Una revisión del "stopping power" a la luz de la guerra en Irak

La actual guerra en Irak nos coloca frente a dos escenarios tecnológicos a primera vista contradictorios. Por un lado tenemos el netamente militar y por el otro uno mixto de confrontaciones irregulares en paisajes urbanos con enfrentamientos de intensidad variables donde por razones de la misma naturaleza del combate se encuentran involucrados diversos factores en los que no falta el de la victima civil ajena al enfrentamiento si es que existe alguna.
La respuesta a ambos en términos de armas, municiones y equipos es la misma ya que una de una de las partes en conflicto es el ejército de los Estados Unidos y en este caso el equipo es estándar hablando del soldado, es decir, pistola Beretta M9, fusil M16A2/M4, munición 9mm Ball M885 y .223 Ball SS109. Esta es la configuración básica de armas del marine norteamericano.
En términos del enfrentamiento militar puro todo indica que estamos frente a una respuesta adecuada. El problema empieza cuando cambiamos de escenario al enfrentamiento urbano. Aquí la cosa se complica. La preguntas es inmediata: ¿Por qué? ¿Se adapta este equipo básico y las tácticas diseñadas específicamente para el a los requerimientos del combate urbano?
La respuesta no parece estar clara para nadie. No lo es ahora, no lo fue en 1992 cuando los sucesos de los Angeles, en Estados Unidos, tampoco en 1996 en el Bank of América también en EEUU por referirnos a algunos. Y lo mas paradójico aun con los avances tecnológicos los mismos mitos siguen subsistiendo paralelos a la realidad.
Con este marco referencial vamos entrando en materia para analizar el comportamiento de las municiones y cómo ha ido evolucionando. Independientemente de caer en la discusión de dónde empieza y termina el ámbito policial y el militar, actualmente vemos cómo se usa indiferentemente armas y municiones para las dos concepciones.
En nuestro país es normal ver en manos de un policía de investigación, uno regional, un comando y un militar el mismo equipo, digamos el FN P90 con su munición especial cal. 5.7 x 28, por decir alguno entre muchos. La pregunta es: ¿Se adapta perfectamente a todos los usos antes descritos esta configuración o lo que es lo mismo al fin la tecnología consiguió un arma y munición multipropósito válido en todos los escenarios de uso?
Como siempre, habrá muchos alegatos a favor y en contra. Lo que sí es cierto es que esta mezcla de usos nos devuelve a una discusión clásica sobre la existencia de una munición efectiva y confiable para todas las armas y en todos los escenarios. En este punto volvemos al viejo dilema: munición FMJ con los consiguientes problemas de sobrepenetración o munición HP (Hollow point) punta hueca con la duda sobre su confiabilidad en condiciones variables.
Quiero aclarar que cuando me refiero a la munición FMJ no solo quiero resaltar la característica de munición con punta blindada sino que quiero hacer énfasis en la condición de munición sólida y de forma redondeada lo que la hace necesariamente más confiable en términos del funcionamiento del arma. Esta razón y la de la escasa transmisión de energía fueron las características que satisficieron a los militares en el mundo y a los encargados de proteger los derechos humanos.
Ahora estamos claros en que para efectos de los escenarios urbanos la orientación en el uso de municiones está dirigida a una que ofrezca grandes cantidades de transmisión de energía, que sea rápida y efectivamente deformable y que sea confiable, es decir, poca o ninguna posibilidad de sobrepenetración, quedarse dentro del blanco impactado para garantizar la mayor transferencia de energía y que no produzca interrupciones de disparo atribuibles a la munición. Esto satisface a las organizaciones de derechos humanos y a los cuerpos policiales en el mundo y también a los civiles que portan armas para su defensa. Sin embargo, una solución que satisfaga ambas posturas debería ser la deseable para todas las partes involucradas. La tecnología ya dio con una de las respuestas, pero eso lo evaluaremos en otra entrega.
