Persisten trabajos forzados en el mundo

Ginebra. Al menos 12,3 millones de personas son sometidas a trabajo forzado en el mundo y producen 32 mil millones de dólares anuales a los que los explotan.
Además, el trabajo forzado en América Latina y el Caribe genera 1.300 millones de dólares de ganancias y afecta par ticularmente a trabajadores agrícolas indígenas sin medios para pagar sus deudas con contratistas privados, reveló la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el más completo informe publicado hasta ahora sobre el tema.
En informe, titulado «Una alianza mundial contra el trabajo forzado», esta «plaga social» se refiere sobre todo a Asia (9,5 millones de trabajadores forzados) pero se desarrolla con total impunidad en todo el mundo.
En América Latina, Brasil es el país que tiene el mayor problema y que lo ha reconocido como tal, y es además en donde se han identificado casos de «trabajo esclavo», par ticularmente en los estados Pará y Mato Grosso, en la región amazónica de ese país, destacaron las agencias de noticias.
En Bolivia también existen varias formas de trabajo forzado, la más común _conocida bajo el término de «enganche»_ se basa en pagos adelantados a los campesinos en las zonas tropicales de Santa Cruz y el Chaco. En esta misma región, pero en territorio paraguayo, los trabajadores son sometidos a discriminación y tratos abusivos en haciendas ganaderas, según el informe, dijo Efe.
Esta entidad también ha registrado numerosos casos en Perú que consisten en el reclutamiento forzado en campamentos de explotación forestal y entre comunidades nativas aisladas.
«La selva amazónica parece ser un imán para el trabajo forzado, ya que la falta de empleo, el aislamiento geográfico y la ausencia de instituciones estatales hacen de esta área un terreno fértil para el tráfico de trabajadores indefensos», recalca el estudio.
La OIT calcula que «podría haber hasta 20.000 trabajadores en estas condiciones, muchos de ellos acompañados por sus mujeres e hijos».
El autor principal del informe, Patrick Belser, dijo a Efe que, a pesar de estos datos, la situación en ese grupo de países «ha mejorado en los últimos años» debido a la voluntad política de las autoridades para frenar el trabajo forzado.
El país que más ha avanzado en ese sentido es Brasil, cuyo ejemplo ha sido seguido por Bolivia, que «ha reconocido el problema y ha creado una entidad nacional que recomendará normas y medidas concretas para combatir ese tipo de explotación». «Perú y Paraguay están reflexionando y sus ministros (de Trabajo) han manifestado a la OIT su intención de crear mecanismos similares con la participación de empleadores, sindicatos y de la sociedad civil»

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