Suicidio asistido es legal en EE.UU. desde 1996

El 6 de marzo de l996 el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito de San Francisco, California, rechazó una ley del Estado de Washington que prohibía el suicidio asistido llevado a cabo por médicos, convirtiéndose así en el primer tribunal del país que le otorga a adultos mortalmente enfermos y «mentalmente competentes», el «derecho constitucional» a pedir «ayuda médica» para suicidarse1. Esta espantosa decisión no afecta solamente a California y Washington, sino también a otros siete estados; sobre los cuales dicho tribunal tiene jurisdicción. De hecho y como dijo el Cardenal Bernard F. Law de Boston, presidente del Comité pro vida de la Conferencia de Obispos de los EE.UU.: «Esta ley allana el camino para que se implemente la cultura de la muerte»2. Esto se corrobora por el hecho de que esta decisión puede ser citada en argumentos jurídicos en otras tribunales de la nación, a pesar de que se supone que sólo afecta a la región occidental del país3. Además, y como han argumentado lúcidamente muchos dirigentes pro vida, el texto de la ley da paso a la eliminación involuntaria de cualquier paciente cuyo problema «físico o psicológico» no pueda ser «aliviado significativamente»4.
La macabra decisión también fue criticada duramente por el propio presidente de la American Medical Association’s Task Force on Quality Care at the End of Life (la Fuerza de Trabajo de Cuidados Médicos al final de la Vida de la Asociación Médica de EE.UU.), el Dr. Thomas Reardon; quien declaró que dicha legislación «es fundamentalmente incompatible con la ética y la función del médico de brindar cuidados y de curar»5. Y añadió que a pesar de lo que diga el tribunal «el médico que causa intencionalmente la muerte de un paciente ha faltado a la ética»6. En vez de ofrecerle solidaridad y remedios paliativos al enfermo sufriente, el tribunal lo ha abandonado a merced de aquellos que están a favor de la falsa «solución» de la eutanasia.
No se hizo esperar tampoco la reacción favorable del Dr. Jack Kevorkian, quien ya ha ayudado a suicidarse a más de 100 personas y a quien precisamente dos días después de la decisión ya mencionada, un tribunal del Estado de Michigan, de donde proviene el «doctor de la muerte», lo exoneró, por segunda vez, de dos cargos de suicidio asistido presentados contra él en 19937. El Dr. Kevorkian está planeando instalar una clínica para el suicido asistido en California, para lo cual ya cuenta con dos cuantiosos donativos. Uno de ellos, de $50,000, «provino del testamento de una mujer de Chicago, que estaba de acuerdo con la práctica de Kevorkian»8. El otro, de $20,000, fue otorgado «por el cineasta retirado Kurt Simon, que premió a Kevorkian por su ‘búsqueda de la libertad individual'»9. Según han informado los medios televisivos, Kevorkian está planeando también donar los órganos de las personas a quien él ayuda a matarse. Parece que no está satisfecho con su necrofilia (amor a la muerte) y quiere también satisfacer su avaricia.
Lo más significativo de la decisión de la Corte de San Francisco es el hecho de que muestra la conexión entre el aborto y la eutanasia, al intentar justificar ambos crímenes precisamente bajo un falso y exagerado entendimiento de la «libertad individual». En efecto, en el fondo de la decisión está la cuestión de si la Constitución de EE.UU. protege «el derecho a morir», el cual es comparable al «derecho» a decidir practicarse un aborto, que el Tribunal Supremo de la nación legalizó a nivel nacional en 1973.
El 22 de enero de 1973, el Tribunal Supremo de EE.UU., en los fallos Roe v. Wade y Doe v. Bolton, legalizó el aborto a petición durante los nueve meses del embarazo10. Es importante señalar, sin embargo, que «la decisión del Tribunal no se basó en el argumento de que el niño no nacido no es un ser humano en el sentido ‘biológico’. El Tribunal, tal como lo ha admitido, estaba completamente consciente de los ‘hechos bien conocidos del desarrollo del feto’…El fallo del Tribunal se basó más bien en un criterio de ‘calidad de vida’: el niño no nacido no es una persona en el sentido ‘significativo’ o ‘pleno’, dijeron los jueces. El Tribunal no llegó a la conclusión de que la personalidad ‘significativa’ o ‘plena’ comience en el momento del nacimiento; dijo simplemente que no comienza antes de ese momento. La distinción es muy importante, porque semejante definición, tan vaga e imprecisa por parte del Tribunal, representa un precedente constitucional para deshumanizar otros segmentos de la humanidad, definiendo sus vidas como carentes de significado o incompletas»11.
