Los peligros de la adicción global

Héctor Ruiz Arias
A veinte años de que el éxtasis apareciera timidamente en las discotecas de Dallas, a quince de que irrumpiera en Europa como pasaporte de las “raves” (fiestas techno), y a casi dos del primer decomiso en Chile (2.226 pastillas en un exclusivo restorán de Providencia), la Organización de las Naciones Unidas prevé que en un plazo de diez años los cultivos de opio y hoja de coca, situados en regiones como el centro y sudeste asiático y los países andinos, serán reemplazados por laboratorios de drogas de síntesis.
Las anfetaminas, el éxtasis (Mdma, Adán o XTC) y otras metanfetaminas (MDA o “píldora del amor”, Mdea o Eva y el Mbdb), los opiáceos sintéticos, el GHB (mal llamado “éxtasis líquido”), las arilhexilaminas (como el “polvo de ángel”) y los derivados de la metacualona encabezan la lista de drogas “de diseño” que, de acuerdo al último informe internacional de la Oficina contra la Droga y el Delito (ODD) de la ONU, están modificando el mapamundi del narcotráfico en los albores del siglo XXI.
“Las drogas sintéticas pueden convertirse en el enemigo público número uno en el mundo en el campo de los narcóticos si no trabajamos juntos para limitarlo”, destacó esta semana el director ejecutivo de la ODD, Antonio María Costa, al término de una conferencia celebrada en Madrid en la que dio a conocer un avance del documento que la entidad evacuará íntegramente en junio.
Según el experto, desde fines de los noventa las narcomafias está penetrando con fuerza en la producción de estas sustancias. De hecho, la ODD comprobó cómo los laboratorios clandestinos que en un principio producían cantidades “muy limitadas” de pastillas al año, hoy tienen la capacidad de introducir en el mercado más de una tonelada anual, según los datos obtenidos en recientes operaciones antidroga. “Esto es una cantidad enorme y significa que el crimen organizado está verificando los ingresos que puede obtener”, destacó Costa.
El negocio no es cosechar, sino transar
Aunque el cultivo de marihuana se mantiene estable y su consumo es alto en la mayoría de los países, esta situación contrasta con la tendencia al descenso observada en los cultivos tradicionales de plantas que se usan como materia prima para producir drogas “duras”, como la heroína y la cocaína.
Según la ONU, esta baja ha sido especialmente significativa en el denominado “triángulo dorado” (Laos, Tailandia y Birmania, donde la organización estima que no habrá cultivos de opio hacia 2013), en Perú (que en siete años ha recortado en dos tercios la cosecha cocalera) y en Bolivia (que desde 1995 ha reducido a la mitad su área de cultivos).
Sólo Colombia (principal exportador mundial de cocaína y ahora proveedor del 60% de la heroína que se consume en Estados Unidos) y Afganistán (eje de la “media luna dorada” junto a Irán y Pakistán, que pese a estar convertido en un protectorado de Washington mantiene inalterable su producción de 4.000 toneladas de opio anuales) parecen no ceder terreno en la industria de los estimulantes y estupefacientes de origen orgánico.
Sin embargo, también las mafias que articulan la globalización de la droga colombiana y afgana podrían verse tentadas de reconvertir su negocio. Y la razones sobran. Según el informe “Las drogas ilícitas y el desarrollo económico” (2002), elaborado por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (Jife), únicamente el 1% de la suma que gastan los consumidores de estas sustancias se percibe como ingreso agrícola en los países en desarrollo; el 99% restante es percibido por los grupos de narcotraficantes que actúan en diversos puntos de la cadena (cerca del 74% de las ganancias por venta de cocaína y heroína en EE.UU. se generan en el propio país).
La droga que surgió del frío
La causa del aumento del consumo de sustancias sintéticas radica en la oferta. Según un estudio preparatorio de la ODD publicado en 1996, los márgenes de ganancia de las drogas de síntesis superaron, a partir de 1994, aquellos de la heroína y de la cocaína. La caída del Muro de Berlín y la implicación en el tráfico de las redes criminales surgidas en Europa Central hicieron subir los márgenes de un 76% a un 140%. Las ventajas son enormes: las narcomafias centralizan el proceso de producción, ya que eliminan su dependencia de las plantaciones en el Hemisferio Sur y las reemplazan por microscópicos laboratorios que en muchos casos hasta operan a bordo de un camión. Además, el que las drogas sintéticas sean inodoras y compactas reduce ampliamente la posibilidad de incautación policial.
