Agenda de odio (5 al 13 de diciembre 2002)

 

Venezuela está al borde de una explosióninterna de consecuencias impredecibles. Tras una semana de paro general, las protestas se han multiplicado enlas calles del país en respuesta a una convocatoria lanzada por el secretariogeneral de la Confederación de Trabajadores de Venezuela Carlos Ortega, con elapoyo de los factores aglutinados por la Coordinadora Democrática, unacoalición de partidos opositores al régimen del teniente coronel retirado HugoChávez Frías.

 

La huelga se inició el lunes 2 dediciembre.  Los dueños de comerciosacataron en buena medida la convocatoria, en vísperas de la época másproductiva desde el punto de vista de las ventas.  Las primeras jornadas se caracterizaron por el ausentismo en lascalles y una militarización por etapas de los sectores del país, sin que hastael momento el jefe del Estado haya decretado un estado de excepción queconculque algunas garantías constitucionales.

 

Pero la progresiva incorporación de laindustria petrolera –tradicionalmente ajena a este tipo de conflictos- unida ala ejecución de acciones callejeras a partir del miércoles obligó al sectoroficialista a activar planes de contingencia basados en dispositivos castrenses(planes Alcatraz y Gasven) cuya efectividad está en duda debido a la dramáticadisminución del apresto operacional de la Fuerza Armada venezolana durante esteperíodo.

 

Pero lo que es más grave:  el “chavismo” inició la movilización de lasmilicias paramilitares, ocultas bajo la denominación de círculos bolivarianos,cuya existencia ya fue advertida por el secretario general de la

Ese mismo día, el excomandante del Ejércitogeneral de división Efraín Vásquez alertó que el Ejecutivo ya había iniciado laaplicación de un plan similar al visto el 11 de abril, destinado a laneutralización de los opositores por la vía violenta.  Algo de esto se evidenció dos semanas atrás, cuando una marchaque culminaría con la consignación de dos millones de firmas para pedir unreferéndum consultivo ante el Consejo Nacional Electoral dejó más de 60 heridosde bala.

 

El peligro de una conflagración interna enVenezuela crece debido a la crisis de liderazgo dentro de la instituciónmilitar.  Tras la crisis política del 11de abril, el Gobierno adelantó una intensa poda entre generales yalmirantes.  Los altos mandos fueronremovidos por completo para colocar en las posiciones clave a oficialesconsustanciados con el proyecto político del Presidente.  El personal de las principales unidadestácticas de combate, especialmente aquellas ubicadas en la capital y zonasvecinas,  fue transferido al interior.Las plazas vacantes fueron ocupadas por efectivos recién graduados, debidamenteindoctrinados para cumplir las órdenes de los generales instalados en el poderdurante los últimos 8 meses.

 

La disidencia en los cuarteles, simbolizada en el grupo deoficiales atrincherado en la plaza Altamira, todavía tiene la esperanza de que alplantearse los enfrentamientos generalizados en las calles la Fuerza Armadareponga el orden y neutralice a las milicias paramilitares de Chávez.  Pero en la medida en que pasan los días, yla razzia se profundiza en la FAN, este escenario se aleja.  La división en el propio sector armadoquedó evidenciada cuando el general de división más antiguo de la GuardiaNacional, Carlos Alfonzo Martínez, fue obligado a tenderse en el suelo por ungeneral de brigada que le lanzó bombas lacrimógenas con la supuesta finalidadde reponer el orden público.  La escenafue vista a través de la televisión por todo el país, aunque su significaciónfue comprendida por pocos.  Después de esto,los primeros muertos podrían estar dentro de los propios cuarteles.  Hay cuentas por ajustar.

 

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