Esto es exactamente lo que ha estado ocurriendo. La legalización del aborto ha traído también el infanticidio y la eutanasia. En efecto, ya en los años 70 ciertas personalidades importantes en los campos de la medicina y de las leyes especulaban sobre la posibilidad de retrasar la personería legal más allá del nacimiento. Por ejemplo, «en mayo de 1973 [sólo cuatro meses después de la legalización del aborto]…el Dr. James Watson, científico ganador del premio Nóbel, afirmaba que se debería tomar en consideración la idea de privar de su personería legal al recién nacido hasta tres días después del nacimiento. Los padres que sospechan anormalidades fetales pueden abortar legalmente, señaló; pero la mayor parte de los defectos de nacimiento no son descubiertos hasta el momento mismo del nacimiento»12.
Pero la mentalidad antivida generada por la legalización del aborto no se ha quedado a nivel de la especulación. Desafortunadamente ha pasado a la práctica. Estamos dentro de una ola de infanticidio y eutanasia.
Con respecto al infanticidio, en 1982 en Bloomington, Estado de Indiana, se dio el famoso caso de «Baby Doe», un niño que nació con mongolismo y que el hospital dejó morir de hambre a petición de sus padres, a pesar de varias ofertas de adopción por parte de parejas interesadas13. Seguramente existen más casos como éstos, pues en esa misma década la cadena de televisión CNN produjo tres programas acerca de bebés nacidos con graves defectos que fueron abandonados a su suerte por parte de un hospital del Estado de Oklahoma14. En 1992 tuvo lugar el caso de «Baby Theresa», en Fourt Lauderdale, Estado de la Florida: una niña que nació anencefálica, a quien le querían extirpar los órganos antes de morir15.
Con respecto a la eutanasia, se les están retirando el agua y los alimentos a personas en estado comatoso o semicomatoso, como en el famoso caso de Nancy Cruzan, quien murió de hambre y sed, en diciembre de 1990, unos diez días después de habérsele retirado el agua y la alimentación que se le administraban por un tubo16. El caso de Nancy no es el único, pero sí uno que ha logrado la atención del público a nivel nacional. Algunas personas en el movimiento a favor de la vida, han comentado que el caso de Cruzan podría ser para la eutanasia lo que el fallo Roe v. Wade fue para el aborto17.
Es importante también darse cuenta de que existen alrededor de 32 grupos en favor de la eutanasia en el mundo, organizados en una federación. Cuatro de estos grupos se encuentran en EE.UU. Uno de ellos es la Sociedad Hemlock, cuyo fundador, Dereck Humphrey, publicó un libro en 1991 titulado Final Exit («La última salida»), en el cual explica las diferentes maneras en que uno puede matarse a uno mismo «sin dolor»18.
Estos grupos en pro de la eutanasia han tratado de legalizar este crimen de diferentes maneras en EE.UU. y en otros países. Una de esas maneras han sido los «living wills» («testamentos en vida»), unos ambiguos documentos en los cuales el paciente pide que, en caso de quedar incompetente, se le retiren medios extraordinarios de conservación de la vida. El problema es que el término «extraordinario» queda sin definir. Estas y otras ambigüedades se prestan para el abuso por parte del personal médico que esté a favor de la eutanasia19.
