poco los buenos oficios de la comunidad internacional, que con innegable generosidad movilizó a destacadas personalidades para traer a la libertad a tres indefensos colombianos. ¿Cuánto más puede estirar Chávez sus diferencias con el presidente Uribe en aras de lograr el intercambio humanitario? Por el momento, las grandes perdedoras son las Farc, que siguen usando la vida de dos mujeres y un niño para mofarse de todo el mundo. Incluido el mandatario venezolano.
editorial@eltiempo.com.co

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.