Vamos a Iraq, que es el punto a tratar, y para este fin analizaremos un incidente lamentable que ocurrió en marzo del año en curso y que desencadenó una polémica en cuanto al uso de munición blindada para escenarios urbanos. El hecho es el siguiente: una camioneta tipo van iraquí no se detuvo en un punto de control del ejército norteamericano y los soldados abrieron fuego contra la van, matando a varias mujeres y niños que iban adentro.
El dilema es el siguiente: ¿fue un accidente o una provocación en la cual los iraquíes forzaron a estas mujeres y niños a entrar en la van con un chofer suicida que deliberadamente rehusara obedecer la orden de detenerse del punto de control y originara esta tragedia?.
Paralelamente se formó una matriz de opinión en cuanto al entrenamiento militar en el uso de armas de fuego ya que muchos “sabios” en materia de uso de armas declararon a la opinión pública que los soldados han debido disparar al motor y así detener la van y evitar la masacre, etc.
Este es el tipo de comentarios sin sentido de gente que no sabe nada sobre armas de fuego, que no poseen armas de fuego y que aun poseyéndolas no invierten tiempo de calidad investigando y entrenándose con las mismas que no se debe oír. Volvamos al aspecto técnico del problema. Asumamos (falsamente) que una bala pudiera incapacitar el motor de un vehículo. Que no lo hizo en este caso por razones de velocidad y distancia de la van con el punto de control. Si la van se desplaza a 80 KPH y el conductor clava los frenos como decimos en criollo, ésta toma algunos metros para que los frenos la paren en seco. Una bala no tiene ni remotamente control ni efecto de frenos. Asumamos (falsamente) que el motor de la van es incapacitado por una bala lo que significa que no existe mas potencia del motor. Sin esta potencia cuanta distancia recorrería la van por inercia que viene desplazándose a 80 KPH antes de detenerse por completo para que los soldados sometidos al estrés del momento no hicieran algo (acto reflejo) por reducir su velocidad y en consecuencia proteger sus vidas. ¿Tendrían suficiente tiempo para reaccionar?. Mucho más cuando estos soldados en base a los antecedentes pueden asumir que el conductor de la van tenía una bomba y planeaba detonarla entre las tropas como es normal en ese conflicto.
Cualquier soldado en esa posición habría comenzado a disparar cuando la van no se detuvo. El arma regular de los soldados norteamericanos es el fusil M16A2/M4 que utiliza munición .223. El .223 es un .22 altamente poderoso, es muy pequeño en comparación al 9mm de la Beretta M9 y tiene mucha más penetración debido al factor de forma, estructura blindada y por que viaja a velocidades muy elevadas entre 2080 y 3169 pies por segundos (fps) con coeficiente balístico que varía de 0.243 y 0.267 para una punta de 55 grains.
En el caso del calibre .223 el paso del cañón es decir, la longitud de la estría es determinante por que ésta es la que estabiliza el vuelo de la bala. Las armas de este calibre tienen que considerar esta relación como condición de vida para garantizar efectividad.
Voy a quedarme en el ámbito militar para no extenderme mucho. La munición .223 que usan los militares son de dos pesos regularmente para una distancia máxima de 600 m. Una de 45 grains (M193) y una de 55 grains (SS 109). El más común es el uso de la de 55 grains por que a mayor peso tiene más estabilidad para la distancia establecida en función del viento. El paso de cañón estándar de los fusiles M16A2/M4 es 1:7. este paso garantiza la mayor estabilidad de vuelo del proyectil además de prolongar la vida útil del cañón cuando se usa en modo automático por períodos prolongados, aunque esta es una garantía relativa y por eso los fabricantes concibieron el modo “burst” de disparo que consiste en ráfagas cortas de tres disparos con el fin de proteger el cañón. De manera que esta es la combinación más efectiva munición .223 de 55 grains con paso de cañón 1:7.