Otra estrategia del movimiento a favor de la eutanasia para legalizar este crimen es la de proponer leyes de «ayuda para morir» o «suicidio asistido». Proyectos de leyes de este tipo habían sido rechazados por muy poco margen en los Estados de California y Washington. De haber sido aprobadas, dichas leyes les permiten a adultos «competentes» el poder pedir que se les suministren inyecciones letales, en caso de ser diagnosticados como «enfermos de muerte»; es decir, si, bajo juicio médico, les quedasen unos seis meses de vida. El proyecto de ley de «suicidio asistido» que se había presentado en el Estado de Washington era más liberal que las leyes que existen en Holanda, donde miles de pacientes han sido víctimas de la eutanasia con y sin su consentimiento20. La decisión del Tribunal de Apelaciones de San Francisco ha llegado más lejos al aprobar esta abominable práctica.
No cabe la menor duda, la mentalidad antivida generada por la legalización y la práctica diseminada del aborto ha dado lugar al infanticidio (eutanasia de niños), al suicidio asistido y a la eutanasia. Una vez que se le pierde el respeto a la vida humana por nacer, por medio de una falsa exaltación de la «libertad individual», esta lógica de la muerte conduce también a la falta de respeto por la vida humana después de nacer, sobre todo si esta vida humana es vilmente considerada como «carente de significado» o «incompleta».
Fuentes: 1. Burke Balch, J.D., «Court Ruling on Suicide ‘Right’ Goes Far Beyond Voluntary Killing of Terminally Ill», National Right to Life News 23 (15 de marzo de 1996): 1; «Fallo legal sobre suicidio causa polémica», El Nuevo Herald (Miami), 8 de marzo de 1996, 10A. 2. «Otro paso hacia la cultura de la muerte», La Voz Católica (Miami), 22 de marzo de 1996, 4; Jerry Filteau, «Appeals Court Ruling Asserts Right to Die», The Florida Catholic, 15 de marzo de 1996. 3. «Fallo legal sobre suicidio asistido causa polémica», 10A. 4. Balch, 1 y 11. El énfasis es nuestro. 5. «Otro paso hacia la cultura de la muerte», 4. 6. Ibíd.7. Jack Lessenberry, «A Second Court Victory for Assisted Suicide», The Miami Herald, 9 de marzo de 1996, 1A.8. «‘El médico de la muerte’ recibe donaciones para montar clínica», El Nuevo Herald (Miami), 5 de febrero de 1996. 9. Ibíd. 10. Padre Paul Marx, O.S.B., Ph.D., And Now…Euthanasia, 2da. ed., (Washington, D.C.: Human Life International, 1985), 7. 11. Ibíd, 7-8. 12. Ibíd, 8-9. El énfasis es nuestro. 13. Ibíd., 4. 14. Video «CNN Oklahoma Infanticide» (disponible en la Oficina de Respeto a la Vida de la Arquidiócesis de Miami, Estado de la Florida, EE.UU.; tel.: (305) 653-2921). 15. Adolfo J. Castañeda, «El mensaje de Baby Theresa», ¡Escoge la Vida!, boletín de Vida Humana Internacional (mayo/junio de 1992): 8. 16. «Nancy Cruzan Dies From Starvation», The Beginning, boletín de la Oficina de Respeto a la Vida de la Arquidiócesis de Miami, vol. 8 (enero/febrero de 1991): 5. 17. Marx, «Euthanasia Worldwide», Linacre Quarterly 57 (agosto de 1990): 28-29. 18. Padre Jorge Molinero, «Todo empezó con la contracepción», Palabra (mayo de 1991): 10. 19. Rita Marker, «The Living Will: Just a Simple Declaration?,» folleto de HLC-Dept. E, Collegeville, MN 56321, 1986. 20. «Shall Doctors Kill?», Washington Watch, boletín de la organización cristiana Family Research Council, 2 (octubre de 1991): 1.
Tribunal de Apelaciones de Nueva York también legaliza el suicidio asistido.
Menos de un mes después de que el Tribunal de Apelaciones de San Francisco legalizara el suicidio asistido, otro tribunal de apelaciones en Nueva York también aprobó el 2 de abril de l996, este monstruoso crimen. La Asociación Médica de EE.UU. criticó la decisión diciendo que «el pedirle a un médico que colabore en un suicidio, transforma a los instrumentos de la medicina en instrumentos de muerte».
Fuentes: The Florida Catholic, 12 de abril de 1996; Family Issues Alert, 10 de abril de 1996.
