Subcomandante Marcos escribe novela policial

¿Qué debería hacer un líder rebelde con un poco de tiempo de sobra en sus manos para captar la atención? El Subcomandante Marcos, el escurridizo y carismático líder del Movimiento Zapatista en el sur de México que maneja con más destreza las palabras que los fusiles, al parecer ha decidido que la respuesta consiste en escribir una novela de corte policial.
Dos semanas atrás, Pablo Ignacio Taibo II, exitoso escritor de historias detectivescas que se desarrollan en la Ciudad de México, recibió una misiva clandestina del líder guerrillero. En ella, Marcos, el dirigente rebelde que convirtió el uso de un pasamontañas negro en algo sensual, propuso que formaran un equipo para escribir una historia de detectives, alternando los capítulos.
“Pensé en eso durante 10 segundos y dije, ‘No, no en este momento. Estoy muy conforme con mi libro de Pancho Villa, lo estoy escribiendo ahora mismo, y este nuevo proyecto me va a volver loco»’, recordó Taibo. “Después, muy rápidamente, a los 10 segundos, dije que sí. Tenía el enorme atractivo de la locura. Para un escritor como yo que siempre está rayando la locura, eso fue parte de mis, digamos, mayores obsesiones por hacer algo de esa naturaleza». Así que Taibo, liberal que simpatiza con la campaña del Movimiento Zapatista por mayores derechos para los pueblos indígenas en la región sur de Chiapas, acordó las reglas para escribir el libro en una andanada de cartas con el líder rebelde.
Los primeros seis capítulos del libro, titulado “Muertos Incómodos”, van a ser algo similar a un juego de Ping-Pong. Marcos va a escribir los capítulos primero, tercero y quinto, presentando a su detective, Elías Contreras. Mientras que Taibo escribiría los capítulos segundo, cuarto y sexto, usando al detective que fue el protagonista de algunos de sus libros previos, Héctor Belascoarán Shayne. En el séptimo capítulo, ambos detectives deben reunirse en el Monumento a la Revolución en Ciudad de México, donde Pancho Villa y Lázaro Cárdenas fueron sepultados.
Ninguno de los colaboradores sabe aún cómo terminar el libro, o cuál va a ser su longitud, notó Taibo. Marcos eligió relatar la historia desde una perspectiva futura, con su investigador reflexionando sobre los sucesos. La narrativa de Taibo se ceñirá al presente. Cada uno de los capítulos está siendo derivado del previo. La Jornada, diario mexicano, ha accedido a publicar los capítulos en una serie.
El primer esfuerzo por parte del encapuchado convertido en novelista apareció el 5 de diciembre. El segundo capítulo fue publicado una semana después. Las razones de Marcos para escribir el libro, al igual que tantos aspectos relacionados con él, siguen siendo tan claros como la bruma en torno a la selva chiapaneca. A juzgar por el primer capítulo, él desea usar la ficción no sólo para reunir dinero para la caridad, como han acordado ambos autores, sino también para expresar puntos políticos.
En el primer capítulo, el intrépido Elías Contreras (que según Marcos no es el nombre real del personaje) localiza a una mujer a instancias de un comandante zapatista llamado… Subcomandante Insurgente Marcos. Resulta que la mujer había huido de un marido que abusaba de ella. Cuando Contreras le informa eso al (sub)comandante, él expresa su conmoción ante el hecho que un rebelde zapatista golpeara a su esposa.
“Quizás conoces a alguien que olvida ser zapatista de vez en cuando”, le dice con rudeza el investigador al comandante mientras ensillan la mula del detective. “Entonces, ¿cuánto tiempo se necesita para volverse zapatista?”, pregunta el comandante. “A veces, se requieren más de 500 años», dice el detective, antes de alejarse a lomo de mula. El pasaje, al parecer, es propaganda con un tenue velo, condenando la violencia doméstica pero también exhortando a fieles zapatistas a no renunciar a la fe.
Asimismo, refleja un problema subyacente para los rebeldes: el lento paso del cambio en Chiapas y la menguante atención de la Ciudad de México y el mundo. Marcos, ex catedrático de filosofía, cuyo nombre real según fuentes oficiales, es Rafael Sebastián Guillén Vicente, encabezó un levantamiento en nombre de los derechos indígenas en enero de 1994. Si bien él mismo no es indígena, capturó la imaginación y simpatía de muchos intelectuales y liberales de la clase media. Muchos mexicanos se conmovieron ante la durísima situación de los indios analfabetos y desnutridos, a quienes Marcos defendió. Sin embargo, la rebelión también se relacionó con la ansiedad en cuanto a qué podría hacerle el libre comercio al país.
De la noche a la mañana, el líder rebelde se convirtió en un héroe de culto en escala internacional con el atractivo de una estrella del rock, un Che Guevara para los años ’90. Sin embargo, los zapatistas nunca tuvieron mucho éxito sobre el campo de batalla, y los acuerdos de San Andrés Larrainzar en 1996 con el entonces Presidente Ernesto Zedillo se vinieron abajo posteriormente. Después, el Presidente Vicente Fox les permitió marchar a la Ciudad de México en marzo del 2001, llevar a cabo una gigantesca congregación y dirigirse al Congreso.
Un mes después, los legisladores aprobaron una versión diluida de sus exigencias, y el movimiento perdió un poco de fuerza. Desde entonces, el líder guerrillero se ha retirado a su escondite en la selva de Chiapas, promoviendo una revolución más discreta en el puñado de poblados que los rebeldes aún controlan. Marcos no pudo ser localizado de inmediato para comentar acerca del libro. Por su parte, Bernardino Ramos, legislador que encabeza una comisión que fue creada para pacificar Chiapas, dijo que el libro era una astuta forma de reavivar el interés sobre los problemas de la gente indígena, a la cual defienden los zapatistas. “Lo que él está buscando es decirle al mundo ‘Nosotros seguimos aquí’”, asegura.
Por otra parte, Taibo se niega a especular con respecto a los motivos del líder guerrillero. Reconoce que la novela, al igual que la mayor parte de la ficción latinoamericana, explora problemas sociales, lo que él denomina “los demonios que caminan libres en México”, el abuso del poder y la corrupción. De cualquier forma, “una novela detectivesca es una novela detectivesca”, dijo Taibo. Los dos autores han decidido crear un misterio de asesinato con cuatro posibles soluciones. Tres de ellas serán elementos que distraen la atención del tema central.
“Esencialmente, será una pieza de ficción, pero siempre, en una novela como la presente, existirá una reflexión política, sin duda”, comentó Taibo. “La hemos propuesto como una novela de ficción. No sé qué más quiera decir él. Sé lo que yo quiero decir. Quiero decir que la Ciudad de México también es una selva”.
Fuente: The New York Times News Service

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