Napoleón murió envenenado

Hace más de diez años, escribí un libro que relata los años de investigación que dediqué, en compañía de mi amigo y colega sueco Sten Forshufvud, a probar que Napoleón fue envenenado en Santa Elena. El libro «Asesinato de Napoleón», traducido al francés bajo el título ¿Quién mató a Napoleón? (Robert Laffont -1982) ha sido editado en 28 idiomas y ha sobrepasado el millón de ejemplares vendidos. No está mal para un libro de historia. Ello demuestra que existe un gran interés por todo lo que afecta a la figura de Napoleón.
Se han escrito muchos más libros sobre Napoleón que sobre ningún otro asunto histórico. La Enciclopedia Británica afirma que se han escrito 200.000 obras sobre su época; algunos historiadores franceses estiman que esta cifra está mas cerca de los 400.000. ¡Es asombroso!
¡Imagínense!, los lectores me preguntan con frecuencia porqué estoy tan seguro de que Napoleón fue envenenado. Después de todo, está muerto desde hace 179 años.
La respuesta es relativamente fácil. Ocho testigos oculares me lo han dicho ( a través de sus libros, por supuesto) y las informaciones que han facilitado han sido confirmadas por la ciencia nuclear. Estos ocho testigos oculares, compañeros de Napoleón en Santa Elena, son:
El Marqués de Las Casas, que trabajó con Napoleón en lo que se convertirá en el famoso «Memorial de Santa Elena».
El Barón Gourgaud, un general de la Grande Armée que deseó compartir el exilio del Emperador.
El doctor O’Meara, un médico inglés de ascendencia irlandesa, designado por los ingleses para cuidar de la salud de Napoleón.
El doctor Francesco Antommarchi, un médico corso enviado por la familia de Napoleón para reemplazar a O’Meara, cuando éste último fue expulsado de Santa Elena por el gobernador inglés Hudson Lowe.
El gran mariscal Bertrand, que permaneció junto a Napoleón más de quince años.
Louis Marchand, el leal servidor del Emperador durante diez años.
Los doctores Henry et Stokoe, dos médicos ingleses que examinaron a Napoleón en varias ocasiones.
Estos testigos oculares vivían constantemente cerca de Napoleón. Ellos han anotado día a día, en sus diarios personales, todas sus impresiones y vivencias. Publicados después de su vuelta a Europa, después de la muerte del Emperador.
Mis investigaciones se apoyan en los hechos constatados por estos testigos oculares y que han sido confirmadas por las técnicas modernas de la medicina nuclear. Sin embargo, he comprendido desde el principio, que no sería fácil desmontar la tesis, cien veces repetida por célebres historiadores, según la cual Napoleón habría muerto de un cáncer de estómago. Y ello a pesar de que esta tesis sea indefendible y totalmente ridícula.
Para contradecir a estos historiadores, he debido profundizar y desarrollar todas las evidencias encontradas. He sido apoyado en esta tarea por varios de los mejores especialistas en la historia de Napoleón, entre ellos: el inglés David Chandler, el americano Don Horward y el coronel francés Emile Guegen. Ellos me han aportado un importante e infatigable apoyo.
A lo largo de estos años de investigación, he constatado varios hechos, en especial el empecinamiento obtuso ante una verdad incontestable y la ceguera ante hechos probados.
No es necesario ser un genio para comprender lo que está escrito de una manera explícita. Basta con ser receptivo, despierto, tener un poco de sentido común y limitarse a los hechos. Sin embargo, estos hechos, relatados por los ocho testigos mencionados, han sido ignorados por los historiadores, y en el mejor de los casos no han entendido su significado.
La clave que nos ha puesto sobre la pista del envenenamiento ha sido aportada por Louis Marchand, el fiel servidor de Napoleón. El era atento, discreto, educado (puso en limpio los borradores de las cartas de Napoleón y de Montholon), perspicaz y leal son reservas. Todos los historiadores son unánimes en esta apreciación. Además, era un excelente artista.
Napoleón trataba a Marchand como a un hijo y le legó 400.000 en su testamento. Era deseo de Napoleón otorgarle el título de conde, deseo hecho realidad cuando Napoleón III llegó al poder.
A diferencia de otros compañeros de exilio que escribieron libros y obtuvieron beneficios. Marchand solamente escribió un diario ya que deseaba que su familia conociese lo que realmente había ocurrido en Santa Elena. Pidió a sus familiares que no publicaran sus diarios. Sin embargo, cuando a finales de los años 1950 sus bienes fueron vendidos, el diario fue comprado por el comandante del ejército francés Henri Lachouque, que lo hizo publicar por primera vez en 1955.
