La correcta elección (12 al 19 de julio 2002)

 

En un artículo difundido a través de nuestrosboletines mensuales, habíamos hecho algunas consideraciones genéricas en tornoa las variables o factores que son tomados en cuenta a la hora de decidir si esconveniente comprar un arma de fuego para uso personal.

 

Habíamos señalado que el tema no se agotaba enlas pocas líneas de ese editorial. Ahora iremos un poco más allá: entraremos en el análisis de los factores que deben privar a la hora deadquirir un armamento defensivo. Reiteramos que la línea de Segured no es promover este tipo de compras,pero sí contribuir al debate de estos tópicos en profundidad.  Mientras más informado esté el individuo, sudecisión será más acertada.

 

Es viejo el debate sobre cuál arma es la mejor,si la pistola o el revólver.  Creemosque en principio no existe una sentencia general al respecto.  El arma, como una herramienta –para ladefensa personal, pero herramienta al fin- es más o menos conveniente si seadapta a las condiciones y requerimientos del usuario.  Por ejemplo, en una finca a campo abierto,donde un hacendado pueda necesitar repeler a cuatreros ocasionales (noguerrilleros) lo más adecuado podría ser una escopeta.  Esta, sin embargo, no sería apropiada parael ambiente citadino debido esencialmente a que no se adapta a las necesidadesde defensa de su dueño.

 

En el caso de un usuario primerizo, que deseetener un arma para proteger su vivienda o acceder de vez en cuando a sitiospeligrosos, los criterios más importantes a seguir deben ser los de seguridad ysencillez en el manejo.  Para unindividuo irresponsable o inconsciente, ningún arma es segura.  Pero suponiendo que el usuario posee unmínimo de sensatez y entrenamiento, la seguridad será una consecuencia de la configuraciónde la propia arma, de su capacidad para disminuir la posibilidad de incidentesde tiro.  Por esta razón, se considerabaque los revólveres eran más seguros que las pistolas.

 

Ante esta realidad, los fabricantes de pistolashan colocado nuevos seguros en los últimos modelos.  Pero esto va en detrimento del otro factor señalado al comienzo,que es la sencillez en el uso.  ¿Quésentido tiene poseer una pistola, si en condiciones extremas es necesarioquitar dos y hasta tres seguros antes de hacer el primer disparo, perdiendo asíun tiempo precioso?  En este aspecto, elrevólver también lleva la ventaja, especialmente si se trata de los del tipo“doble acción”, que se amartillan con un solo movimiento.

 

Pero hay otros criterios, en los que el revólverno sale bien parado.  En la capacidad defuego (número de tiros posible) la gran mayoría de las pistolas superan a lagran mayoría de los revólveres.  Estoexplicaría por qué las policías están incorporando pistolas a sus usosreglamentarios.

 

Pero en esta aspecto nuevamente es menester queel comprador aplique el sentido común. Que se pregunte si está previendo situaciones de “batalla campal” o deuso ocasional de un arma que permita salir con vida de situacionescomprometedoras o riesgosas.  Si la opciónescogida es la última, entonces el revólver puede ser más útil.  Si es la primera, se requiere de unapistola.  No sólo por la razón antesexpuesta, sino también porque el tiempo de recarga es menor, especialmentecuando las cacerinas están listas para ser utilizadas.

 

Una última consideración:  el llamado “poder de parada” –capacidad paraanular o eliminar a un objetivo con la menor cantidad de tiros- no es un factorque pueda asociarse directamente a una pistola o a un revólver, sino a un tipode cartucho. Ese será, por supeusto, el tema de un próximo editorial.

 

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