Un asesinato anunciado (24 al 30 de diciembre de 2007)

Un asesinato anunciado
Nada pudo el vasto aparato de seguridad que la cuidaba ante la decisión de cobrar con su vida a Benazir Bhutto su regreso a Pakistán, después de años de exilio. Luego de la doble explosión que la recibió a su regreso, en octubre, que costó la vida a 130 personas y de la que salió milagrosamente ilesa, ayer la dos veces primera ministra de Pakistán, de 54 años, fue asesinada de dos tiros en el pecho y el cuello por un desconocido que procedió a explotarse y matar así a 16 personas más.
Pakistán pierde a su figura política más notable, y el país, ya en conmoción, queda sumido en la que es quizá la crisis más grave desde su creación, en 1947. Quedan en vilo las elecciones previstas para el 8 de enero, en las que Bhutto, con su Partido del Pueblo de Pakistán, era la principal contendora, y que otro candidato, el ex primer ministro Nawaz Sharrif, llamó a boicotear, pidiendo la renuncia del dictador-presidente, Pervez Musharraf.
Miembro de una dinastía célebre y trágica, Benazir Bhutto fue, entre 1988 y 1990, la primera gobernante musulmana elegida en el mundo, y repitió en el cargo entre 1993 y 1996. Su padre, Zulfikar Alí Bhutto, gobernó en los años 70, fue depuesto por un golpe militar y ejecutado en 1979. Ella pasó cinco años en confinamiento solitario y escapó del país, para volver en 1986 y ser elegida primera ministra. Acusada de corrupción, junto con su marido, en las dos ocasiones en que gobernó, volvió a exiliarse en 1999. Sus hermanos, Shanawaz y Murtaza, fueron asesinados en 1985 y 1996. Educada en Harvard y Oxford, joven y hermosa, cuando llegó por primera vez al poder era vista como una figura refrescante y democrática. Con los escándalos de corrupción, aunque nunca se le probó nada y ella siempre alegó que se trataba de acusaciones políticas, se tornó en un símbolo más controvertido.
Volvió a armar polémica con su retorno en octubre, con las acusaciones de corrupción levantadas por orden de Musharraf, sobre la base de un arreglo de reparto del poder con él, que lleva varios años caminando en la cuerda floja de una alianza con Estados Unidos en su ‘guerra contra el terrorismo’ y el crecimiento del fundamentalismo islámico, ligado a Al Qaeda, que tiene su santuario en una zona tribal fronteriza con Afganistán. El acuerdo fracasó cuando Musharraf intentó mantenerse en el poder mediante la ley marcial, que fue suspendida solo días atrás, ante la intensa presión para realizar las elecciones del 8.
Con el asesinato de Benazir Bhutto, personaje que Estados Unidos y sus aliados confiaban pudiera servir de recambio ante la intolerable impopularidad de Musharraf y de contención a una militancia islámica radical cada día más agresiva y poderosa, Pakistán continúa hundiéndose en un camino sin retorno. Otro frente que se le abre a Washington en su terca ‘guerra contra el terrorismo’, que parece predestinada a crear inestabilidad en lugar de contrarrestarla.
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