Policía napolitana arremete contra la camorra

Al menos 120 personas han muerto este año a consecuencia del ajuste de cuentas entre bandas de la Camorra (mafia napolitana).
El general Luciano Gottardo, comandante en jefe de la policía militar Carabinieri, atribuye la ola de violencia a una redistribución del poder, aunque en la Camorra, a diferencia de la Cosa Nostra siciliana, no existe un capo de tutti i capi (jefe de todos los jefes) y los equilibrios entre los 40 clanes se reparten la ciudad son precarios.
“Es una guerra entre bandas criminales que com-baten por la supremacía”, dijo al diario Corriere della Sera.
Un informe parlamentario estableció que la Camorra cuenta con unos 7.000 miembros, repartidos en un centenar de clanes. Sus tentáculos en el contrabando de cigarrillos involucran a unas 40.000 personas, en el tráfico de drogas a 15.000 y en la prostitución a 10.000.
Giovanni Falcone, el mítico juez antimafia asesinado con 500 kilos de TNT en 1993, por orden de Toto Riina, el mafioso siciliano que a comienzos de los 90 se adueñó de la Cosa Nostra tras eliminar a todos sus rivales, solía decir: “Cosa Nostra es una pantera, imagen de la potencia y la ferocidad. La Camorra es un zorro, aparentemente no dotado de gran fuerza pero inteligente, astuto y despiadado en el momento oportuno”.
Según Gottardo, la pax camorrista de los últimos años comenzó a irse al diablo con la reorganización del poderoso cartel Alianza de Secondigliano, que controla el centro y el norte de Nápoles.
El problema, dice, es que invadieron el terreno del jefe rival Paolo Di Lauro, alias ‘Ciruzzo ‘o Milionario’, amo del narcotráfico napolitano, cuyo clan está también en vías de reestructuración.
Los siete cadáveres que dejó la matanza de hace tres semanas fueron atribuidos precisamente a la guerra por las riendas del clan de Di Lauro.
325 policías más
El Gobierno, por supuesto, no está de brazos cruzados. “El Estado responderá golpe con golpe hasta restaurar la ley y el respeto por la vida humana”, advirtió el Ministro del Interior, Giuseppe Pisanu. Pero todos los días hay nuevos muertos en las calles de Nápoles, ciudad que en tiempos normales contabiliza el 20 por ciento de los homicidios de toda Italia.
Aunque los otros capos son por ahora sólo espectadores, las autoridades temen que estén esperando como buitres el momento idóneo para entrar en acción, desatando una guerra sin cuartel, como aquella que a comienzos de los 80 dejó 700 muertos en las calles de Nápoles.
Por las dudas, Pisanu envió hace dos semanas 325 policías más a Nápoles, una ciudad ya militarizada, donde existe un agente de seguridad por cada 109 habitantes, el doble del promedio nacional.
La estrategia dio su primer fruto cuando la Policía irrumpió en una reunión de camorristas que, al verse sorprendidos, arrojaron por la ventana pistolas, ametralladoras y hasta una granada de mano.
Luego, le llegó su día del capo Gaetano Marino, arrestado en un lujoso hotel de la costa amalfitana con 400 gramos de cocaína, cinco teléfonos celulares y 26.000 dólares en el bolsillo.
Horas después la policía echó el guante a Pietro Espósito, el gatillero acusado de ejecutar recientemen-te, de un tiro en la nuca, a la novia de un mafioso rival y quemar su cadáver como advertencia.
Tonino Palmese, experto de la organización antimafia Libera, dijo al TIEMPO que esto “no se resuelve con policías, sino con oportunidades para los jóvenes”. Nápoles es una de las ciudades más pobres de Italia, con un galopante desempleo del 50 por ciento entre los jóvenes.
Pier Luigi Vigna, el Procurador Nacional Antimafia, está convencido de que la batalla no es sólo por el control de Nápoles. “La Camorra tiene hoy proyección internacional. Estamos inves-tigando un vasto tráfico de estupefacientes en el extranjero y lavado de dinero obtenido de la venta de objetos falsificados en al menos 15 países”, dijo. E insiste en que la Camorra ya no se asusta con nada, “han perdido el sentido sobre la importancia de la vida humana”.
ESTEBAN ISRAEL
Especial para EL TIEMPO
ROMA

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