Aprueban el suicidio asistido en Oregon, EE.UU.
El 8 de noviembre de l994, los habitantes del Estado de Oregon aprobaron, por votación de 51% a 49%, la primera ley en favor de la eutanasia en la historia y en todo el mundo. La ley les permite a los médicos recetarles fármacos letales a los pacientes desahuciados que se espera que tengan menos de 6 meses de vida, para que puedan suicidarse. Dichos pacientes deben expresar por escrito su deseo de que le administren el fatal fármaco. El 8 de diciembre de ese año, un juez federal emitió una orden temporal que impide que la nueva ley entre vigor. Sin embargo, un abogado que trabaja con la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU), dijo que le pediría al juez escuchar los argumentos de dos pacientes desahuciados y de un médico que están en favor del «suicidio asistido».
Uno de los dos factores más importantes en la legalización de este crimen contra la humanidad, fue la persistente campaña de la Sociedad Hemlock, uno de los principales grupos de EE.UU. y del mundo en favor de la eutanasia. El otro factor lo constituyó la Asociación Médica de Oregon, la cual rehusó tomar postura con respecto al «suicidio asistido», a pesar de la oposición de la Asociación de Medicina de EE.UU.
Fuentes: Life at Risk, noviembre de 1994; The Miami Herald, diciembre 9, 1994.
Empeora la situación en Oregon con respecto al suicidio asistido
A pesar de la oposición local y de las políticas contrarias el suicidio asistido de otros estados, el Estado de Oregon ha tomado más medidas para institucionalizar este crimen.
El 26 de febrero de 1998, la Comisión de Servicios de Salud de Oregon (Oregon Health Services Commission) votó por margen de 10 a 1 a favor de que se añadiese el suicidio asistido a la lista de tratamientos de prioridad que se le proporciona a los pacientes que reciben ayuda económica del gobierno para el cuidado de su salud (Medicaid) bajo el Plan de Salud de Oregon (Oregon Health Plan). Esto implica que se otorgarán fondos para el suministro de fármacos letales como parte integral del «cuidado para el confort». Dicho «cuidado» ocupa el lugar número 260 en una lista de 745 servicios prioritarios.
A pesar de que la ley federal (es decir, a nivel nacional) prohíbe el uso de los fondos del Medicaid para el suicidio asistido y para gastos relacionados con él, así como para cualquier conjunto de beneficios que lo incluya, la Comisión dijo que podría integrar la práctica de este crimen en su plan de salud, siempre y cuando dicho «servicio» sea pagado solamente con fondos del Estado de Oregon.
La Comisión también dijo que el negar fondos públicos para el suicidio asistido constituiría una «discriminación» hacia los pobres en un estado donde la práctica es legal. Sin embargo, esta infame postura fue desafiada por parte de distintas entidades. Nadie que representara a las personas de bajos recursos de Oregon ni aquellos que les prestan servicios testificaron a favor del suministro de fondos públicos para eliminar a los pobres por medio del suicidio asistido. Al contrario, grupos como las Caridades Católicas (Catholic Charities) y la Asociación de Trabajadores de Temporada del Noroeste (Northwest Seasonal Workers Association), testificaron en contra de la criminal propuesta. En la sección de opiniones de la edición del 15 de marzo de 1998 del diario de mayor tirada de este estado, The Oregonian, el Arzobispo John Vlazny de Portland y el Sr. Robert J. Castagna de la Conferencia Católica de Oregon preguntaron: «¿Qué podría ser más discriminatorio contra los pobres, quienes dependen de un programa de salud pública, que sugerirles que el público está dispuesto a pagar para que mueran en vez de pagar para que continúen recibiendo atención médica?» Aún el propio Ron Adkins, activista en pro del suicidio asistido y esposo de la primera mujer que el Dr. Jack Kevorkian ayudó a matarse, estuvo en contra de lo propuesto por la Comisión: «Muchos ciudadanos de Oregon creen que cualquier forma de suicidio es moralmente mala. Obligarlos a pagar por mi elección [de suicidio asistido] a la de otro, también está mal».
