Lo humano primero

Durante una feria tecnológica celebrada en Hannover, Alemania, el gigante de la fabricación de chips estadounidense Intel y la empresa alemana de programación SAP anunciaron una “alianza estratégica” para desarrollar alternativas de identificación basadas en el uso de radiofrecuencias, también conocidas como RFID. Los despachos periodísticos indicaron que esta unión de esfuerzos podría modificar por completo los métodos para identificar a las personas.
En México, los ejecutivos están implantándose un chip que contiene la información básica para la identificación de su portador, pero que además envía señales para posibilitar una rápida localización mediante la red de posicionamiento global (GPS) en caso de secuestro. La tecnología, conocida como el VeriChip, comenzó a ser utilizada en el medio agrícola pero pronto ha encontrado un nuevo “nicho” en el mundo de la seguridad.
El fabricante de vehículos Chevrolet lanzó en Latinoamérica un servicio conocido como Chevistar, que combina los adelantos tecnológicos en los “botones de pánico” y en los localizadores automáticos de vehículos (AVL). Otras corporaciones automotrices están siguiendo sus pasos, para ofrecer innovaciones a una clientela que está absteniéndose de adquirir unidades de lujo por temor a ser víctima de la delincuencia.
Predecir el futuro es una tarea complicada en extremo. Pero en el campo de la seguridad todos los avances parecieran referirse de una u otra manera al mundo de las comunicaciones. Las armas se hacen más precisas gracias a la posibilidad de intercambiar data con bases de control o con estaciones móviles, que le permiten ubicar e incluso seguir a su blanco. La noción de “bombardeo quirúrgico”, escuchada durante las campañas militares de Afganistán e Irak, se sustenta precisamente en los avances de las comunicaciones.
El transporte podrá hacerse más seguro gracias a que existe la posibilidad de determinar la ubicación de las unidades en mapas digitales, con un margen de error que no sobrepasa los 20 metros, y que irá bajando con el pasar de los años. Este sistema está sirviendo de base para elaborar complejos mecanismos destinados al control del tránsito. Inicialmente, la idea es supervisar el desempeño de flotas de grandes unidades (camiones y autobuses) con la finalidad de lograr ahorros de combustible. Pero ya se avizora la posibilidad de estructurar “corredores” en las grandes ciudades, que lleven al pasajero sin necesidad de que conduzca su vehículo, asegurándole además que llegará a su destino sin contratiempos.
Estos han sido apenas unos pequeños ejemplos. Podríamos decir que el futuro de la guerra y también el de la paz pasa por las comunicaciones. Alvin Toffler lo vio así hace más de 20 años, con extrema agudeza y algo de optimismo infantil. Pero a pesar de toda la tecnología abrumadora de la que hoy en día se dispone –y que tendremos- para el intercambio de señales auditivas, electrónicas, visuales o una combinación de ellas, no podemos señalar a ciencia cierta que el mundo de mañana será más seguro. De hecho, y a pesar de que cada día estamos más interconectados con el prójimo, la sensación de incertidumbre e inestabilidad es moneda común en nuestras sociedades. Este punto de hecho trasciende a la reflexión sobre la tecnología para entrar en el terreno áspero de la filosofía y la ética. Lo que nos indica además que a pesar de todos los avances en el futuro inmediato la seguridad continuará dependiendo del elemento humano.

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