La Fuerza Armada venezolana en el banquillo

FRANCISCO OLIVARES
EL UNIVERSAL
El llamado que recientemente hizo Eliécer Otaiza, según el cual «hay que preparar al pueblo para que odie a los gringos», opacó otra aseveración mucho más relevante y preocupante, pero que apunta hacia lo que verdaderamente debería ser debatido frente a un escenario de guerra planteado nada más y nada menos que desde la propia Presidencia de la República.
Esta otra afirmación lanzada por Otaiza fue que «en una situación bélica (frente a EEUU) la Fuerza Armada Nacional estaría totalmente desmantelada». Otaiza explica que «hay que preparar a la gente para que entienda que hay un enemigo y que enfrentarlo significaría una guerra prolongada por lo menos de siete a nueve años».
De manera que Otaiza parte de la premisa de que la FAN no está preparada para resistir un ataque de una potencia y establece el segundo escenario de una llamada guerra asimétrica en la cual, una vez derrotado el ejército venezolano, habría una resistencia organizada por las reservas y las unidades populares de defensa.
Partiendo de allí, cabe preguntarse ¿Está la FAN preparada para enfrentar un ataque militar externo?
Más allá de una respuesta determinante sí o no, presentamos a los lectores la primera de dos entregas, en las que analizaremos la situación de la Fuerza Armada venezolana en el contexto de lo que ha sido la evolución del concepto de defensa en Suramérica.
Hacer la guerra
El célebre teórico de la guerra Sun Tzu, cuyos textos son el libro de cabecera del comandante del Ejército de Venezuela Raúl Baduel, señaló dos siglos atrás que «nadie puede hacer la guerra si no tiene cómo hacer la guerra». Su enseñanza es que un ejército sólo puede ponerse en marcha si se tiene dinero, capacidad operativa y movilización. Así explica que «cuando un país se empobrece a causa de operaciones militares es debido al transporte distante, llevar suministros… ¿Cuánto va a costar eso? «Los gastos del Gobierno, aquellos debidos a reponer carros rotos, caballos desbocados, armaduras y suministros, consumen hasta 60% de la riqueza de una nación». ¿Estamos nosotros o cualquier país de Latinoamérica en capacidad de hacer la guerra?
Creencia derrumbada
El manto del secreto militar que disfrutaron las fuerzas militares en América Latina durante muchos años creó el mito de unas organizaciones eficientes y preparadas, no sólo para garantizar la defensa de los países sino que eran los mejor preparados para guiar los destinos de las naciones, por ser individuos de alta calificación. Al estar protegidas por el secreto militar lo que se conocía de ellas hacia su interior era muy poco.
Cuando uno se remite a los sondeos de opinión sobre las fuerzas militares, siempre estaban en un nivel muy alto de credibilidad y aceptación.
Pero desde la guerra de Las Malvinas en 1982, que protagonizan Argentina y Gran Bretaña, comienzan a derribarse todos esos mitos. Ese año se corrió el velo porque les tocó salir a garantizar lo único para lo que los militares tenían que estar preparados: la seguridad y la defensa de Argentina. Pero la realidad les mostró que no estaban preparados para enfrentar un enemigo externo, fallaron todos los mecanismos defensivos y ofensivos.
En unas reflexiones que hace en su libro el comandante argentino a cargo de aquellas operaciones, el teniente general Martín Antonio Balza señala: «Ser prisionero de guerra proporciona una situación ideal para la reflexión, todo lo que había aprendido, las imágenes de superioridad dictando clases de seguridad y defensa, cayeron aquel 13 de junio… Tantos años perdidos hablando de soberanía, hablando de libertad, de estrategia… y ni éramos soberanos ni libres ni estrategas»… Todos los testimonios de los combatientes reflejaron la frustación de los militares argentinos que carecían de la mínima preparación para sostener esa posición. Si bien los argentinos no podían ganarle la guerra a los británicos, sí podían enfrentar a un portaviones británico con 30 aviones de combate y su grupo de combate completo. Se trataba de una nación en el mar.
