7 grandes lecciones dejó el huracán Katrina

Ante la crisis desatada por el huracán falló todo lo que era susceptible de fallar.
Desde el presidente George W. Bush y las autoridades locales, estatales y federales, hasta los mismos residentes de Nueva Orleáns, la ciudad más afectada. Desde gobiernos anteriores, que ignoraron las señales, pasando por los constructores y planificadores que permitieron el desarrollo de una zona altamente sensible.
No hubo coordinación
En la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (Fema), encargada de la coordinación, fallaron los sistemas de comunicación que debían mantener conectados a los socorristas con la central en Baton Rouge (Luisiana). En ocasiones, los socorristas llegaban a un lugar y encontraban a otro grupo trabajando.
El Pentágono, que reaccionó el martes, envió cinco barcos desde una de sus bases en Virginia, ¡a cuatro días de viaje! No saben quién dio la orden. La Fuerza Aérea rescató a un millar de personas los primeros dos días. Luego tuvo que suspender sus operativos, pues no encontró más albergues.
Esa descoordinación impidió que se distribuyeran a tiempo toneladas de alimentos y medicinas.
Fallas estructurales
Construida entre el río Mississippi y el lago Pontchartrain, un metro por debajo del nivel del mar, la línea costera de Nueva Orleáns fue degradada por la construcción de puertos y viviendas. Sus defensas eran represas y motobombas, que contenían y sacaban el agua. Pero fueron diseñadas para un huracán de categoría 3, no 4-5.
Desde 1990, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército había pedido fortalecer los mecanismos. En 1996, el Congreso autorizó su financiamiento.
Aún así, los gobiernos de turno nunca lo hicieron. Y Bush, de los 500 millones de dólares que pidió el Cuerpo de Ingenieros para las obras, solo autorizó 166 millones. Muchos dicen que necesitaba los fondos para Irak y Afganistán.
Faltó recurso humano
Pocas horas después del paso del huracán, ya con las represas rotas, era claro que tenían una tragedia que requeriría un esfuerzo masivo, y que ni el personal ni los recursos serían suficientes.
Al parecer, solo el alcalde de Nueva Orleáns, Ray Nagin, era consciente de ello. Sus desesperados pedidos de auxilio no fueron oídos en su justa dimensión y miles de damnificados fueron dejados a su suerte por más de cuatro días.
Solo el viernes arribaron casi 7.000 hombres de la Guardia Nacional a tratar de restaurar el orden, el Congreso aprobó los 10 mil millones dólares para atender la crisis, y la Casa Blanca tomó cartas en el asunto, admitiendo que los resultados eran «inaceptables».
George W. Bush, paralizado
Los huracanes golpean cada año a Estados Unidos. Por lo general, la atención a los damnificados y los operativos de rescate corren por cuenta de los estados, con colaboración limitada del gobierno federal.
Tal vez por eso, el presidente Bush permaneció distante y sin alterar sus vacaciones en su rancho de Texas. Titubeó, dejó en manos de lugartenientes las decisiones difíciles. Solo el viernes apareció por la zona, y tardó casi una semana en despachar a las máximas figuras para que pusieran la cara.
Lo peor fue su actitud fría, confusa, como si no estuviera al tanto. Bush, como cabeza del Gobierno, deberá afrontar las consecuencias, que ya se están viendo.
No estaban preparados
Decir que no existía un plan de emergencia es una falacia. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (Fema), la Alcaldía y la Gobernación de Luisiana tenían en alerta a unos 1.000 hombres de la Guardia Nacional, a la Policía, y al menos 15 helicópteros, provisiones y medicamentos. Pero eran planes para el más benigno de los escenarios.
Inadmisible falla, pues los modelos de computador y simulaciones indicaban con exactitud lo que pasaría si el sistema de represas colapsaba o si el huracán sobrepasaba vientos de 180 km/p.h., como sucedió.
Desacato a orden de evacuar
Desde el domingo, 24 horas antes de que el huracán ‘Katrina’ los golpeara, el alcalde Ray Nagin lo dijo: «Esto es de verdad, verdad. Hay que evacuar la ciudad». Algunos, es cierto, no tenían los medios para hacerlo. Pero buena parte de los 150 mil afectados decidieron quedarse por su propio riesgo. Gran parte de la tragedia se pudo evitar atendiendo la orden.
Seguridad interna
Este Departamento, creado por Bush tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, se supone que es la primera línea de defensa en caso de una tragedia nacional. Pero buena parte de su énfasis se ha puesto en la guerra contra el terrorismo, desatendiendo otras prioridades.
Antes, la Fema era una agencia independiente, con recursos propios y línea directa con el Presidente. Pero al ser parte del Departamento de Seguridad Interna le recortaron sus recursos y su capacidad de acción.
El Departamento de Seguridad, que debió estar preparado para atender la emergencia, falló estruendosamente en su primera prueba.
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

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