La bala habla (25 de octubre al 1 de noviembre 2002)

 

La captura de John AllenMuhammad y de John Malvo no fue suficiente para calmar la angustia de loshabitantes en Maryland y  Virginia. ¿Eranellos realmente los responsables por los 14 ataques con arma de fuego contraciudadanos a los cuales no los unìa otro vìnculo sino haber estado en el peormomento y en el sitio equivocado?

 

Los vecinos querìan que eljefe de la policía del condado Moose confirmara un dato:  que el arma incautada por las autoridades enel vehículo donde ambos sujetos dormían habìa sido utilizada en esta cadena dehomicidios.  Tras horas de espera, eljefe del grupo de tarea que habìa desarrollado la pesquisa dio una respuestapositiva, basada en los resultados de una experticia a cargo del Burò deAlcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF, por sus siglas en inglès).

 

Se trata de un rifle XM-15,calibre .223.  Despachos recogidos en elservicio noticioso de Yahoo! señalan que este armamento es una “versión civil”del fusil de asalto M-16, utilizado comúnmente por las tropasestadounidenses.  Muhammad, el mayor delos detenidos, habìa sido suboficial de las fuerzas armadas de ese paìs, condestrezas de francotirador.

 

¿Còmo determinar que estefusil fue utilizado en las matanzas, por una parte, y por la otra que todas lasmuertes fueron ejecutadas con el mismo armamento?  Debido a las características del caso, esta información resultade vital importancia.  Antes de lacaptura de los sospechosos, la experticia balística ya habìa determinado quelos proyectiles colectados en los cuerpos de las vìctimas, y en algunos casosen los alrededores del sitio del suceso, fueron disparados por el mismo fusil.

 

Cuando se produce lo queconocemos comúnmente como disparo, un elemento proyectil es lanzado hacia fueradel cañòn gracias a una liberación de energía, como consecuencia de ladeflagración de la pólvora contenida en el propio cartucho.  Los cañones de la gran mayorìa de las armasde fuego de uso personal (pistolas, revòlveres y rifles) poseen en su parteinterna o ànima un conjunto de zanjas o estrìas, que dejan marcas en la bala.

 

Tales marcas son ùnicas paracada arma de fuego. A simple vista no son distinguibles.  Por lo tanto, es necesario poner losproyectiles de origen dudoso bajo un microscopio con alto grado de aumento.Estos son artefactos especiales, que permiten la comparación con otro proyectilde origen desconocido –para determinar si ambos pasaron por el mismo cañòn- ocon uno disparado expresamente con el arma sospechosa, en un medio acuoso delaboratorio.

 

Los campos y estrìaspresentados por cada proyectil son fotografiados y comparados.  Cuando es posible compaginarlos, se deduceque fueron disparados por el mismo armamento. Esto fue, en esencia, lo que permitiò transmitirle un poco detranquilidad a los pobladores de Maryland. Para beneficio de la ciudadanìa, las balas literalmente hablaron.

 

Aùn està en proceso deconsolidación una base de datos con las imágenes de los proyectilesincriminados en casos nuevos y viejos, especialmente aquellos que han quedado“frìos”, sin resolver.   Es lo quellaman la “huella digital” del proyectil. Se trata de un proyecto costoso,tanto en tecnologías como en horas hombre, que ha sido atacado por asociacioneslibertarias y los lobbys que promueven la utilización de armamentos.

 

No obstante, el Burò Federalde Investigaciones (FBI) tiene cifradas esperanzas en esta iniciativa, puespermitirìa cruzar la información recabada en todos los rincones del territorioestadounidense, asì como en los paìses asociados, y asì lograr coincidenciasesclarecedoras.  Es cuestión de tiempo.

 

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