Posada Carriles: "Ahora me escondo mucho menos"

OSCAR CORRAL y ALFONSO CHARDY / The Miami Herald
Luis Posada Carriles puede ser el hombre más buscado en Cuba y en Venezuela, pero en una tarde reciente, el individuo, acusado de terrorismo, tranquilamente bebe un jugo de melocotón, lee a Confucio y admira la silueta de los rascacielos de Miami desde el balcón de un edificio de Brickell Key.
»Primero me escondí mucho», dijo refiriéndose a su llegada a Miami, anotando que pasa gran parte de su tiempo leyendo o pintando paisajes de Cuba al óleo. «Pensaba que el gobierno de Estados Unidos me estaba buscando».
Traído a este condominio de lujo, a sólo unas cuadras de unas oficinas del Departamento de Seguridad Interna (DSI) para su primera entrevista desde que entró furtivamente al país en marzo, el militante anticastrista dice que ha llegado a percatarse de que este gobierno no lo anda buscando.
«Ahora me escondo mucho menos. Hay gente que me ha reconocido en supermercados, en consultas de médicos, en su mayoría personas de edad».
Pero no revela dónde está hospedado.
Su llegada a Miami ha creado un frenesí internacional: los gobernantes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez, están exigiendo que las autoridades de EEUU arresten a Posada por actividades terroristas.
Castro y Chávez acusan a los gobernantes de EEUU de hipócritas por perseguir el terrorismo en ultramar, pero no perseguir enérgicamente a Posada, que ha solicitado asilo.
En la entrevista de dos horas el pasado miércoles, Posada:
• Sostuvo que no jugó papel alguno en el atentado a un avión de pasajeros de Cubana de Aviación en 1976, a pesar de que hay documentos federales recién revelados que lo vinculan con el ataque. «Sinceramente, no sabía nada de eso».
• Se negó a confirmar o negar su participación en una serie de ataques con bombas colocadas en lugares turísticos en Cuba en 1997, a pesar de haberlo admitido anteriormente. »Dejémoslo a la historia», dijo.
• Contó un extraordinario relato de cómo llegó a Miami en un autobús Greyhound, diciendo que escasamente pudo evitar que lo detuvieran unos oficiales de inmigración que subieron al autobús y exigieron que los extranjeros mostraran sus documentos. «Dije: `Señores, tengo 80 años. Se me olvidan las cosas. Ahora ni siquiera sé adónde voy».
La entrevista del Herald con Posada tuvo lugar después de varios días de gestiones con sus contactos en el sur de la Florida, que dieron una serie de misteriosas instrucciones en cuanto a lugares de cita y estrictas reglas para la entrevista: ni teléfonos celulares, ni grabadoras ni cámaras.
Los contactos de Posada les dijeron a los reporteros que fueran en auto hasta un estacionamiento de Brickell Avenue y esperaran junto a dos ascensores en un cuarto piso, para ir de allí a un condominio cerrado de Brickell Key. De ahí los reporteros fueron en ascensor a uno de los pisos más altos, tocaron en una puerta de madera y alguien los guió hasta un pequeño balcón, donde Posada les extendió la mano.
»Luis Posada», dijo sonriente. «Gusto en conocerlos».
Posada, de 77 años, parece un jubilado con dinero, con zapatos de cuero, pantalones de lino y una camisa también de lino color crema.
Según él, entró furtivamente en Miami en marzo porque temía que los agentes castristas estuvieran a punto de matarlo.
Cuando se le preguntó si participó en el atentado al avión cubano, en el que murieron 73 personas, incluyendo un equipo de esgrima de Cuba, Posada dijo:
«Me acusaron de haber sido el autor intelectual, de fabricar un arma de guerra y de traición a la patria. Nadie me ha visto fabricar una bomba».
Las cortes venezolanas lo absolvieron dos veces del caso. Posada escapó de la cárcel en 1985 mientras esperaba por una apelación de la fiscalía.
»El único modo que tenía de ganarme mi libertad era escapando», dijo. «Soy el único preso del mundo que se ha escapado después de haber sido absuelto».
En documentos recientemente revelados de la CIA y del FBI, hay confidentes que alegan que Posada asistió a por lo menos dos reuniones para planificar el ataque al avión, pero Posada dice que esas acusaciones son falsas y están formuladas por fuentes que no son de fiar.
Intentó desacreditar a uno de los informantes, Ricardo »el Mono» Morales Navarrete.
Antes de que lo mataran a tiros en un bar de Key Biscayne en 1982, Morales admitió haber participado en el atentado. En conversaciones con por lo menos dos detectives de Miami, también implicó a Posada, según los documentos y una entrevista con el Herald.
‘Yo nunca hubiera participado en ninguna conspiración con `el Mono’ Morales», dijo. ‘¡Tendría que estar loco, Dios mío! Todo lo que `el Mono’ decía tenía doble intención. No era digno de creer».
El ex detective Diosdado Díaz, de la policía de Miami, le dijo recientemente al Herald que en una conversación privada con Morales éste le dijo que Posada preparó los explosivos para volar el avión.
En la entrevista, Posada ridiculizó lo que recuerda Díaz, llamándole «un farsante y un sinvergüenza».