Los principales productores son Alemania, Inglaterra, Bélgica y España, pero sobre todo Holanda y los estados del Este de Europa, en particular la República Checa, los países bálticos y Polonia, también gracias a la abundante disponibilidad de excelentes químicos a precios bajos luego del desmantelamiento de la industria pesada que ha tenido lugar desde 1989. Detrás de la ex Cortina de Hierro, la efedrina sintética se extrae de preparaciones farmacéuticas y se transforma en efedrona (un derivado anfetamínico conocido en Estados Unidos bajo el nombre de “methcathinone”), siendo fabricada en Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Estonia, Lituania, Letonia y Kazajistán y siendo, en muchos casos, exportada a México para de allí penetrar en Norteamérica.
Diferentes casos sacados a luz a partir de 1992 prueban que Letonia y Hungría son terrenos predilectos para los inversionistas, en particular escandinavos y holandeses, que financian la producción del éxtasis destinado a la Unión Europea, así como la de derivados anfetamínicos bajo forma líquida inyectable. Ya en 1993 la Jife manifestaba su preocupación ante la existencia en Bulgaria de empresas estatales que fabricaban feniletilaminas exportadas sin autorización bajo la marca “Captagon” hacia Africa (Nigeria) y la Península Arábiga, vía Turquía. Además, las ciudades de Guianja y Bakú, en la ex república soviética de Azerbaiján, se han especializado en la producción de opiáceos de síntesis (metadona, normorfina, 3-metilfentanil) y de metanfetaminas para abastecer los mismos mercados.
Volver al trueque
Según el Comité Europeo de ONGs sobre Drogas y Desarollo, Khun Sa, el “señor del opio” en Asia desde la guerra del Vietnam, comenzó a reconvertirse hace algunos años produciendo anfetaminas en Birmania, a través de algunos de sus hombres de confianza. No por coindiencia en la frontera con China, que hoy -más que nunca- se ha tornado un destino sumamente atractivo.
La propia China también aprovecha sus recursos. Los laboratorios clandestinos de metanfetamina, alimentados con efedrina sustraída de la industria farmacéutica, se multiplican en la regiones de Guangdong y Fujian. Por ahora destinada casi exclusivamente a los mercados del sudeste asiático y de la Europa del Este, esta producción es a menudo controlada por las tríadas taiwanesas.
En el continente americano, México mantiene la mayor cantidad de refinerías de anfetaminas y éxtasis, sustancias que se pueden transportar con mucha facilidad al otro lado de la frontera con Estados Unidos, via Tijuana.
En el mes de marzo de 1996, una operación de la policía en el norte de Italia interceptó la actividad de algunos traficantes de sustancias estupefacientes que trabajaban con Sudamérica. Recibían cocaína del Brasil. No pagaban en liras italianas, tampoco en marcos alemanes ni en dólares. Pagaban en pastillas de éxtasis cuyo destino eran los mercados de Brasil y Argentina, países que en 2001 ya contaban con laboratorios de Mdma, al igual que Colombia.
En suma, aquellas sustancias sintéticas que, como el éxtasis, surgieron a principios del siglo XX con fines médicos, y que en las últimas dos décadas pasaron a ser el estandarte de una juventud vanguardista dispuesta a vivir al límite, hoy se posicionan como la nueva coraza del crimen organizado transnacional, reconfigurando unas relaciones norte-sur que, lamentablemente, parecen venir adozadas a la apertura comercial.
Rendiciones camufladas
La reconfiguración del narcotráfico global es abordado en profundidad en los reportes del Observatorio Geopolítico de las Drogas, publicados entre 1995 y 2000. Allí se señala que durante los ochenta, la transformación, la exportación y, en menor medida, la distribución de drogas estaban, en gran parte, en manos de las grandes organizaciones criminales italianas y birmanas, los carteles colombianos y mexicanos, las “maffya” turcas y pakistaníes y las tríadas chinas. En la década pasada, estas estructuras siguieron en carrera, pero a su lado proliferó una multitud de pequeños empresarios -e incluso familias nucleares- cuyos envíos, aunque menores en cantidad, sumaban en total volúmenes mucho más importantes, según confirman los informes de incautación de la Organización Mundial de Aduanas (OMA).
