Hacker se apoderó de datos de más de 40 millones de tarjetahabientes

WASHINGTON. AP
Un pirata informático logró jaquear los sistemas de seguridad de una subcontratista de las empresas Mastercard Internacional, Visa International y American Express, entre otras, y robó los datos de 40 millones de clientes de estas tarjetas en los Estados Unidos. La noticia fue difundida el viernes por Mastercard, que se vio en la obligación de advertir a sus usuarios y pedir la intervención urgente del FBI. El caso, por la cantidad de «víctimas» involucradas, podría llegar a convertirse en el más grave de la historia dentro del delito de acceso no autorizado a datos personales.
El fraude ocurrió hace casi un mes, pero la noticia no se conoció hasta el viernes pasado, cuando el vocero de Mastercard, Sharon Gamsin, lo anunció en conferencia de prensa. El hombre explicó que el 22 de mayo pasado un hacker violó el sistema informático de Card Systems Solutions, una subcontratista de Mastercard (y de otras tarjetas) ubicada en Atlanta, que procesa operaciones en nombre de comerciantes y de una gran cantidad de bancos emisores de tarjetas de crédito.
La compañía precisó que de las 40 millones de tarjetas perjudicadas, unas 14 millones pertenecen a Mastercard, 22 millones a Visa International y, el resto, a distintas compañías menores. También aclaró que el pirata informático sólo accedió a los números de las tarjetas de crédito y no a datos personales como el número de Seguridad Social o la fecha de nacimiento, información que podría ser utilizada para concretar «robos de identidad», realizar extracciones de dinero y solicitar distintos tipos de crédito.
Aun así, Mastercard solicitó a sus clientes que hagan la denuncia ante sus bancos si notan actividades sospechosas en sus respectivas tarjetas. Y subrayó que la compañía asumirá la responsabilidad si aparecen operaciones que no fueron hechas por los propietarios de las tarjetas.
El hecho es que, hasta ayer, ninguna de las demás compañías afectadas había accedido a entrar en detalles sobre el tema. Mastercard fue la única que reconoció que 14 millones de sus clientes podrían haber quedado expuestos al fraude, y American Express aceptó que «un número reducido de sus usuarios había sido afectado», aunque se negó a dar cifras.
La noticia despertó la alarma entre las asociaciones de defensa del consumidor estadounidenses, que en los últimos meses denunciaron una gran cantidad de problemas de seguridad informática en ese país, y advirtieron que «en Estados Unidos el uso fraudulento de datos individuales es siete veces mayor que en Europa y en Japón».
El portavoz de la Unión de Consumidores de San Francisco, Michael McCauley, calificó de «lamentable la vulnerabilidad de los consumidores ante el fracaso de las compañías a la hora de proteger sus datos confidenciales». Y destacó el acelerado crecimiento de dos problemas que afectan directamente a los usuarios de productos bancarios: la compraventa de información personal y la tendencia a compartir esos datos entre distintas empresas asociadas.
En Estados Unidos, el robo de identidad ocupa el primer puesto en la lista de delitos contra los consumidores, según la Comisión Federal de Comercio. Un delito que les cuesta a las empresas 50.000 millones de dólares y, a los usuarios, 5.000 millones.
Robo de identidad, una epidemia
El robo de identidad se ha convertido en una verdadera plaga asociada a la expansión de la era digital. Según estadísticas de la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos, sólo en ese país los delitos con datos robados de cuentas bancarias y tarjetas de crédito afectaron en los últimos cinco años a 27 millones de personas.
Es más: el mismo organismo sostiene que casi el 5% de los adultos norteamericanos se ve afectado cada año por este delito, cifra que lo instala en niveles de «epidemia», según los funcionarios estadounidenses.
Una investigación anterior, concluida en setiembre de 2003, revelaba que —en todo el año 2002— más de tres millones de estadounidenses habían descubierto que sus nombres habían sido utilizados para abrir cuentas bancarias nuevas, alquilar departamentos o casas, obtener atención médica o conseguir un empleo.
Los especialistas que realizaron el estudio explicaron que, en la forma más común del robo de identidad, el ladrón se ha ce pasar por la víctima para usar una tarjeta o una cuenta bancaria existente. Pero las variantes más perniciosas son otras: la primera, cuando el delincuente se hace emitir tarjetas o cuentas nuevas con el nombre de la víctima (es un fraude difícil de solucionar porque suele permanecer sin detectar por largo tiempo); la segunda, cuando los piratas cibernéticos jaquean las redes y roban claves de acceso y números de tarjetas. La velocidad del delito es tal que cuando los afectados lo descubren suele ser demasiado tarde.

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