Este diario cayó como una bomba, esclareciendo el misterio sobre la muerte de Napoleón.
Voy a hablar con frecuencia de Longwood House y ustedes deben saber que era la casa donde vivía Napoleón en Santa Elena y donde fue envenenado.
La precisión meticulosa de Marchand en sus informes diarios de los acontecimientos de Longwood House, puede ser comparada con el fichero de un médico concienzudo que anota todos los detalles de la decadencia de un enfermo en fase terminal.
Sus informaciones han hecho saltar el cerrojo que impedía liberar la verdad. Sin él, el crimen seguiría siendo « perfecto ».
Marchand volvió a Francia con un mechón de cabellos cortados de la cabeza del Emperador el 6 de mayo de 1821, al día siguiente de su fallecimiento, y los guardó cuidadosamente en un envoltorio en la que escribió: los cabellos del Emperador. Este mechón, en su envoltorio original, ha sido preciosamente conservado por sus descendientes.
Ni Marchand, ni ninguno de sus compañeros de exilio, habrían podido imaginar que, tanto tiempo después de desaparecidos, esta mecha de cabellos aportaría mas datos sobre los años pasados en Longwood House, que el conjunto de todos los diarios, manuscritos y correspondencias escritas sobre el exilio del Emperador en Santa Elena.
Cualquier persona que examine las pruebas presentadas en esta conferencia y en mi nuevo libro « El Asesinato de Santa Elena Revisión” deberá admitir la tesis del asesinato. El complot fué organizado para evitar que Napoleón pudiese volver a Francia y retomar el poder, como había ocurrido después de su destierro en Elba. Los hechos aportados por los testigos oculares son irrefutables.
Napoleón fue asesinado en Santa Elena, no hay ninguna duda al respecto. Fue envenenado de la forma más utilizada durante el siglo XIX. Hasta la fecha ningún patólogo o toxicólogo se ha opuesto a mi tesis. Napoléon a été assassiné à Sainte-Hélène, il n’y a absolument aucun doute à ce sujet. Il a été empoisonné de la manière la plus usitée au cours du 19ème siècle. Jusqu’à ce jour, aucun pathologiste ou toxicologue ne s’est sérieusement opposé à ma thèse. Llamo tesis a este estudio a falta de mejor denominación, ya que en realidad el envenenamiento es un hecho cierto.
De los 34 síntomas conocidos sobre la intoxicación mediante arsénico, 30 han sido detectados por los ocho testigos. Además, la presencia de fuertes dosis de arsénico en los cabellos de Napoleón ha sido confirmada por los medios más modernos de la medicina legal y de la ciencia nuclear.
Desde hace más de cien años, numerosos médicos e historiadores han atribuido la enfermedad y muerte de Napoleón a más de treinta causas, desde la gonorrea a la sífilis, del escorbuto a la hepatitis y al cáncer. La historia oficial pretende que murió de un cáncer de estómago siendo que estaba grueso. ¿Cómo es esto posible ya que el cáncer de estómago adelgaza al enfermo? Además, Napoleón no tuvo nunca síntomas de cáncer. ¡Háganse esta pregunta! ¿Cómo se puede morir de una enfermedad sin manifestar sus síntomas?
Hace mas de treinta años, mi colega Sten Forshufvud hizo analizar los cabellos cortados de la cabeza de Napoleón el 6 de mayo de 1821, día siguiente a su muerte. Un cabello crece alrededor de 2,5 cm cada dos meses. Como los cabellos fueron cortados a ras de piel y tenían 7,5 cm, habían crecido durante los seis últimos meses de la vida de Napoleón.
Analizando los cabellos por secciones, hemos podido determinar con precisión los días en los que fueron administradas fuertes dosis de arsénico. Los análisis mostraban los altos y bajos en la densidad de arsénico. El punto más bajo era de 2,8 partes por millón y el más alto de 51,2 partes por millón. En cada sección analizada, la tasa variaba en dientes de sierra. Eso demuestra que Napoleón, algunos días, absorbía altas dosis de arsénico.
Guarden en su memoria que la tasa normal de arsénico en esta época era del orden de 0.08 partes por millón. He aquí los resultados obtenidos sobre las diferentes secciones de los cabellos de Napoleón: 51,2 – 45,2 – 24,5 – 18,8 – 2,8 – 7,1 – 20,4 – 24,1. Estos resultados que arrojan tasas infinitamente superiores a las normales, confirman que Napoleón absorbía arsénico por períodos. Esto es un hecho evidente y cierto. Según el laboratorio Harwell y el FBI, son conformes con un envenenamiento mediante arsénico.