Díaz responde: «Es un proxeneta y un mentiroso»
Durante años, Posada ha mantenido que Morales le dijo que él había sido el cerebro maestro del atentado. Le dijo al Herald que un espía de la embajada cubana en Caracas le dijo que Morales estuvo trabajando para el gobierno cubano porque los agentes de éste le pagaron $18,000 en un hotel de México a principios de 1976.
Se negó a identificar su fuente de información, anotando que esa persona todavía trabaja para el gobierno cubano.
La solicitud de asilo de Posada dependerá de si un juez de inmigración cree que él estuvo involucrado en un acto terrorista. Las leyes de inmigración prohíben que se le conceda asilo a ningún extranjero si se cree que ha cometido algún delito serio.
La conexión de Posada con alrededor de una docena de explosiones en lugares turísticos de Cuba en 1997 también es relevante. En la entrevista, Posada no confirmó ni negó haber jugado un papel en esos hechos, en los que quedaron lesionadas unas seis personas y murió un ciudadano italiano.
En una rara entrevista en julio de 1998, The New York Times reportó que Posada dijo que él había »organizado una oleada de ataques el año anterior en hoteles, restaurantes y discotecas de Cuba», y que su mayor ayuda provino de dirigentes de la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA), como su fundador Jorge Mas Canosa, que murió en 1997.
Después de haberse publicado el artículo, The New York Times aclaró que la FNCA no había subvencionado los ataques.
Posada dijo al Herald la semana pasada que en su entrevista con el Times él culpó a dirigentes exiliados muertos por haber costeado los ataques, para tratar de desviar la atención de los verdaderos conspiradores.
»Quise hacerle una jugada a The New York Times, pero me salió el tiro por la culata», dijo.
Cuando se le preguntó si negaba haber organizado esos atentados, Posada sacudió la cabeza y respondió: «Dejémoslo a la historia».
»Les diré una cosa, las bombas de los hoteles eran muy pequeñas, su fin era sólo romper ventanas y causar daños menores», dijo.
El italiano muerto »estaba a 40 metros de distancia y una astilla le hirió el cuello», dijo. «Fue mala suerte, pero sólo fue una herida pequeña. Sospecho que los cubanos mataron al italiano, porque no se iba a morir de una herida tan pequeña».
Los oficiales del Departamento de Seguridad Interna (DSI) dicen que no están buscando activamente a Posada porque no hay órdenes de su arresto en EEUU.
Debido a su pasado, Posada y sus partidarios tomaron medidas extraordinarias para introducirlo furtivamente en el país. Desde que llegó, Eduardo Soto, su abogado, ha dicho que su cliente cruzó la frontera mexicana, pero no ha querido dar detalles.
Posada dice que a principios de este año un amigo lo llevó en auto a Belice y de allí a Cancún.
Agrega que cruzó la frontera de Texas en un vehículo con un contrabandista de inmigrantes en Brownsville, y que de ahí ambos fueron a Houston.
Añadió que sus contactos habían acordado retener la mitad del pago que había que darle al contrabandista hasta que no recibieran una foto de Posada en la estación de Greyhound de Houston.
Según él, el viaje tuvo lugar sin incidentes hasta que el autobús llegó a Fort Lauderdale temprano una mañana a fines de marzo.
»Ahora viene la parte cómica», recuerda él. A la 1:30 a.m., solamente quedaban unas pocas personas en el autobús. De repente entraron a éste unos oficiales de inmigración para una inspección de rutina en busca de extranjeros indocumentados. Posada no traía documentos.
Entonces Posada cuenta que uno de los individuos se le acercó, pero él se mantuvo calmado.
‘Un agente me dijo: `Sus documentos, señor’, y le dije: ‘Los dejé en mi casa’. El me dijo: ‘¿Cómo es eso? ¿No sabe que por ley tiene que tenerlos siempre consigo?’ Y le dije: ‘Señor, tengo 80 años, se me olvidan las cosas. Ni siquiera recuerdo adónde voy’ ».
Víctor Colón, un portavoz de los agentes fronterizos federales en el sur de la Florida, dice que halló »difícil comentar» sobre lo que dijo Posada, porque no tenía una fecha específica y no estaba seguro de que los agentes eran de la Patrulla Fronteriza.
El escurridizo Posada dice que escapó de nuevo. El autobús siguió su camino y a las 2:30 a.m. entró a la estación Greyhound cerca del Aeropuerto Internacional de Miami, donde »un contacto» lo recogió. Es un misterio adónde lo llevaron después de su llegada.
En las últimas semanas, Posada dijo que se ha mantenido ocupado leyendo libros sobre dirigentes del exilio cubano y de Confucio, entre otros, y pintando paisajes cubanos, algo que aprendió a hacer en la cárcel de Venezuela.
Ahora, en la ciudad que él denigra por haberse acomodado en el exilio, pero de la que dice que él deriva energía para continuar su lucha, Posada dice que no lamenta nada.
Pero sí admite haber cometido errores, y dice que a »hombres de acción» tales como él ya no se les admira como antes. Agrega que está preparado para que lo detengan cuando tenga que comparecer para su entrevista por solicitud de asilo si es que ese momento llega, y no tiene planes de seguir huyendo.
«Creo que he cometido muchos errores, más que la mayoría de la gente. Pero siempre he creído en la rebelión, en la lucha armada. Creo más y más cada día que triunfaremos en contra de Castro. La victoria será nuestra».

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