Las Malvinas, si bien fue una decepción para el pueblo argentino, al menos permitió que se cayeran las grandes mentiras con las que los latinoamericanos habían vivido. «Ustedes (los militares) nos estaban gobernando y ni siquiera servían para lo que debían servir» fue la reacción de un pueblo totalmente decepcionado que prefirió volcarse a la afición por el fútbol que a la falsa exaltación de la soberanía y el nacionalismo.
El gran viraje
A partir de 1982, por la fracasada experiencia argentina hubo una gran conmoción en las fuerzas militares latinoamericanas, que obligó a iniciar un proceso de revisión de los concepto de seguridad y defensa y reestructuración, en las que Venezuela nunca participó. En el resto de los países hubo cambios enormes, especialmente en el eje Argentina-Brasil-Chile.
Civiles y militares se hicieron eco de lo ocurrido en Argentina y concentraron sus esfuerzos en proponer vías de desarrollo sutentable en el área militar y se marcó distancia de la política.
Se planteó entonces el concepto de defensa integral; es decir, una política para desarrollar los componentes militares estratégicos, para realizar desarrollos avanzados, asociaciones estratégicas con una perspectiva a largo plazo que les permitiera incorporarse a un desarrollo tecnológico sustentable.
El concepto de Sun Tzu, de que no se puede ir a la guerra si no se tiene con qué, quedó claro en Las Malvinas.
La compleja tarea de la defensa
Potencial de respuesta
Para medir la capacidad real y operativa de un ejército, para conocer cuáles son sus posiblidades reales de éxito, se establecen varios criterios: El desarrollo militar implica medir cuál es el nivel de los componentes estratégicos, componentes críticos, desarrollos avanzados, desarrollos tecnológicos, desarrollos prospectivos, know how general y operatividad. A eso se le agregan otros temas tales como asociaciones estratégicas con otros países, desarrollo humano y desarrollo logístico. Eso en conjunto determinará su capacidad operativa.
Componentes estratégicos
Los componentes estratégicos son aquellos que le dan capacidad al Estado para generar, con elementos propios desarrollados con materia prima nacional (sin componentes importados), una mínima acción de defensa o una mínima capacidad para hacer la guerra. Por su parte los componentes críticos son aquellos, de naturaleza militar o no, que permiten mantener la acción de defensa en el tiempo. Este renglón incluye material de guerra, transporte, logística o repuestos que suelen fallar o dañarse y necesitan ser reemplazados.
Fuerza autónoma
Los desarrollos autónomos avanzados son aquellos que buscan desarrollar en forma local los sistemas de armas provenientes de otras naciones para lograr plena autonomía. Estos se complementan con los desarrollos avanzados, que son aquellos proyectos de desarrollo propios que buscan generar un nivel mayor de calidad en las necesidades de defensa. Ello implica el desarrollo tecnológico que busca generar subsistemas de defensa avanzados con los cuales cubrir eficazmente las necesidades operacionales de la fuerza armada.
A la zaga de los vecinos
Una fuerza militar no sólo se establece por las armas que posee en un momento dado. La capacidad operativa y de defensa se miden por sus componentes probados, la experiencia en combate, necesidades financieras cubiertas, capacidad de movilización, y en especial los desarrollos que le permitan autonomía frente a las potencias militares.
Por ejemplo, si se tienen 100 mil hombres en armas, no significa que esos 100 mil van a estar combatiendo constantemente. Se necesita tener al menos 70% de los gastos cubiertos de esa movilización, porque si en una batalla se producen 8 mil bajas ¿cómo se reemplazan? Es necesario tener capacidad para sostenerlos en el tiempo. ¿Tiene Venezuela esa capacidad en este momento?
Si se tienen 100 mil fusiles ¿qué se hace cuando se han perdido 20 mil? No se puede esperar una nueva compra en el exterior, es necesaria la capacidad de producirlos y remplazarlos al instante.