Existen otros pasos de cañón para el M16A2/M4 como son el 1:8.5, 1:9, 1:10 y el 1:13. Estos pasos son más frecuentes en las configuraciones del M16A2 para uso de precisión tanto policial como deportivo, ya que no se recomiendan los modos automático ni «burst» porque causaría severos daños al cañón.
Ahora, con todo esto el .223 ha probado repetidas veces no tener el suficiente poder de parada (stopping power) para detener un hombre que haya sido disparado e impactado por él. De manera que si hubiesen disparado una buena cantidad de tiros -200 por decir algo- al compartimiento del motor tal vez alguno habría dañado seriamente el radiador y asi la van se hubiera detenido 15 minutos después cuando se recalentara por falta de agua, pero en tanto se habría seguido desplazando a la misma velocidad que traía. También es posible que en esa cantidad de disparos (200) uno ó dos hubieran dañado el motor lo suficiente para pararlo pero igualmente la inercia habría hecho que la van se siguiera desplazando hasta que se parara lentamente por ella misma.
Hay que tomar en cuenta que uno de los retos más importantes en términos de efectividad que enfrenta un oficial que tiene que utilizar una munición como la .223 es la sobrepenetración cuando el escenario de operaciones es urbano, por que puede ocurrir que una bala al no disponer de paradores seguros sobre todo en áreas pobladas atraviesen obstáculos primarios como paredes delgadas, separadores y vidrieras y cualquier otro material de construcción donde un peatón inocente sorprendido por un enfrentamiento pueda ocultarse.
Esta característica de la munición regular de los soldados del punto de control explica por que las balas traspasaron la van y causaron las muertes reportadas. La utilidad defensiva de un arma de fuego y una munición determinada requiere entre otros puntos hacer muchas precisiones para evitar los mitos que nos ha sembrado el cine, por ejemplo, la admiración exagerada de los propietarios de un arma específica al crear anécdotas sin sentido y sobre todo los cuentos sobre incapacitación y efecto de knock-out de algunos calibres, pero este tema ya lo desarrollaremos mas adelante.
No podemos negar que las armas de fuego representan no solo la única sino la más práctica respuesta para víctimas que son superadas físicamente por agresores criminales.
Una de las precisiones que considero debe hacerse es la tendente a aclarar que el poder de un arma de fuego es una variable comparativa, que no hay un arma perfectamente efectiva que expuesta contra un atacante lo obligue a correr ya que en la mayoría de los casos éstos no se asustan con esta exposición y en vez de una reacción de huida lo que se provoca es un enfrentamiento en el cual ambos lados puedan sufrir daños severos o la muerte. Por esto ante la posibilidad de que la van de Iraq fuera un coche bomba común en esa zona los soldados no tuvieron más remedio que utilizar el único medio que tenían a la mano para protegerse. Esta situación nos coloca frente a escenarios complejos de ambientes demandantes donde es necesaria la utilización de armas de fuego y los fabricantes tienen que adecuar al máximo la efectividad terminal para reducir el riesgo de sobrepenetraciones completas que pongan en peligro vidas inocentes. Como ya dije existe una respuesta que desarrollaremos en otra entrega que intenta que esas municiones con características críticas tiendan a quedarse dentro de los blancos, cedan la energía suficiente para causar incapacitación y no presenten riesgo de sobrepenetración. Las investigaciones asocian términos como precisión, velocidad y coeficiente balístico por eso lo cité al principio y a igualdad de términos el “momentum” de la bala es proporcional a la penetración, mientras la construcción de la bala es una variable. Nótese que para los efectos de este artículo solo hablamos de munición de rifle, que usamos terminología comercial, es decir, .223 en vez de 5.56 x 45 OTAN por que como todos sabemos las fuerzas armadas del mundo actualmente son un mercado muy importante y por eso los desarrollos se dirigen a todos los sectores sin discriminación.
No quiero terminar sin dejar claro que hasta marzo de este año (2004) no se evidenció en la guerra de Iraq un comportamiento de munición distinto al convencional. Esperemos que esto cambie.

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