Lo detuvieron por intentar compra de armas para la guerrilla colombiana

GERARDO REYES
El Nuevo Herald
Carlos Gamarrra Murillo pensaba que el negocio estaba listo.
En menos de ocho meses se las había ingeniado para »adquirir» en el sur de la Florida un impresionante arsenal de 2,400 fusiles de asalto AK 47, M-16A1 y Galil, ametralladoras M-60 y miles de granadas.
Lo que faltaba era enviárselo al ansioso cliente: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Valor total: $3,996,000.
Fecha de entrega: 9 de abril de 2004.
Lugar de entrega: Venezuela.
Un problema estropeó la operación. Gamarra estaba negociando con agentes e informantes encubiertos del gobierno de Estados Unidos que lo grabaron, lo filmaron y le sonsacaron información tan comprometedora que no le quedó otra opción que declararse culpable.
El lunes pasado, ante el juez federal James D. Whittemordel, del Distrito Medio de la Florida, en Tampa, Gamarra firmó un acuerdo de culpabilidad con la fiscalía federal de esa ciudad en el cual reconoció los cargos más graves y se comprometió a colaborar con la justicia.
Gamarra, de 54 años, afronta penas hasta de 20 años de prisión por favorecer a una organización terrorista internacional, según los cargos, y comerciar armas sin autorización.
Aunque el negocio no llegó a concretarse, los hechos fragmentarios que se conocen sobre los preparativos de la entrega de las armas sugieren que la guerrilla colombiana estaría operando con relativa libertad al occidente de Venezuela.
Gamarra admitió que los más de 2,400 fusiles que compraría en la Florida se entregarían en una pista de aterrizaje clandestina situada en esa zona del territorio venezolano donde estaría esperando un grupo de guerrilleros para descargar y pagar el armamento.
»Las armas serían entregadas al occidente de Venezuela y el acusado suministró a los agentes las coordenadas de posición global para la pista y señaló en un mapa su localización», afirmó el acuerdo de culpabilidad.
El lugar exacto donde se planeaba el aterrizaje del avión con las armas no ha sido revelado por la fiscalía.
»No podemos dar más información de la que aparece en el acuerdo de culpabilidad», dijo a El Nuevo Herald Steve Cole, vocero de la fiscalía en Tampa.
La razón, agregó Nina Pruneda, portavoz de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) en Miami, es que hay más personas bajo investigación.
La abogada de oficio de Gamarra, María Guzmán, no respondió varias llamadas de El Nuevo Herald.
Gamarra había anunciado en diciembre que se declararía culpable, pero a última hora la audiencia de confirmación en la Corte Federal de Tampa fue suspendida por solicitud de la abogada de oficio, por razones que no fueron reveladas en el expediente. En comparación con la original, la admisión del lunes no presenta mayores cambios.
La historia de cómo este empresario de clase media alta de Bucaramanga, una ciudad al nororiente de Colombia, terminó de compras en Miami para enviar armas a un grupo designado como terrorista, parece que tiene que ver más con la crítica situación económica personal que con una identificación política con la guerrilla.
En Bucaramanga, Gamarra fue identificado como un empresario agroindustrial de una familia relativamente conocida, dado que su hermano es un prestigioso abogado de la ciudad. De acuerdo con testimonios de conocidos suyos, al momento de su arresto Gamarra atravesaba por una angustiosa situación económica debido al fracaso de un proyecto de siembra de palma africana en terrenos rurales de su propiedad, situados en el municipio de Aguachica, al sur del departamento de César.
Aguachica es una zona donde tradicionalmente opera y ha impuesto su ley un bloque de las Autodefensas Unidas de Colombia, archienemigas de las FARC. Por ello la noticia de la acusación a Gamarra por favorecer a las FARC sorprendió a varios en Bucaramanga.
De acuerdo con la declaración jurada del agente de ICE, George R. Ellis, respaldada por Gamarra en su admisión de culpa, los hechos ocurrieron así:
En marzo de 2003, Gamarra le comentó a un informante del ICE en Barranquilla, ciudad portuaria al norte de Colombia, que estaba buscando armas para un cliente. El informante recibió instrucciones de mantener el interés del empresario y exigirle un pago de $100,000 para asegurar el negocio.
Después de varias conversaciones, Gamarra envió un fax a su contacto con la lista de las armas que requería para que fueran compradas en Estados Unidos. A fin de concretar los detalles del envío y la forma de pago del cargamento, el empresario viajó a Tampa el 31 de julio con una visa de turista.
Ese mismo día se reunió con agentes del ICE que posaron como proveedores de armas y con el informante encubierto que ya conocía. Como gesto de confianza los agentes le mostraron algunos de los fusiles que serían parte del cargamento ordenado. Gamarra quedó impresionado porque las armas estaban en muy buenas condiciones.
Allí mismo los agentes del ICE se enteraron, por boca de Gamarra, que las FARC harían una parte del pago en efectivo y la otra en cocaína. Gamarra explicó que en su momento entregaría a sus contactos la coordenadas exactas donde debería aterrizar el avión con el arsenal en Venezuela y aprovechó la camaradería para adelantarles a sus enlaces que, si todo salía bien, la próxima compra sería de misiles Stinger tierra-aire.
Lo que siguió fue una constante comunicación telefónica entre los proveedores de las armas y el empresario. En octubre, Gamarra se reunió con uno de los agentes para asegurarle que las FARC estaban haciendo un gran esfuerzo por obtener el dinero para pagar las armas.
El 31 de marzo, Gamarra viajó a Miami y al día siguiente se reunió en Tampa con sus socios para informarles las cantidades definitivas de armas que los guerrilleros estaban dispuestos a comprar. El precio sería de $3,996,000.
Los aparatos de grabación captaron la lista final de los encargos de las FARC: 600 fusiles de asalto M-16A1, 60 subametralladoras, 60 lanzagranadas, 60 ametralladoras M-60, 600 fusiles de asalto Galil de 7. 62 milímetros, 600 Galil de 5.56 milímetros, 500 fusiles AK 47, 150 pistolas Baretta, 2,000 granadas de 40 milímetros y otras 2,000 granadas de 60 milímetros.
Al parecer Gamarra no dejó ningún detalle a la improvisación. Informó en forma exacta las coordenadas geográficas de la pista donde debería aterrizar el avión así como la frecuencia de radio a través de la cual sería guiado desde tierra y un mapa con la localización precisa de la pista. Para cubrir los gastos del transporte, entregó a los agentes $92,000 y explicó que, al momento de la entrega, un grupo de guerrilleros pagaría el arsenal 40 por ciento en efectivo y 60 por ciento en cocaína.
Cuando ya no había nada más que discutir, Gamarra fue arrestado.

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