Sin embargo, a pesar de la oposición, la institucionalización del suicidio asistido en Oregon ha continuado. El Centro para la Ética del Cuidado de la Salud (Center for Ethics en Health Care) de la Universidad de Ciencias de la Salud de Oregon (Oregon Health Sciences University) ha publicado una «guía» para los profesionales de la salud con respecto al suicidio asistido que se titula The Oregon Death With Dignity Act: A Guidebook for Health Care Providers («El acta para la muerte con dignidad de Oregon: Un manual para los proveedores del cuidado de la salud»). Además de esta infame «guía», seis «expertos en salud» de ese estado planean viajar a Holanda para llevar a cabo consultas sobre cómo continuar con la institucionalización del suicidio asistido en Oregon. Como se sabe, en Holanda se matan cada año a miles de personas por medio de la eutanasia y del suicidio asistido. Los promotores de estos crímenes de Oregon quieren importar la «experiencia» holandesa a tierras estadounidenses.
El 25 de marzo de 1998 el grupo engañosamente llamado Compasión en el Morir (Compassion in Dying) anunció que una octogenaria mujer con cáncer de mama se había convertido en la primera persona en morir a consecuencia de una sobredosis de un fármaco recetado por un médico según la ley de Oregon. Se informó también que el médico de cabecera de la señora se había negado a recetarle fármacos letales y que un segundo médico que ella consultó le dijo que su petición suicida se debía a la depresión que estaba sufriendo. Sin embargo, Faye Girsh, directora ejecutiva de la Sociedad Hemlock de EE.UU., uno de los principales grupos a favor de la eutanasia del país, expresó su satisfacción por este triste hecho diciendo: «Hurra para la gente de Oregon. Siento una gran admiración. Este es un momento histórico».
Sin embargo, muy pronto se cuestionó el hecho de que esta mujer, cuyo nombre no se ha dado a conocer, fuese la primera víctima de la ley de Oregon de suicidio asistido. Otra mujer no identificada informó por teléfono a la prensa que un familar cercano suyo que sufría cáncer había muerto también a causa del suicidio asistido antes del 25 de marzo. El médico que ayudó a esta otra persona a matarse fue proporcionado por la filial de Oregon de la Sociedad Hemlock. Como ninguna de estas dos familias querían recibir más publicidad y cómo los funcionarios del estado se han comprometido a mentener la confidencialidad en estos casos, sólo se pudieron conocer los detalles que los grupos en pro de la eutanasia han elegido informar. Este hecho ha provocado nuevas exigencias de más responsabilidad hacia los casos de suicidio asistido. Sin embargo, Barbara Coombs Lee del grupo ya mencionado, Compasión en el Morir, ha rechazado la exigencia del escrutinio público diciendo: «El público no merece saber nada excepto el hecho de que hay una ley [de suicidio asistido] disponible y que se están siguiendo las reglas.»
De manera que, según los promotores del suicido asistido, ellos y los que lo practican pueden seguir ayudando a la gente a matarse sin que el público se entere. Además de que el suicidio asistido es un crimen en sí mismo, este rechazo del escrutinio público llevará lógicamente al abuso de este atentado contra la humanidad. Como en el caso de Holanda, se pasará de ayudar a matarse a personas «mentalmente competentes» a personas que ni siquiera han pedido semejante infamia. Recuérdese lo que le dijo un médico a la señora anteriormente mencionada: que su petición de suicidio era fruto de su depresión. La ley de Oregon y los grupos en pro de la eutanasia que la están institucionalizando les están diciendo a los pacientes terminales cuya condición se caracteriza evidentemente por la vulnerabilidad psicológica que no les van a ayudar en su situación ni van a solidarizarse con ellos, sino que van a «ayudarlos» a que se vayan de esta vida, a que se quiten del medio y que no «estorben» más. ¿Es esa una sociedad solidaria y compasiva?
Fuentes: The Oregonian, 27 de febrero de 1998, 3 de marzo de 1998, 6 de marzo de 1998, 15 de marzo de 1998, 26 de marzo de 1998, 29 de marzo de 1998; Associated Press, 25 de marzo de 1998; Life at Risk, marzo de 1998.

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