El mejor destino (13 al 20 de diciembre 2002)

 

La delincuencia no necesariamente es el factorque inclina la balanza a favor o en contra de un destino turístico.  Muchos lugares plagados de ladrones,estafadores y rateros han logrado posicionarse en le mercado internacional deturismo como destinos agradables. Guatemala recibe anualmente más de medio millón de visitantes, y sinembargo tiene un problema endémico de secuestros. Algo parecido ocurre enColombia, donde a pesar de que más de 3 mil personas son privadas a la fuerzade su libertad han logrado crear enclaves turísticos en la Costa Atlántica.

 

“El factor de la seguridad no es el másimportante a considerar al momento de adoptar una decisión sobre a dóndeviajar, cuándo y bajo cuales circunstancias hacerlo”, sostiene con razón unaponencia presentada por la representación guatemalteca en el XVII CongresoInteramericano de Turismo, celebrado hace ya cinco años.  En el contexto de esa intervención, lapalabra “seguridad” está asociada a los índices delictivos, aún cuando sabemosque ese vocablo se refiere a una sensación producto de numerosos elementos, unode los cuales tiene que ver con la acción de los hampones.

 

Si revisamos las páginas delos servicios consulares de Estados Unidos y España, nos daremos cuenta de quecasi todos los países incluidos en esas “listas de información para el viajero”tienen algún problema delictivo.  Porregla general, los diagnósticos se mantienen constantes. De tal forma que los usuariossaben qué esperar en el destino de su preferencia.  La constancia en las condiciones de un ambiente es un factordecisivo.  Lo inusual, lo inesperado eslo que incide negativamente en la actividad turística.  Así quedó en evidencia tras los ataquesterroristas del 11 de septiembre en Nueva York, y luego del más recienteatentado con bombas en Bali.  Por talrazón, el Departamento de Estado de EEUU se ve con frecuencia en la necesidadde complementar sus diagnósticos de seguridad para los viajeros con boletinesespeciales de alerta, los cuales realmente captan la atención.  Pero incluso en las circunstancias antesdescritas, los vacacionistas perciben que estos son hechos aislados, con escasaprobabilidad de que se repitan en esos mismos lugares.  En el lapso inmediato al atentado se produceuna baja en las entradas al país, pero luego las cosas retornan a lanormalidad.

 

Si es importante mantener auna locación turística fuera de las páginas de sucesos de los diarios, lorealmente decisivo para la persona que desea pasar una temporada fuera de casaes contar con servicios que se adapten a sus deseos y posibilidadeseconómicas.  En este mundo, todosestamos en riesgo de ser víctimas de un hecho delictivo.  En tales casos, lo realmente importante escontar con instituciones de atención, al estilo de las policías turísticas, quedisminuyan el impacto psicológico que supone haber sido el objetivo de loshampones en una tierra extraña.

 

Otro punto a discutir es si laactividad de los visitantes genera delincuencia.  Aunque este factor no figura en los manuales de criminología, elPrograma de las Naciones Unidas para el Ambiente señala que los procesos deurbanización necesarios para consolidar una infraestructura turística, así comola presencia de visitantes con sumas de dinero fuera de lo común, puedenincrementar la cifra de delitos contra la propiedad y las personas.  Esta afirmación no se sustenta en datosestadísticos que permitan trazar un juicio más o menos sólido.  En este plano, hay más razones para pensarque la actividad turística genera un bienestar que aleja a losdelincuentes.  Las propias comunidadesgeneran un control sobre el entorno social, para preservar sus medios devida.  Para ellos, es una cuestión desupervivencia.

 

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