Esta mutación tiene varias causas. La primera -y la más evidente- es que la represión mucho mejor coordinada de los organismos internacionales de lucha contra la droga y las policías nacionales se ejerce sobre la criminalidad más visible, la que por lo mismo se ha vuelto más vulnerable. Y ello tanto más cuanto esta criminalidad, sobrestimando sus fuerzas, como en el caso de Colombia e Italia, se lanzó abiertamente en contra del Estado.
Lo anterior terminó con el desmantelamiento de las organizaciones, como en el caso del cártel de Medellín después de la muerte de Pablo Escobar (diciembre de 1993), o bien con un repliegue o un cambio de estrategia, como en el caso de la Cosa Nostra y la Camorra (comienzos de los años noventa), del cártel de Cali (1995-1996) o de la organización dirigida en Birmania por el “señor del opio”, Khun Sa (1995-1996).
Esta ola represiva tuvo como primera consecuencia la desarticulación de las redes, pero, rápidamente, las grandes organizaciones comprendieron que las estructuras descentralizadas eran mucho menos vulnerables, por lo cual ellas mismas decidieron iniciar su readaptación.
Así, se estima que en Colombia operan hoy cerca de 40 organizaciones medianas y alrededor de 3.000 grupos menores, como también que las organizaciones peruanas y bolivianas -hasta hace algunos años estrechamente dependientes de sus homólogas colombianas- han aprovechado igualmente para acceder a una mayor autonomía, y en el caso de las segundas, para trabajar con las organizaciones criminales brasileñas.
En México, el negocio de la droga ha tenido fuertes vuelcos. Los hermanos Arellano Félix, que en los ochenta apenas contrabandeaban cigarrillos y tabaco, en los noventa dieron forma -tras la diáspora de los carteles colombianos- a la mayor organización de narcotráfico azteca. Casi toda la marihuana, mucha de la cocaína y buena parte de las metanfetaminas que se consumen en los Estados Unidos son transportadas por “Arellano Félix Inc.”.
En Italia, los 12 grupos camorristas napolitanos que articulaban el crimen organizado en los 80 se han astillado en más de un centenar. A ellos se suman las más de 4.000 mafias rusas surgidas tras la caída de la URSS, nuevas bandas de los países del antiguo bloque soviético y la emergencia de las redes africanas, en particular nigerianas, basadas por lo general en estructuras familiares o clánicas.
Extasis líquido / Droga y sexo
Una cita para olvidar
Aunque el GHB (gamma-hidroxibutirato) es conocido como “éxtasis líquido” (también como “líquido del amor”, “scoop” y “X”), su composición química nada tiene que ver con el Mdma y sus símiles. Es un fluido incoloro, inodoro y con un cierto sabor salado.
Los efectos de esta sustancia son relajación, mayor empatía y somnolencia. Aparecen entre 5 y 20 minutos despúes de la ingesta y pueden prolongarse hasta por 4 horas. No obstante, suelen ir aparejados de bradicardia (el corazón late muy despacio), respiración lenta y dificultosa, convulsiones, mareos vómitos y hasta pérdida de conciencia (el consumidor puede entrar en estado de coma).
Esta droga de diseño a menudo se utiliza en combinación con otras tales como el éxtasis, la cocaína y el LSD (si se mezcla con alcohol la insuficiencia hepática es fulminante). En Europa, Gran Bretaña y Estados Unidos se ha informado el uso de GHB en casos de violación por acompañantes (se les apoda “date rape” -citas con violación-). Debido a que no tiene olor ni sabor, el GHB puede ser añadido a la bebida de alguien sin que se detecte.
El GHB se sintetiza de una sustancia química utilizada para limpiar las placas de los circuitos eléctricos y, además de líquido, está disponible en forma de polvo blanco, tabletas y cápsulas.
La Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), prohibió el GHB en 1990 luego de haberse informado 57 casos de enfermedades inducidas por él en centros de control de envenenamiento y salas de emergencia. Desde entonces, la droga ha sido implicada en varias muertes y subsiguientemente fue añadida a la Lista I de Drogas de la Ley de Sustancias Controladas. Ya en 1998, sólo en Alemania el éxtasis líquido fue el responsable de a lo menos 635 muertes de jóvenes, lo que elevó en un 18% la estadística de decesos por consumo de droga en ese país.