ANALISIS POR SECCION DE LOS CABELLOS DE NAPOLEON
El gráfico muestra la tasa de arsénico (partes/millón)
Este gráfico muestra los resultados de un análisis mediante el cual un cabello ha sido estudiado en ocho secciones. Observen el alto nivel de tasa de arsénico comparada con la tasa normal de esa época que era de 0,08 ppm. Verán que la punta más elevada de la curva marca 51,2 ppm, cantidad enorme y que prueba que Napoleón absorbió una fuerte dosis durante el tiempo en que se formaba la parte correspondiente de ese cabello.
Les niveaux d’arsenic trouvés dans les cheveux de Napoléon par le laboratoire Harwell, de Londres, corroborent les faits décrits par les huit témoins oculaires. Pour vérifier l’exactitude des résultats obtenus à Harwell, j’ai adressé deux cheveux de Napoléon au directeur du laboratoire du FBI en lui demandant d’en faire l’analyse. Vous pouvez lire en annexe la réponse qui nous dit d’une manière nette et sans ambages que la quantité d’arsenic dans les cheveux de Napoléon est «significative de l’empoisonnement par l’arsenic».
Los niveles de arsénico encontrados en los cabellos de Napoleón por el laboratorio Harwell de Londres, corroboran los hechos descritos por los ocho testigos oculares. Para verificar la exactitud de los resultados obtenidos en Harwell, envié dos cabellos de Napoleón al director del laboratorio del FBI, solicitándole la realización de un análisis. Pueden leer en el anexo la respuesta que nos demuestra de una forma clara y sin ambages que la cantidad de arsénico en los cabellos de Napoleón es “típica del envenenamiento mediante arsénico”.
Algunos han intentado explicar la presencia excesiva de arsénico en los cabellos de Napoleón atribuyéndola a diversas causas, como el papel pintado de las paredes de Longwood, el agua que bebía Napoleón, los medicamentos que tomaba o la crema capilar que utilizaba. Independientemente del hecho de que tales causas no podrían justificar en ningún caso las enormes densidades encontradas, tampoco podrían justificar las importantes diferencias registradas de entre unas secciones y otras. Estas suposiciones no tienen ningún valor y deben ser descartadas.
CORRESPONDENCIAS
Facsimil Scotland-Yard
Facsimil F.B.I
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En 1974, junto a Sten Forshufvud, hemos establecido dos listas cronológicas. En la primera hemos marcado, con su fecha precisa, los síntomas que afectaban a Napoleón tal como eran descritos por los testigos oculares. Hemos cubierto así los seis últimos meses de la vida de Napoleón. Este período de tiempo corresponde exactamente con el de crecimiento de los cabellos que hemos hecho analizar. En la segunda lista hemos anotado las tasas de arsénico suministradas por los análisis, precisando las fechas de las variaciones.
Las dos listas casaban con la mayor precisión. Los días en los que Napoleón mostraba los síntomas de la intoxicación por arsénico, los resultados del análisis del laboratorio de Harwell indicaban puntas en las tasas de arsénico contenido en los cabellos.
Los informes de los testigos no pueden ser puestos en duda. El laboratorio de Harwell, que ha efectuado las investigaciones para la fabricación de las bombas atómicas inglesas, es un de los laboratorios más sofisticados del mundo. Los resultados de sus análisis no pueden ser puestos en duda.
En consecuencia, hay que admitir que Napoleón ha absorbido periódicamente dosis de arsénico. Los medios científicos más modernos han probado que las dolencias señaladas por los testigos, hace 174 años, eran causadas por una intoxicación de arsénico.
Aquí no hay suposiciones, solamente hechos.
En 1821, y también hoy en día, es difícil que durante una autopsia el forense esté en condiciones de descubrir un envenenamiento por arsénico si omite efectuar análisis específicos. Sten Forshufvud solicitó al profesor Henri Griffon, jefe del departamento toxicológico de la policía de París, que le explicase las dificultades que existen para descubrir la presencia de una intoxicación por arsénico. Griffon le respondió que no había encontrado nunca un médico que hubiese diagnosticado correctamente un envenenamiento por arsénico como causa de la enfermedad de sus pacientes. El trióxido de arsénico no tiene olor ni sabor…. un veneno de primera clase.

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