Es el caso de Venezuela que compra 100 mil fusiles a Rusia, lo cual es un proceso que lleva su tiempo, pero es incapaz (por el momento) de producir un fusil que pueda reponer aquellos que se pierdan en una eventual confrontación bélica, tal como ocurrió en el caso argentino.
Aquí es dónde los expertos señalan que es necesario evaluar cuáles son las cosas que esa fuerza necesita.
Los componentes estratégicos son aquellos que le dan capacidad al Estado para generar elementos propios desarrollados con materia prima nacional sin ningún componente importado para garantizar una mínima capacidad de defensa.(cuadro pág. 1)
Cuando los países establecen alianzas, como el caso de la OTAN y otros pactos militares, esa capacidad aumenta. Es así que el eje Chile-BrasilArgentina aumenta su capacidad por el acuerdo militar que existe entre ellos, elevando sus posibilidades defensivas y ofensivas, ya que entre los tres constituyen una fuerza militar con capacidad para sostenerse frente una agresión externa.
Autonomía militar
El ejemplo práctico de esto es que en la actualidad Brasil fabrica 90% de sus municiones y Argentina 77,8 %, Colombia 47,5%, Chile el 65% y Venezuela no las fabrica, apenas ensambla para 9 mm y 45 mm, en un pequeño porcentaje.
Argentina hace tres tipos de rifles de francotirador, tres tipos de rifles de asalto y subametralladora. Brasil tiene tres tipos de fusil de francotirador, 6 tipos de fusil de asalto, y 9 tipos de subametralladora.
Argentina desarrolla todos sus cañones desde 4 hasta 105 mm. Chile ha concentrado sus esfuerzos en artillería de saturación (cohetería que satura un espacio de terreno) debido a que los chilenos no pueden llevar 105 mm hasta ciertos lugares y prefieren centrarse en el desarrollo de la cohetería.
Estos tres países tienen sus vehículos ligeros, de transporte y blindados desarrollados por ellos mismos.
Desarrollos avanzados
Chile se ha centrado en hacer un vehículo blindado pero liviano de transporte y Argentina ha desarrollado un vehículo mediano blindado que se llama la serie TAM. Además tiene desarrollado el mejor tanque mediano que se produce en la región y Brasil ha desarrollado una serie de tanques grandes.
Entonces tenemos que Chile tiene el mejor transporte blindado, Argentina el mejor tanque medio y Brasil el mejor tanque grande.
Chile tiene sus aviones caza, Argentina el Pampa 2000 y el Pucará de reconocimiento.
Brasil tiene sus fábricas de aviones y helicópteros. Chile hace transportes, naves de desembarco, patrullas misilísticas e interceptoras. Argentina, patrulleras rápidas, patrulleras pesadas y hasta un destructor. Brasil hace desde patrulleras, navíos misilísticos, corbetas, fragatas y están construyendo submarinos.
Chile hace las turbinas de sus aviones. También hace transmisiones, sistemas hidráulicos y todo lo necesario para poder tener los aviones F5 al día y autonomía en sus sistemas de armas.
Aeroespacial
Chile tiene dos microsatélites que ya están en órbita. Argentina ha desarrollado cuatro satélites y un traje espacial, y Brasil es hoy en día un gigante en esa materia.
Esto nos da una idea de que cuando nos referimos a altos oficiales militares en esos países hermanos, estamos hablando de altos gerentes de elevadísimo nivel técnico y científico, cabezas de programas y empresas de alta competencia. Son oficiales que después de 1982 se dieron cuenta que el mundo militar de entonces había sido un fracaso. Son hombres que están pensando en el largo plazo y no en las pequeñeces de la política.
Fueron consultadas La Agenda Nacional de Seguridad. FAV-Club, CAVIM, Industrias Militares de Argentina, Brasil y Chile y Colombia. Revistas especializadas.

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