Vulnerabilidad vial (12 al 19 de agosto 2005)

Una de los síntomas del desarrollo es la cantidad y calidad de las vías de comunicación. Se supone que la construcción de carreteras, autopistas y caminos de penetración facilita la conexión física entre las personas, así como el transporte de bienes y servicios de un lado a otro.
En un concepto amplio de la seguridad, es vital el resguardo de la diversidad de las vías de comunicación así como la fluidez y rapidez del transporte que por ellas circula, especialmente cuando se trata de las grandes urbes. Los bloqueos efectuados por piqueteros a los principales accesos de Buenos Aires (Argentina) o de La Paz (Bolivia) transmiten a los pobladores de esos centros urbanos una sensación de aislamiento, y eventualmente de inseguridad.
Este punto ha sido ampliamente estudiado por los militares. Uno de los factores más importantes en toda batalla o conflicto bélico se refiere a las condiciones del terreno. Esto implica que las fuerzas armadas deben conocer al detalle cuáles son las vías que cruzan el lugar que pretenden conquistar o defender. De esta forma, sabrán que puentes deben volar o vigilar de elementos hostiles, cuáles son los mejores parajes para efectuar una emboscada o qué atajos podría tomar el adversario.
En fin de cuentas, una localidad sitiada es aquella cuyos accesos están obstruidos. Los habitantes no pueden salir, y es muy probable que los visitantes tampoco podrán entrar, si se trata de una circunstancia generada por razones naturales (terremotos, deslaves, obstrucciones, etc.)
En Caracas, Venezuela, está planteada una situación que debería ser tomada en cuenta por todos los países cuyas ciudades más importantes están enclavadas en un valle o lugar de difícil acceso. Un hueco de aproximadamente 15 metros de profundidad y 40 metros de diámetro inutilizó la única autopista que conecta a la localidad con el centro y occidente del país. Previamente, como consecuencia de las copiosas lluvias y de la ocupación indiscriminada de las zonas perimetrales, se ha producido un peligroso desplazamiento en las bases del primer viaducto de la única autopista hacia La Guaira, donde están el puerto y el aeropuerto de la capital.
El tránsito de vehículos particulares y de camiones entre el centro del país y el occidente fue desviado por carreteras que no aguantan tal exigencia de servicio. De la noche a la mañana, lo que era un problema netamente urbanístico y vial se transformó en un asunto de seguridad que amenaza con dejar aislada a la capital venezolana.
La principal ley de Murphy señala que cuando las cosas pueden salir mal, salen mal. Podríamos añadir que eso no implica que posteriormente puedan estar peor. La vulnerabilidad en esta materia es tan alta que cualquier evento de orden natural, léase por ejemplo un sismo o una inundación, ocasionaría una peligrosa degradación de la calidad de la vida (encarecimiento de los alimentos por escasez, dificultades en el traslado a enclaves laborales, imposibilidad de llegar con rapidez a hospitales, etc.), con posibles consecuencias de orden político.
En Venezuela, las grandes vías que comunican a la capital con el resto del país tienen aproximadamente 50 años de vida. Los planificadores urbanos tendrían que tomar nota de esta situación y comenzar a pensar en alternativas. La lógica indica dos grandes escenarios: o se construyen nuevas autopistas y carreteras o se saca a la gente para lugares menos riesgosos. Pero en una sociedad democrática resulta altamente complicado lograr una desconcentración humana de las magnitudes suficientes como para mitigar el riesgo actual. La crisis pareciera estar a la vuelta de la esquina. Las otras naciones deberían mirarse en ese espejo.

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