Juan Ramírez, Policía de Investigaciones
“Afortunadamente, no
tenemos drogas de diseño”
“En esta región, las drogas que hemos incautado en decomisos son marihuana, pasta base y clorhidrato de cocaína. Afortunadamente, no tenemos drogas de diseño o sintéticas. Hasta ahora no tenemos antecedentes que nos permitan establecer que se está consumiendo éxtasis en la ciudad de Concepción”, señala Juan Ramírez, jefe de la Brigada Antinarcóticos de la Policía de Investigaciones de Chile, en la capital penquista.
El comisario señala que su institución está alerta y trabajando arduamente ante cualquier indicio de la penetración de sustancias sintéticas en la sociedad penquista. Respecto a fármacos, como las anfetaminas, reconoce que sí se ha detectado casos de pacientes que canjean sus recetas y más tarde las venden, aunque se trata de una situación más bien marginal.
Sin embargo, destaca que en Chile, dentro de las drogas ilícitas, el mayor peligro sigue concentrado en las tres sustancias de raíz orgánicas mencionadas. Sobre todo teniendo en cuenta que en la última década el consumo de cocaína -que proviene de Perú y Bolivia- se ha masificado velozmente y que el país, por su extensa costa, figura como una atractiva escala para sacarla del continente. De hecho, si en la primera mitad de los noventa con 10 mil pesos se compraba un gramo en Santiago, hoy con esa suma se puede adquirir 3 gramos.
Ramírez explica que el narcotráfico en la capital penquista opera en forma atomizada, y no como mafias. “En Concepción hay familias que se dedican al tráfico. Van a Santiago, quizás una vez por semana, compran 300 gramos de cocaína y la distribuyen entre microtraficantes. Esas personas que van a Santiago no deben ser más de cuatro o cinco”.
La disponibilidad de marihuana es mayor, explica el comisario, pues a la “cannabis” natural, que se cultiva en la misma región, se debe agregar una importante cantidad de marihuana paraguaya (prensada con aditivos volátiles), que ingresa vía encomienda desde Argentina por Pino Hachado, en la Araucanía, o desde Santiago por el paso Los Libertadores.
Claudio Veloso, OS-7 de Carabineros
“Nos preocupan los aditivos”
“En la Octava Región no tenemos información que nos haya llegado por fuentes abiertas o cerradas, respecto a la elaboración de drogas sintéticas”, confirma el jefe del OS-7 de Carabineros en Concepción, Claudio Veloso.
También resalta que el tráfico, en orden de importancia, se aglutina en torno a la marihuana, la pasta base y la cocaína. “Lo que a nosotros nos preocupa es que el porcentaje de droga que llega aumenta en volumen con distintos aditivos que van produciendo mayor adicción y deterioro a la salud de las personas”, aclara el mayor Veloso.
Advierte, por ejemplo, que a la pasta base las traficantes locales le agregan detergente, cemento o “rayado muralla”. A la cocaína le incorporan bicarbonato, sales rehidratantes o el polvillo que se encuentra al interior de los tubos fluorescentes.
“De acuerdo a pruebas de cromatógrafo de gases realizadas en Santiago, la cocaína exhibe un resultado cercano al 20% de pureza. Estamos hablando de un 80% de aditivos, y eso es lo que están consumiendo las personas. Probablemente acá el porcentaje de pureza va a ser aún menor”, indica Veloso, y añade que en el caso de la marihuana paraguaya, “un kilo que entra por Los Libertadores, acá se transforma en tres kilos”.
Esta droga, que cruza las fronteras “prensada” (compactada) con parafina o pegamentos volátiles que contienen tolueno, es pulverizada en jugueras por los traficantes penquistas, momento en el cual se les adiciona, además de lo señalado, alimento para perro, pasto seco o estiércol de caballo. “El producto, tras ser triturado, queda como tierra de hoja o tabaco molido. Esas son las dosis que se venden acá. Entonces, quien consuma ese cigarro de marihuana tendrá la sensación de que está fumando ‘de la buena’, cuando en realidad está ingiriendo basura”, concluye el mayor de Carabineros.

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